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ANTONIO
SALGUERO Y BAS |
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diós,
Antonio, corazón cofrade. A pesar de una fría y oscura tarde de enero de aquel
fatídico 93, tras los negros cristales de nuestras gafas de sol, lloraban
nuestros sentimientos por la pérdida irreparable e irremediable ya, de nuestro
amigo Antonio. Te fuiste pronto, muy pronto.
Católico, apostólico y romano por antonomasia, practicante y coherentemente
cofrade, iniciaba o finalizaba sus tremendas charlas como firme creyente de
Jesucristo, de su Bendita Madre la Santísima Virgen y en todo lo que la
doctrina y sus costumbres le habían enseñado y todo lo que había asimilado en
el catecismo. Asíduo a la celebración de la Santa Misa y fiel convencido de la
liturgia más barroca para su celebración, fue creyente en los dogmas aunque
amante de sus discusiones. Buscaba razones en todo lo que razonablemente era
necesario, pero para creer, no le hizo falta razonar demasiado. Siempre se mostró
a todos como era, con todas sus virtudes y todos sus defectos, pero siempre con
un cierto grado de bondad. Hizo frente al momento de la muerte sin miedo, con
serenidad.
Antonio Salguero nació un día cualquiera de 1966 en la calle San Jacinto, núcleo
central de la feligresía de Nuestra Señora de las Angustias, donde le conocí
en sus tardes de juegos infantiles.
Diplomado en Biblioteconomía por al Universidad de Granada, finalizó su
formación académica en la ciudad hispalense gracias a una beca universitaria.
Etapa que le sirvió para profundizar en las hermandades sevillanas y acrecentar
su doctorado en el mundo de las hermandades y cofradías.
Inició su trayectoria cofrade en la Cofradía Universitaria como costalero del
paso de misterio del Stmo. Cristo de la Sangre. Su incorporación a la faja, le
sirvió para ser captado por la junta de gobierno de la cofradía, donde fue
ocupando diversos cargos de responsabilidad, siendo el primer coordinador de la
revista de régimen interno Guión.
Su pertenencia a la nómina cofrade de Granada se amplía al incorporarse como
hermano a las Hermandades de Jesús Cautivo y María Santísima de la Encarnación,
a la de Jesús Nazareno y María Santísima de la Merced y a la de Jesús
Despojado de sus Vestiduras en cuya junta de gobierno también realizó una
importante labor de hermandad.
A la vez, y durante toda esta labor cofrade en nuestra ciudad, inicia la
reorganización de la antigua Hermandad votiva del Santísimo Cristo de San
Agustín, donde ocupando el cargo oficial de Secretario General fue auténtico
impulsor de la vida activa de la hermandad en los momentos cruciales de poner en
marcha un mecanismo que por su anquilosamiento necesitaba de fuerza y sabia
nueva.
Colaborador de numerosas publicaciones cofrades y de la revista Gólgota que
edita la Real Federación de Cofradías, Realizó artículos documentalistas y
de opinión tan importantes como los que trataban sobre la reorganización de la
Hermandad del Santo Crucifijo de San Agustín y la solemne bendición de Nuestra
Madre y Señora de la Consolación.
Si importante fue la labor realizada por Antonio Salguero en el seno de la
hermandad, no fueron menos importantes sus pequeñas intervenciones en la vecina
ciudad de Sevilla, durante el periodo en el que disfrutó su beca universitaria.
Destacaría de aquella etapa de Antonio, que él gustaba relatarnos, sus contínuas
visitas al taller de Orfebrería Sevillana para seguir e inspeccionar los
trabajos que realizaba para la hermandad.
En el trianero taller de nuestro hermano Antonio J. Dubé de Luque, sus visitas
eran más frecuentes, ya que era donde se había realizado la imagen de Nuestra
Madre y Señora de la Consolación. Y fruto de aquellas visitas, orgulloso nos
contaba, fue su participación y los “gubiazos” que había dado a la madera
en el taller de Antonio Dubé, cuando éste realizaba la réplica de Nuestra Señora
de los Dolores en su tamaño que se encuentra en el interior de la capilla de la
Hermandad Servita y que fue colocada dicha réplica en el lateral izquierdo de
la puerta de la capilla.
Fue hermano de la Hermandad Servita y consiguó que un buen número de amigos y
hermanos del Santísimo Cristo de San Agustín, nos inscribiéramos y fuésemos
recibidos en la citada hermandad sevillana. Nunca olvidaremos la grandiosidad de
la pequeña capilla de la Hermandad Servita cuando se celebró el funeral por el
alma de nuestro hermano y amigo Antonio Salguero. Los priostes servitas habían
dispuesto en un catafalco la imagen del Stmo. Cristo de la Providencia en el
centro de la capilla. Impresionante y digno regalo a su memoria.
Con Antonio Salguero encontramos en la humilde capilla del Santo Ángel, sin
portada mudejar ni altares barrocos, la grandeza de sentirnos como cofrades
parte de la igelsia, entendiendo como tal en su concepto más físico. Vivimos
con el, la restauración interior de la capilla hasta lograr hacer desaparecer
la balaustrada de todos marmóreos que separaba el presbiterio del resto de la
capilla. Pero sobre todo, vivimos con él, aunque él solo las sufriera, las
noches de vela cuando se consiguó abrir una puerta de mayores dimensiones. Su
primer sueño. Cuanta grandeza ha dado Antonio Salguero a los sencillos muros de
nuestra hermosa capilla.
Ya no está con nosotros y el vacío se nos antoja inmeso. Su presencia física
se siente en cada uno de los actos que por primera vez realiza la hermandad.
Pero el dolor intenso de su muerte se nos manifestó enorme, cuando aquella
puerta abrió por primera vez sus hojas y Granada calló en fervro al contemplar
a Cristo Crucificado y la rosa roja a sus pies.
El hombre grande como un roble y fuerte como un niño que nos regaló alegría,
está presente iluminando su recuerdo en nuestro corazón y en el de su
hermandad siempre.
José
Luis Clements Sánchez