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FRANCISCO
DE ASÍS GÓMEZ MONTALVO |
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el cargo de Teniente de Hermano Mayor en la Junta de D. Miguel Ángel Fernández
Medina, asumió la presidencia de la Hermandad en enero de 1998. Hablar de D.
Francisco A. Gómez Montalvo es hacerlo, no sólo de la Hermandad del
Cristo de
San Agustín, sino de la Semana Santa de Granada. Su larga trayectoria cofrade
lo ha elevado a la categoría de figura histórica dentro del mundo de nuestras
hermandades, sólo alcanzada por un reducido número de personalidades,
equiparable a personajes de la talla indiscutible de D. Miguel García Batlle,
D. Santiago Valenzuela o de D. José Gómez Sánchez-Reina, que lo fueron
todo para nuestra Semana Santa.
Y eso ha sido y es D. Francisco, por lo que no podemos acometer estas líneas
sin antes hacer mención de sus reconocidos méritos precedentes. Fundador en
1959 y Hermano Mayor, durante muchos años, de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús
de la Paciencia y María Santísima de las Penas. Presidente de la Real Federación
de Hermandades y Cofradías de Granada, desde 1975 hasta 1983, es decir, en uno
de los momentos más trascendentales de nuestra Semana Santa, la del fin de la
crisis y el despegue hasta las cotas más elevadas, que hoy viven nuestras
Hermandades, y finalmente, Pregonero Oficial de la Semana Santa, en el año 1990
-nuestro primer hermano pregonero-, todo ello, entre multitud de otras
funciones y responsabilidades, e incansable labor en pro de nuestra Semana
Santa, cuyos responsables tuvieron a bien otorgarle el nombramiento de
Presidente de Honor de la Real Federación de Hermandades y Cofradías de
nuestra ciudad, en ese mismo año. Difícilmente puede una Hermandad aspirar a
ser presidida por un cofrade que posea tan amplio bagaje para tan alto cometido.
Siempre a disposición de la Hermandad, como cuando tuvo que hacerse cargo de
las riendas de la misma, en enero de 1998, debido, como se ha mencionado
anteriormente, a la interrupción del mandato de D. Miguel Ángel Fernández
Medina.
Esta situación inesperada la solventó con total eficacia hasta la apertura de
nuevo proceso electoral en junio de ese año.
Rafael López Moya
FRANCISCO GÓMEZ
MONTALVO,
SIEMPRE EN NUESTRO RECUERDO
Hace un mes falleció Francisco de Asís Gómez Montalvo. Hace un mes que pretendo escribir esta semblanza, nacida más del corazón que del conocimiento, pero no he sido capaz hasta ahora. Con Francisco Gómez Montalvo hemos perdido a un cofrade, a un estrecho colaborador y, sobre todo, a un gran amigo. Una muestra más de esas amistades nacidas en el mundo de nuestra Semana y que crean lazos indelebles, donde el afecto, sincero y profundo, es una de las más claras expresiones de la palabra Hermandad. Quienes conocieron a Paco, y fueron muchos en el mundo de nuestra Semana Santa, saben bien lo que digo y han sido también testigos de su extremada caballerosidad. Aún en los últimos meses, en que nuestro trato fue esencialmente telefónico, nunca olvidaba preguntar por la familia, por mi esposa o por mis padres, que también compartían su sincero afecto.

En cierta ocasión formuló en voz alta esta reflexión: “Soñamos una Hermandad en
la que todos encuentren una puerta abierta, una mano amiga, una palabra amable,
una sonrisa limpia, un lugar donde apagar sus tristezas”. Ahora me he dado
cuenta de que él mismo pudo cumplir ese sueño y convertirse en puerta, mano,
palabra y sonrisa. Este es su principal magisterio y, por supuesto, el del
compromiso sin reservas con el mundo de la Semana Santa granadina.
Pero ahora es el momento de rescatar de la memoria algunos datos de su vida,
esos que evidencian que no nos encontramos ante una de las personalidades más
destacadas, sino la que más, del ámbito cofrade granadino en las últimas
décadas.
La Cofradía de Paciencia y Penas: una pasión
Cuando yo le conocí, él ya llevaba toda
una vida en el mundo de la Semana Santa, hundiendo sus orígenes en las cofradías
del Realejo, como lo muestra la tradición familiar en torno a la Cofradía del
Señor de la Humildad; aunque él perteneció a muchas más. Para mí Paco –entonces
D. Francisco- era el alma de la Hermandad de Jesús de la Paciencia y María Stma.
de las Penas. Como tantos otros que le conocieron, yo también sé hasta qué punto
llevaba en el corazón estas dos advocaciones y de qué manera las veneraba. Fue
testigo de excepción de aquellas primeras salidas procesionales desde la
Imperial Iglesia de San Matías, rodeando la iglesia, porque el acceso por la
escalinata se consideraba imposible o tal vez lo reservaba el destino para los
hermanos costaleros.
Corría el año 1985 y llegaba mi primera colaboración en una revista cofrade,
cómo no, de la mano de Eduardo García Román, en “Paciencia y Penas”. Hacia ya
años –desde 1963- que Gómez Montalvo presidía esta cofradía del Miércoles Santo,
en cuya fundación había participado allá en el año 1959. Precisamente la
creación de ese boletín (pronto auténtica y sólida revista) corresponde a su
mandato. Él mismo saludaba su nacimiento con palabras novedosas, pretendiendo
–el tiempo ha confirmado su visión de la realidad cofrade- que en ella ocupe “un
lugar importantísimo la formación de nuestra juventud cofrade”.
Llama la atención el ascenso tan notable de esta Hermandad desde su fundación,
hasta el punto de que, en mitad de la crisis que atenazaba a nuestras cofradías
al mediar los 70, tuvo el honor de ofrecer un Presidente a la Federación de
Cofradías –ya había sido Vicesecretario en 1971 con Francisco Cifuentes-,
encargado de sortear, y lo hizo con brillantez, los obstáculos del momento. Como
ha destacado Antonio Padial, al alcanzar la presidencia era el Hermano Mayor de
la cofradía más recientemente federada.
Gómez Montalvo era consciente de los pasos dados por su Hermandad en numerosos
ámbitos en los que puede considerarse pionera. Así los enumeraba en un discurso
del año 1985: “nuestro Pregón, nuestro Vía Crucis, nuestro juramento
concepcionista en la Función Principal, nuestra asistencia a las procesiones del
Corpus y de la Virgen de las Angustias, nuestra Bolsa de Caridad con repartos de
juguetes a los niños del Barrio y obsequios a los acogidos en Jesús Abandonado”.
Preocupación por el culto, la cultura y la caridad –no tan asentadas por
entonces- ya brillaban a gran altura en esta cofradía. Abierta a la sociedad, se
reforzaron las relaciones institucionales de la corporación con el Ayuntamiento,
con la Diputación, con los Alféreces Provisionales… Fueron tiempos de trabajo
intenso, a veces en solitario; pero también de grandes compensaciones. Poco a
poco logró reunir un nutrido grupo de colaboradores y alimentar su espíritu
cofrade. Tiempos de cultos en San Matías, a la sombra de la Madre de las Penas,
de reuniones en el Hospital de San Juan de Dios, junto a la Paciencia de Jesús.
Un corazón dividido en lugares, pero firme en el progreso de la Hermandad.
Sin afán de exhaustividad, baste recordar el papel protagonista de la Hermandad
de Paciencia y Penas en la introducción de los hermanos costaleros en Granada
(allá por 1978), la importancia de su Casa de Hermandad (siempre la tuvo,
incluso en un local del barrio de San Antón, pero modélica fue la vida
desarrollada en la inaugurada en 1985 en la calle Coches de San Matías nº. 7) y
el acierto en rescatar, por vía de fusión, la antigua Hermandad Sacramental de
la Parroquia (corría el año 1980), senda fecunda que luego siguieron otras
cofradías penitenciales de nuestra ciudad. El pregón de esta Hermandad del
Miércoles Santo se celebra desde 1980 y su emblemática revista “Paciencia y
Penas” vio la luz por vez primera en 1983. Para tantos jóvenes cofrades que
despertábamos con avidez al mundo de la Semana Santa, aquella hermandad era un
referente y la figura de Gómez Montalvo uno de los símbolos inequívocos de la
pervivencia de nuestra Semana Santa.
Huelga mencionar el notable incremento patrimonial que conoció esta hermandad en
los casi veinticinco años de mandato de Gómez Montalvo. En otoño de 1987
abandonaba la máxima responsabilidad en su Hermandad, pero siempre su corazón
permaneció junto a las Penas de Nuestra Señora, la Virgen María. Era la vivencia
de toda una trayectoria cofrade, creciendo y desarrollándose a la par que su
labor profesional como abogado y que su vida familiar, en torno a Pilar y a sus
hijos Macarena y Curro. Con el tiempo, llegó a ocupar el rango de decano, al
encabezar la nómina de sus hermanos.
Al servicio de la Semana Santa de Granada
El 20 de junio de 1975 Francisco Gómez
Montalvo se convertía en Presidente de la Federación de Cofradías de Semana
Santa de Granada. Toda su capacidad de trabajo y todo su compromiso cofrade se
puso entonces al servicio de la Semana Santa de Granada. El mérito principal de
su mandato fue, sin duda, evitar que la Semana Santa procesional se perdiera,
como todo parecía indicar, en medio de la crisis económica y de la mutilada
Semana Santa de 1975. Asumía, en palabras de Manuel Ocón, “la difícil tarea de
reflotar un barco que, prácticamente, estaba hundido”. Años duros para
este “timonel”, desde aquella sede de la calle del Ángel, adquirida por las
cofradías granadinas en 1967. Años duros, pero reconfortantes. Uno tras otro,
hasta el final de su presidencia federativa, en 1983, Gómez Montalvo fue
reelegido cada año, con un consenso general que es la mejor garantía de la
bondad y acierto de su gestión.
Se rodeó de estrechos colaboradores, algunos de los cuales compartieron también
con él, su devoción al Cristo de San Agustín, como Luis Recuerda (vicesecretario
de la Federación), o lo siguen haciendo en la actualidad, como Juan Cobo
(vicepresidente). También pertenecieron a sus juntas de gobierno posteriores
presidentes de la Federación, como Miguel López Escribano y Antonio Medina Píñar,
así como la ingente personalidad de Antonio Olivares, secretario durante años
del ente federativo. Una profunda remodelación dotó a la Federación de diversas
comisiones en 1981, expresión de la vitalidad de los nuevos tiempos, como las de
Patrimonio, Cultos, Actos Culturales, Obras Sociales, Relaciones con la
Juventud, etc. Se iniciaron, por otra parte, contactos y encuentros con otros
organismos cofrades de Andalucía. Dignificó así las tareas y la imagen de la
Federación, a la vez que, con caballerosidad, se preocupó de reconocer los
desvelos de presidentes anteriores, concediendo la medalla de oro de la
Federación a Luis González, Francisco Cifuentes y José Gómez Sánchez-Reina.
Desde el principio Gómez Montalvo derrochó toda su ilusión. Rememorar la
historia de las publicaciones cofrades lleva sin duda a detenernos en la revista
oficial “Semana Santa Granada’ 76”, una joya del coleccionismo hoy, que muestra
la apuesta decidida de Gómez Montalvo por este género de publicaciones. Algo
presagiaba que la Semana Santa de Granada empezaba a cambiar a mejor y, en el
horizonte, el deseo de realizar estación penitencial en la Santa Iglesia
Catedral, a la que se dirigía el itinerario oficial de las cofradías granadinas
desde 1977. Mucho quedaba por hacer, sobre todo desde el punto de vista
institucional y eclesiástico, y mucho se avanzó en la firmeza a la hora de
recabar las necesarias ayudas de organismos públicos y de fortalecer el espíritu
eclesial de las Hermandades, de forma especial tras la llegada a Granada del
Arzobispo D. José Méndez Asensio (1978).
Fueron tiempos de crecimiento. Durante su presidencia se añadieron a la nómina
federativa las cofradías de la Concepción, Estrella, Meditación, Nazareno y
Encarnación, y se asistió a la recuperación de las cofradías de la Expiración y
Ferroviarios, así como a la reorganización del Sto. Sepulcro y la vuelta a las
calles de Granada del popular cortejo infantil de los Facundillos. Los hermanos
costaleros pasaron a ser una realidad y no sólo una esperanza, se inició el rezo
del vía crucis, por las cofradías granadinas en el interior de la Catedral,
aunque más tarde perdió su continuidad, se acentuaron las obras de caridad, se
intentó una y otra vez el citado tránsito de las cofradías por el interior de la
Catedral –la Aurora lo hizo a título de prueba en 1979-, se añadió la jornada
procesional del Sábado Santo (1977), se instauraron las charlas cuaresmales para
las cofradías y se potenciaron actos federativos tales como la Misa de Difuntos,
la Vigilia de la Inmaculada y la participación en los cultos en honor a Ntra.
Sra. de las Angustias, etc. Tiempo de pregones y de casas de hermandad, de
resurgir en todos los sentidos. López Murcia, Arcadio Ortega, Gómez
Sánchez-Reina o Antonio Gallego fueron algunos de los pregoneros de nuestra
Semana Santa en aquella etapa, mientras que en la cartelería oficial destaca la
espléndida acuarela de Ortuño (1979) y la recuperación del concurso fotográfico.
Le cupo la suerte, en fin, de servir de anfitrión al Presidente del Gobierno, D.
Leopoldo Calvo Sotelo, en su presencia en la Semana Santa de Granada de 1982, y
de participar activamente en los preparativos de la visita de Juan Pablo II a
nuestra ciudad ese mismo año.
Aunque elegido varias veces para continuar como Presidente tras la Semana Santa
de 1983, Gómez Montalvo declinó aceptar y el 19 de junio de 1983 le sucedía en
el cargo Miguel López Escribano.
“Atraeré las miradas hacia mí”
¿Qué tiene esa bendita cruz de plata
para atraer nuestras miradas? ¿Qué tiene ese Bendito Crucificado para
convocarnos en Hermandad? También Paco se sintió cautivado por el Sagrado
Protector de Granada. No sé… Tal vez fue la fidelidad al arte y a la historia,
tal vez el compromiso con nuestras tradiciones. Seguro que también esa
irresistible inquietud cofrade que nos empuja de una forma que sólo los cofrades
sabemos entender y difícilmente explicar, esa manera de comprender y vivir el
mensaje de Jesús en clave cofrade. También a él el Cristo de San Agustín le tocó
el corazón.
En 1989, conocida la noticia de la designación de Francisco Gómez Montalvo como
Pregonero Oficial de la Semana Santa de Granada de1990, le giró una cálida
felicitación nuestra Hermandad. Transcurrido poco más de un año, solicitaba
ingresar en nuestra Corporación; corría enero de 1991. Contaba entre nosotros
con un fabuloso introductor, su sobrino Juan García Montero, que precisamente
dio sus primeros pasos cofrades de la mano de su tío Paco. Consiliario de
nuestra Hermandad desde el mes de octubre de ese año, Gómez Montalvo participó
activamente en el proceso de ingreso en la Federación de Cofradías, documentando
su historia y su relación con el ente federativo en el año de 1953. Había sido
comisionado para esta misión en mayo de 1992. Lo hizo con empeño y entrega,
convertido en Consiliario Primero en junio de ese año. El mismo empeño mostró en
esfuerzos comunes como fue el de costear el paso del Cristo de San Agustín.
Otro importante servicio prestado a la Hermandad fue el de buscar una sede digna
y capaz para nuestras actividades. El alquiler de la Casa de Hermandad en la
calle Nueva de San Antón se hizo realidad gracias a sus gestiones, iniciadas en
el otoño de 1996. Su implicación en la Hermandad del Stmo. Cristo de San Agustín
fue in crescendo, hasta el punto de aceptar el cargo de Teniente de
Hermano Mayor en enero de 1997, cuando ocupó la presidencia de la Hermandad D.
Miguel Ángel Fernández Medina. De hecho, los hermanos lo reconocemos en la
nómina de nuestros Hermanos Mayores, pues, un año más tarde, en enero de 1998,
se encargó de presidir efectivamente la Hermandad. Así rigió los destinos de la
Corporación por espacio de unos nueve meses, hasta la convocatoria de elecciones
y la confirmación de D. Pedro Castón como Hermano Mayor, que contó con él
durante todo su mandato en el cargo de Consiliario. Entre las vivencias
compartidas, se me hace inolvidable la vivida en Roma el 18 de junio de 2000,
cuando el mundo de nuestra Semana Santa se hizo romano, vibrando en torno al
paso de palio de María Stma. del Mayor Dolor, allí en el corazón mismo del
Vaticano y en presencia del Santo Padre. Allí estuvo también nuestra Hermandad,
y con ella Gómez Montalvo.
Bien conocida es, por tanto, su generosa implicación en los asuntos de la
Hermandad, sus consejos, sus propuestas para predicadores del Triduo y del
Quinario, su esfuerzo en la ampliación de la nómina de Hermanos. La enfermedad
le sorprendió en el transcurso de ese mandato, pero nunca le faltaron fuerzas ni
ganas para acordarse de la Hermandad. De la Hermandad y de la Comunidad de
Religiosas del Sto. Ángel Custodio, a la que tenía presente en sus continuas
atenciones y en cuantas gestiones ellas han precisado. Consejero para muchos y
hasta casi un “padre” para algunos, que así me lo han confesado.
De hecho, él ha sido, el “alma mater” del proyecto de construcción de la nueva
Casa de Hermandad, una vez que la Hermandad, gracias a las gestiones de D.
Miguel Ángel Fernández Medina, consiguió el ofrecimiento de la comunidad de
religiosas del Sto. Ángel Custodio de las dependencias contiguas al convento.
Una ilusión que renacía en su ánimo cada día. Con qué minuciosidad estudió y
preparó los documentos, con qué imaginación propuso la ordenación de los
espacios para su mejor distribución, con qué paciencia se ocupó de revisar
presupuestos y de realizar las gestiones pertinentes. En el presente mandato,
Gómez Montalvo mantuvo su condición de Consiliario –todos los Hermanos Mayores
que ha tenido nuestra Hermandad desde su revitalización han contado con él en
sus juntas de gobierno- y, aunque su estado de salud le ha impedido asistir con
regularidad a juntas y cabildos, el proyecto de la Casa de Hermandad ha sido su
ilusión permanente, su último servicio, que todos debemos agradecer. Algún día,
seguro que pronto, una placa en la Casa de Hermandad ha de reconocer su entrega
y generosidad.
Pregón para la Semana Santa de Granada
Como en todo lo concerniente a la Semana
Santa de Granada, también en el Pregón Oficial de nuestra Semana Santa puso un
afán prodigioso. Se le encargó para el año 1990, presidiendo la Federación de
Cofradías D. Antonio Medina Píñar. A Nuestra Señora de las Angustias –“¡Va por
ti, Señora!”- dedicó el pregón de aquel memorable 4 de marzo. En aquella ocasión
lo presentó el Concejal de Relaciones Institucionales del Ayuntamiento de
Granada, D. José Miguel Castillo Higueras –baste decir que durante su mandato
federativo Gómez Montalvo había establecido unas inmejorables relaciones con la
institución municipal-, y el escenario del Teatro Isabel la Católica había sido
delicadamente decorado por Antonio Pimentel, Manuel Armillas y Rafael Piquero,
con una esbelta cruz con sudario, flanqueada por sendos candelabros de cola. D.
Fernando Sebastián, arzobispo coadjutor de Granada, presidió el acto, que
amenizó la Banda Municipal, bajo la dirección de Sánchez Ruzafa.
Como no podía ser otra forma, su sentido de la amistad y el compromiso cofrade
le llevaron a recorrer, con nombres y apellidos, esa pléyade de cofrades a los
que tanto debe nuestra Semana Santa, emotivo recorrido, en forma de celestial
procesión, que atestigua su profundo conocimiento del mundo cofrade y sobre todo
su apuesta permanente por las personas, sin las que nada sería posible. Tal fue
la ilusión de este encargo y la seriedad con que lo tomó, que en alguna ocasión
me confesó haber dedicado alrededor de trescientas horas a su elaboración. No
menos merecía la Semana Santa de Granada, a la que había dedicado su vida. Por
eso, de una forma selecta y pormenorizada recorrió todos y cada uno de nuestros
pasos procesionales, relacionándolos con las palabras evangélicas que a ellos se
refieren.
Sus firmes convicciones cofrades quedaron una vez más de manifiesto:
“Demostramos nuestra especial condición de cristianos echando nuestros pasos a
la calle, al ceñirnos nuestro hábito penitencial. Tenemos una propia y singular
manera de entender y celebrar el beneficio de las verdades recibidas, y no hay
en una sola de las infinitas maneras de conmemorar el sacrificio del Señor, nada
que roce ni desvirtúe la fidelidad al divino legado que a todos se nos hizo”.
Gómez Montalvo pidió en aquella ocasión, públicamente, la realización de la
Estación de Penitencia de nuestras cofradías en el interior de la Santa Iglesia
Catedral; vería cumplido su sueño una década más tarde. Pero no se quedó ahí,
pidió a Dios y a María por los cofrades y por los consiliarios, por los frutos
del Sínodo Diocesano, por el cumplimiento de las directrices emanadas de los
documentos de los Obispos del Sur de España y por el pleno sentido de nuestras
Hermandades. Así completaba un pregón que terminó con una alabanza a la Virgen
de las Penas y una rotunda afirmación de continuidad, a modo de un “ahí queó”:
“¡La noche seguirá oliendo a incienso y a devoción! Y el cáliz del amor se
llenará de Granada”.
Su pregón ha sido una inspiración permanente para muchos. Yo no dudé en
dedicarle un pregón, el de la Semana Santa de Granada de 2002, a la persona de
quien recibí sabios consejos y un estímulo permanente, a pesar de que ya la
enfermedad había hecho acto de presencia: "especialmente a Francisco Gómez
Montalvo, en la alegría de verle aquí, escuchándolo". A su pregón de 1990 le
siguieron otros pregones, preparándolos siempre con tanta ilusión como
meticulosidad, sin dejar nada al azar.
Muchos han sido también los reconocimientos recibidos por Francisco Gómez
Montalvo, aunque sin duda esta designación de pregonero oficial, por el honor
que supone, es la que le hizo mayor ilusión. Y es que, mejor que nadie, Gómez
Montalvo podía hablar con propiedad de un ámbito que fue realmente el suyo
durante décadas. La Federación de Cofradías le concedió su Medalla de Oro en
1984, nombrándole en el mismo año 1990 Presidente Honorario. Estaba en posesión
de prácticamente todas las distinciones cofrades existentes en nuestra ciudad.
En la última, el Premio de Semana Santa "Domingo Sánchez Mesa", concedido a su
impecable trayectoria cofrade por la Junta Municipal de Distrito Centro de
nuestra ciudad, pude acompañarle. Era el pasado día 1 de abril. Fue toda una
suerte y un honor.
* * *
Valorar la gestión de un personaje
público en nuestra Semana Santa es siempre difícil, pero no en el caso de Gómez
Montalvo. Para no ser tildado de parcialidad, prefiero hacer mío el juicio de
Jorge de la Chica: “La figura de Francisco Gómez Montalvo como Presidente de la
Federación será siempre recordada como la de un caballero en el más amplio
sentido de la palabra, de modales refinados, exquisito en el trato, un
relaciones públicas y amplio prestigio social. Es además un erudito y estudioso
del mundo cofrade”.
Nuestras charlas en la Tribuna Oficial eran asiduas cada año. Nunca faltó a la
cita de la Plaza del Carmen, ni siquiera en la pasada Semana Santa de 2005,
cuando los achaques habían mermado ostensiblemente sus fuerzas. Hablábamos con
frecuencia y nos veíamos de vez en cuando; la nueva Casa de Hermandad era un
reto compartido. “Tengo una cosa para ti”, me dijo unos días antes de Semana
Santa. Pasé a verle y me regaló el libro de Manuel Ocón, ¡qué bien conocía mi
pasión por la historia de la Semana Santa! Pero han sido tantos regalos, porque
así cabe calificar cada uno de sus consejos, cada una de sus siempre amenas
conversaciones. Aún tuve ocasión de visitarlo varias veces en el Hospital, tan
sólo unos días antes del fatal desenlace y nunca perdió ocasión para hablarme de
la Hermandad y de esos proyectos compartidos.
Llego al final de estas líneas, que escribo con dolor y con emoción, pero con no
menos esperanza y sincera gratitud. Sólo nos cabe dar gracias a Dios por el
inmenso don que nos entregó en la persona de Paco. Sus familiares, amigos y
cofrades saben de la auténtica dimensión de ese regalo. A los setenta años de
edad nos ha dejado Francisco Gómez Montalvo, su magisterio, su actividad y su
recuerdo permanecerán siempre con nosotros. Descanse en paz este Cofrade
Ejemplar de Granada.
Miguel Luis López-Guadalupe Muñoz
Granada, 26 de junio de 2005