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FRANCISCO DE ASÍS GÓMEZ MONTALVO
HERMANO MAYOR (1998)

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cupando el cargo de Teniente de Hermano Mayor en la Junta de D. Miguel Ángel Fernández Medina, asumió la presidencia de la Hermandad en enero de 1998. Hablar de D. Francisco A. Gómez Montalvo es hacerlo, no sólo de la Hermandad del Cristo de San Agustín, sino de la Semana Santa de Granada. Su larga trayectoria cofrade lo ha elevado a la categoría de figura histórica dentro del mundo de nuestras hermandades, sólo alcanzada por un reducido número de personalidades, equiparable a personajes de la talla indiscutible de D. Miguel García Batlle, D. Santiago Valenzuela o de D. José Gómez Sánchez-Reina, que lo fueron todo para nuestra Semana Santa.
Y eso ha sido y es D. Francisco, por lo que no podemos acometer estas líneas sin antes hacer mención de sus reconocidos méritos precedentes. Fundador en 1959 y Hermano Mayor, durante muchos años, de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Paciencia y María Santísima de las Penas. Presidente de la Real Federación de Hermandades y Cofradías de Granada, desde 1975 hasta 1983, es decir, en uno de los momentos más trascendentales de nuestra Semana Santa, la del fin de la crisis y el despegue hasta las cotas más elevadas, que hoy viven nuestras Hermandades, y finalmente, Pregonero Oficial de la Semana Santa, en el año 1990 -nuestro primer hermano pregonero-, todo ello, entre multitud de otras funciones y responsabilidades, e incansable labor en pro de nuestra Semana Santa, cuyos responsables tuvieron a bien otorgarle el nombramiento de Presidente de Honor de la Real Federación de Hermandades y Cofradías de nuestra ciudad, en ese mismo año. Difícilmente puede una Hermandad aspirar a ser presidida por un cofrade que posea tan amplio bagaje para tan alto cometido. Siempre a disposición de la Hermandad, como cuando tuvo que hacerse cargo de las riendas de la misma, en enero de 1998, debido, como se ha mencionado anteriormente, a la interrupción del mandato de D. Miguel Ángel Fernández Medina.
Esta situación inesperada la solventó con total eficacia hasta la apertura de nuevo proceso electoral en junio de ese año.

Rafael López Moya

 

 

 

FRANCISCO GÓMEZ MONTALVO,
SIEMPRE EN NUESTRO RECUERDO

Hace un mes falleció Francisco de Asís Gómez Montalvo. Hace un mes que pretendo escribir esta semblanza, nacida más del corazón que del conocimiento, pero no he sido capaz hasta ahora. Con Francisco Gómez Montalvo hemos perdido a un cofrade, a un estrecho colaborador y, sobre todo, a un gran amigo. Una muestra más de esas amistades nacidas en el mundo de nuestra Semana y que crean lazos indelebles, donde el afecto, sincero y profundo, es una de las más claras expresiones de la palabra Hermandad. Quienes conocieron a Paco, y fueron muchos en el mundo de nuestra Semana Santa, saben bien lo que digo y han sido también testigos de su extremada caballerosidad. Aún en los últimos meses, en que nuestro trato fue esencialmente telefónico, nunca olvidaba preguntar por la familia, por mi esposa o por mis padres, que también compartían su sincero afecto.

En cierta ocasión formuló en voz alta esta reflexión: “Soñamos una Hermandad en la que todos encuentren una puerta abierta, una mano amiga, una palabra amable, una sonrisa limpia, un lugar donde apagar sus tristezas”. Ahora me he dado cuenta de que él mismo pudo cumplir ese sueño y convertirse en puerta, mano, palabra y sonrisa. Este es su principal magisterio y, por supuesto, el del compromiso sin reservas con el mundo de la Semana Santa granadina.
Pero ahora es el momento de rescatar de la memoria algunos datos de su vida, esos que evidencian que no nos encontramos ante una de las personalidades más destacadas, sino la que más, del ámbito cofrade granadino en las últimas décadas.

La Cofradía de Paciencia y Penas: una pasión

Cuando yo le conocí, él ya llevaba toda una vida en el mundo de la Semana Santa, hundiendo sus orígenes en las cofradías del Realejo, como lo muestra la tradición familiar en torno a la Cofradía del Señor de la Humildad; aunque él perteneció a muchas más. Para mí Paco –entonces D. Francisco- era el alma de la Hermandad de Jesús de la Paciencia y María Stma. de las Penas. Como tantos otros que le conocieron, yo también sé hasta qué punto llevaba en el corazón estas dos advocaciones y de qué manera las veneraba. Fue testigo de excepción de aquellas primeras salidas procesionales desde la Imperial Iglesia de San Matías, rodeando la iglesia, porque el acceso por la escalinata se consideraba imposible o tal vez lo reservaba el destino para los hermanos costaleros.
Corría el año 1985 y llegaba mi primera colaboración en una revista cofrade, cómo no, de la mano de Eduardo García Román, en “Paciencia y Penas”. Hacia ya años –desde 1963- que Gómez Montalvo presidía esta cofradía del Miércoles Santo, en cuya fundación había participado allá en el año 1959. Precisamente la creación de ese boletín (pronto auténtica y sólida revista) corresponde a su mandato. Él mismo saludaba su nacimiento con palabras novedosas, pretendiendo –el tiempo ha confirmado su visión de la realidad cofrade- que en ella ocupe “un lugar importantísimo la formación de nuestra juventud cofrade”.
Llama la atención el ascenso tan notable de esta Hermandad desde su fundación, hasta el punto de que, en mitad de la crisis que atenazaba a nuestras cofradías al mediar los 70, tuvo el honor de ofrecer un Presidente a la Federación de Cofradías –ya había sido Vicesecretario en 1971 con Francisco Cifuentes-, encargado de sortear, y lo hizo con brillantez, los obstáculos del momento. Como ha destacado Antonio Padial, al alcanzar la presidencia era el Hermano Mayor de la cofradía más recientemente federada.
Gómez Montalvo era consciente de los pasos dados por su Hermandad en numerosos ámbitos en los que puede considerarse pionera. Así los enumeraba en un discurso del año 1985: “nuestro Pregón, nuestro Vía Crucis, nuestro juramento concepcionista en la Función Principal, nuestra asistencia a las procesiones del Corpus y de la Virgen de las Angustias, nuestra Bolsa de Caridad con repartos de juguetes a los niños del Barrio y obsequios a los acogidos en Jesús Abandonado”. Preocupación por el culto, la cultura y la caridad –no tan asentadas por entonces- ya brillaban a gran altura en esta cofradía. Abierta a la sociedad, se reforzaron las relaciones institucionales de la corporación con el Ayuntamiento, con la Diputación, con los Alféreces Provisionales… Fueron tiempos de trabajo intenso, a veces en solitario; pero también de grandes compensaciones. Poco a poco logró reunir un nutrido grupo de colaboradores y alimentar su espíritu cofrade. Tiempos de cultos en San Matías, a la sombra de la Madre de las Penas, de reuniones en el Hospital de San Juan de Dios, junto a la Paciencia de Jesús. Un corazón dividido en lugares, pero firme en el progreso de la Hermandad.
Sin afán de exhaustividad, baste recordar el papel protagonista de la Hermandad de Paciencia y Penas en la introducción de los hermanos costaleros en Granada (allá por 1978), la importancia de su Casa de Hermandad (siempre la tuvo, incluso en un local del barrio de San Antón, pero modélica fue la vida desarrollada en la inaugurada en 1985 en la calle Coches de San Matías nº. 7) y el acierto en rescatar, por vía de fusión, la antigua Hermandad Sacramental de la Parroquia (corría el año 1980), senda fecunda que luego siguieron otras cofradías penitenciales de nuestra ciudad. El pregón de esta Hermandad del Miércoles Santo se celebra desde 1980 y su emblemática revista “Paciencia y Penas” vio la luz por vez primera en 1983. Para tantos jóvenes cofrades que despertábamos con avidez al mundo de la Semana Santa, aquella hermandad era un referente y la figura de Gómez Montalvo uno de los símbolos inequívocos de la pervivencia de nuestra Semana Santa.
Huelga mencionar el notable incremento patrimonial que conoció esta hermandad en los casi veinticinco años de mandato de Gómez Montalvo. En otoño de 1987 abandonaba la máxima responsabilidad en su Hermandad, pero siempre su corazón permaneció junto a las Penas de Nuestra Señora, la Virgen María. Era la vivencia de toda una trayectoria cofrade, creciendo y desarrollándose a la par que su labor profesional como abogado y que su vida familiar, en torno a Pilar y a sus hijos Macarena y Curro. Con el tiempo, llegó a ocupar el rango de decano, al encabezar la nómina de sus hermanos.

Al servicio de la Semana Santa de Granada

El 20 de junio de 1975 Francisco Gómez Montalvo se convertía en Presidente de la Federación de Cofradías de Semana Santa de Granada. Toda su capacidad de trabajo y todo su compromiso cofrade se puso entonces al servicio de la Semana Santa de Granada. El mérito principal de su mandato fue, sin duda, evitar que la Semana Santa procesional se perdiera, como todo parecía indicar, en medio de la crisis económica y de la mutilada Semana Santa de 1975. Asumía, en palabras de Manuel Ocón, “la difícil tarea de reflotar un barco que, prácticamente, estaba hundido”. Años duros para este “timonel”, desde aquella sede de la calle del Ángel, adquirida por las cofradías granadinas en 1967. Años duros, pero reconfortantes. Uno tras otro, hasta el final de su presidencia federativa, en 1983, Gómez Montalvo fue reelegido cada año, con un consenso general que es la mejor garantía de la bondad y acierto de su gestión.
Se rodeó de estrechos colaboradores, algunos de los cuales compartieron también con él, su devoción al Cristo de San Agustín, como Luis Recuerda (vicesecretario de la Federación), o lo siguen haciendo en la actualidad, como Juan Cobo (vicepresidente). También pertenecieron a sus juntas de gobierno posteriores presidentes de la Federación, como Miguel López Escribano y Antonio Medina Píñar, así como la ingente personalidad de Antonio Olivares, secretario durante años del ente federativo. Una profunda remodelación dotó a la Federación de diversas comisiones en 1981, expresión de la vitalidad de los nuevos tiempos, como las de Patrimonio, Cultos, Actos Culturales, Obras Sociales, Relaciones con la Juventud, etc. Se iniciaron, por otra parte, contactos y encuentros con otros organismos cofrades de Andalucía. Dignificó así las tareas y la imagen de la Federación, a la vez que, con caballerosidad, se preocupó de reconocer los desvelos de presidentes anteriores, concediendo la medalla de oro de la Federación a Luis González, Francisco Cifuentes y José Gómez Sánchez-Reina.
Desde el principio Gómez Montalvo derrochó toda su ilusión. Rememorar la historia de las publicaciones cofrades lleva sin duda a detenernos en la revista oficial “Semana Santa Granada’ 76”, una joya del coleccionismo hoy, que muestra la apuesta decidida de Gómez Montalvo por este género de publicaciones. Algo presagiaba que la Semana Santa de Granada empezaba a cambiar a mejor y, en el horizonte, el deseo de realizar estación penitencial en la Santa Iglesia Catedral, a la que se dirigía el itinerario oficial de las cofradías granadinas desde 1977. Mucho quedaba por hacer, sobre todo desde el punto de vista institucional y eclesiástico, y mucho se avanzó en la firmeza a la hora de recabar las necesarias ayudas de organismos públicos y de fortalecer el espíritu eclesial de las Hermandades, de forma especial tras la llegada a Granada del Arzobispo D. José Méndez Asensio (1978).
Fueron tiempos de crecimiento. Durante su presidencia se añadieron a la nómina federativa las cofradías de la Concepción, Estrella, Meditación, Nazareno y Encarnación, y se asistió a la recuperación de las cofradías de la Expiración y Ferroviarios, así como a la reorganización del Sto. Sepulcro y la vuelta a las calles de Granada del popular cortejo infantil de los Facundillos. Los hermanos costaleros pasaron a ser una realidad y no sólo una esperanza, se inició el rezo del vía crucis, por las cofradías granadinas en el interior de la Catedral, aunque más tarde perdió su continuidad, se acentuaron las obras de caridad, se intentó una y otra vez el citado tránsito de las cofradías por el interior de la Catedral –la Aurora lo hizo a título de prueba en 1979-, se añadió la jornada procesional del Sábado Santo (1977), se instauraron las charlas cuaresmales para las cofradías y se potenciaron actos federativos tales como la Misa de Difuntos, la Vigilia de la Inmaculada y la participación en los cultos en honor a Ntra. Sra. de las Angustias, etc. Tiempo de pregones y de casas de hermandad, de resurgir en todos los sentidos. López Murcia, Arcadio Ortega, Gómez Sánchez-Reina o Antonio Gallego fueron algunos de los pregoneros de nuestra Semana Santa en aquella etapa, mientras que en la cartelería oficial destaca la espléndida acuarela de Ortuño (1979) y la recuperación del concurso fotográfico. Le cupo la suerte, en fin, de servir de anfitrión al Presidente del Gobierno, D. Leopoldo Calvo Sotelo, en su presencia en la Semana Santa de Granada de 1982, y de participar activamente en los preparativos de la visita de Juan Pablo II a nuestra ciudad ese mismo año.
Aunque elegido varias veces para continuar como Presidente tras la Semana Santa de 1983, Gómez Montalvo declinó aceptar y el 19 de junio de 1983 le sucedía en el cargo Miguel López Escribano.

“Atraeré las miradas hacia mí”

¿Qué tiene esa bendita cruz de plata para atraer nuestras miradas? ¿Qué tiene ese Bendito Crucificado para convocarnos en Hermandad? También Paco se sintió cautivado por el Sagrado Protector de Granada. No sé… Tal vez fue la fidelidad al arte y a la historia, tal vez el compromiso con nuestras tradiciones. Seguro que también esa irresistible inquietud cofrade que nos empuja de una forma que sólo los cofrades sabemos entender y difícilmente explicar, esa manera de comprender y vivir el mensaje de Jesús en clave cofrade. También a él el Cristo de San Agustín le tocó el corazón.
En 1989, conocida la noticia de la designación de Francisco Gómez Montalvo como Pregonero Oficial de la Semana Santa de Granada de1990, le giró una cálida felicitación nuestra Hermandad. Transcurrido poco más de un año, solicitaba ingresar en nuestra Corporación; corría enero de 1991. Contaba entre nosotros con un fabuloso introductor, su sobrino Juan García Montero, que precisamente dio sus primeros pasos cofrades de la mano de su tío Paco. Consiliario de nuestra Hermandad desde el mes de octubre de ese año, Gómez Montalvo participó activamente en el proceso de ingreso en la Federación de Cofradías, documentando su historia y su relación con el ente federativo en el año de 1953. Había sido comisionado para esta misión en mayo de 1992. Lo hizo con empeño y entrega, convertido en Consiliario Primero en junio de ese año. El mismo empeño mostró en esfuerzos comunes como fue el de costear el paso del Cristo de San Agustín.
Otro importante servicio prestado a la Hermandad fue el de buscar una sede digna y capaz para nuestras actividades. El alquiler de la Casa de Hermandad en la calle Nueva de San Antón se hizo realidad gracias a sus gestiones, iniciadas en el otoño de 1996. Su implicación en la Hermandad del Stmo. Cristo de San Agustín fue in crescendo, hasta el punto de aceptar el cargo de Teniente de Hermano Mayor en enero de 1997, cuando ocupó la presidencia de la Hermandad D. Miguel Ángel Fernández Medina. De hecho, los hermanos lo reconocemos en la nómina de nuestros Hermanos Mayores, pues, un año más tarde, en enero de 1998, se encargó de presidir efectivamente la Hermandad. Así rigió los destinos de la Corporación por espacio de unos nueve meses, hasta la convocatoria de elecciones y la confirmación de D. Pedro Castón como Hermano Mayor, que contó con él durante todo su mandato en el cargo de Consiliario. Entre las vivencias compartidas, se me hace inolvidable la vivida en Roma el 18 de junio de 2000, cuando el mundo de nuestra Semana Santa se hizo romano, vibrando en torno al paso de palio de María Stma. del Mayor Dolor, allí en el corazón mismo del Vaticano y en presencia del Santo Padre. Allí estuvo también nuestra Hermandad, y con ella Gómez Montalvo.
Bien conocida es, por tanto, su generosa implicación en los asuntos de la Hermandad, sus consejos, sus propuestas para predicadores del Triduo y del Quinario, su esfuerzo en la ampliación de la nómina de Hermanos. La enfermedad le sorprendió en el transcurso de ese mandato, pero nunca le faltaron fuerzas ni ganas para acordarse de la Hermandad. De la Hermandad y de la Comunidad de Religiosas del Sto. Ángel Custodio, a la que tenía presente en sus continuas atenciones y en cuantas gestiones ellas han precisado. Consejero para muchos y hasta casi un “padre” para algunos, que así me lo han confesado.
De hecho, él ha sido, el “alma mater” del proyecto de construcción de la nueva Casa de Hermandad, una vez que la Hermandad, gracias a las gestiones de D. Miguel Ángel Fernández Medina, consiguió el ofrecimiento de la comunidad de religiosas del Sto. Ángel Custodio de las dependencias contiguas al convento. Una ilusión que renacía en su ánimo cada día. Con qué minuciosidad estudió y preparó los documentos, con qué imaginación propuso la ordenación de los espacios para su mejor distribución, con qué paciencia se ocupó de revisar presupuestos y de realizar las gestiones pertinentes. En el presente mandato, Gómez Montalvo mantuvo su condición de Consiliario –todos los Hermanos Mayores que ha tenido nuestra Hermandad desde su revitalización han contado con él en sus juntas de gobierno- y, aunque su estado de salud le ha impedido asistir con regularidad a juntas y cabildos, el proyecto de la Casa de Hermandad ha sido su ilusión permanente, su último servicio, que todos debemos agradecer. Algún día, seguro que pronto, una placa en la Casa de Hermandad ha de reconocer su entrega y generosidad. 

Pregón para la Semana Santa de Granada 

Como en todo lo concerniente a la Semana Santa de Granada, también en el Pregón Oficial de nuestra Semana Santa puso un afán prodigioso. Se le encargó para el año 1990, presidiendo la Federación de Cofradías D. Antonio Medina Píñar. A Nuestra Señora de las Angustias –“¡Va por ti, Señora!”- dedicó el pregón de aquel memorable 4 de marzo. En aquella ocasión lo presentó el Concejal de Relaciones Institucionales del Ayuntamiento de Granada, D. José Miguel Castillo Higueras –baste decir que durante su mandato federativo Gómez Montalvo había establecido unas inmejorables relaciones con la institución municipal-, y el escenario del Teatro Isabel la Católica había sido delicadamente decorado por Antonio Pimentel, Manuel Armillas y Rafael Piquero, con una esbelta cruz con sudario, flanqueada por sendos candelabros de cola. D. Fernando Sebastián, arzobispo coadjutor de Granada, presidió el acto, que amenizó la Banda Municipal, bajo la dirección de Sánchez Ruzafa.
Como no podía ser otra forma, su sentido de la amistad y el compromiso cofrade le llevaron a recorrer, con nombres y apellidos, esa pléyade  de cofrades a los que tanto debe nuestra Semana Santa, emotivo recorrido, en forma de celestial procesión, que atestigua su profundo conocimiento del mundo cofrade y sobre todo su apuesta permanente por las personas, sin las que nada sería posible. Tal fue la ilusión de este encargo y la seriedad con que lo tomó, que en alguna ocasión me confesó haber dedicado alrededor de trescientas horas a su elaboración. No menos merecía la Semana Santa de Granada, a la que había dedicado su vida. Por eso, de una forma selecta y pormenorizada recorrió todos y cada uno de nuestros pasos procesionales, relacionándolos con las palabras evangélicas que a ellos se refieren.
Sus firmes convicciones cofrades quedaron una vez más de manifiesto: “Demostramos nuestra especial condición de cristianos echando nuestros pasos a la calle, al ceñirnos nuestro hábito penitencial. Tenemos una propia y singular manera de entender y celebrar el beneficio de las verdades recibidas, y no hay en una sola de las infinitas maneras de conmemorar el sacrificio del Señor, nada que roce ni desvirtúe la fidelidad al divino legado que a todos se nos hizo”.
Gómez Montalvo pidió en aquella ocasión, públicamente, la realización de la Estación de Penitencia de nuestras cofradías en el interior de la Santa Iglesia Catedral; vería cumplido su sueño una década más tarde. Pero no se quedó ahí, pidió a Dios y a María por los cofrades y por los consiliarios, por los frutos del Sínodo Diocesano, por el cumplimiento de las directrices emanadas de los documentos de los Obispos del Sur de España y por el pleno sentido de nuestras Hermandades. Así completaba un pregón que terminó con una alabanza a la Virgen de las Penas y una rotunda afirmación de continuidad, a modo de un “ahí queó”: “¡La noche seguirá oliendo a incienso y a devoción! Y el cáliz del amor se llenará de Granada”.
Su pregón ha sido una inspiración permanente para muchos. Yo no dudé en dedicarle un pregón, el de la Semana Santa de Granada de 2002, a la persona de quien recibí sabios consejos y un estímulo permanente, a pesar de que ya la enfermedad había hecho acto de presencia: "especialmente a Francisco Gómez Montalvo, en la alegría de verle aquí, escuchándolo". A su pregón de 1990 le siguieron otros pregones, preparándolos siempre con tanta ilusión como meticulosidad, sin dejar nada al azar.
 Muchos han sido también los reconocimientos recibidos por Francisco Gómez Montalvo, aunque sin duda esta designación de pregonero oficial, por el honor que supone, es la que le hizo mayor ilusión. Y es que, mejor que nadie, Gómez Montalvo podía hablar con propiedad de un ámbito que fue realmente el suyo durante décadas. La Federación de Cofradías le concedió su Medalla de Oro en 1984, nombrándole en el mismo año 1990 Presidente Honorario. Estaba en posesión de prácticamente todas las distinciones cofrades existentes en nuestra ciudad. En la última, el Premio de Semana Santa "Domingo Sánchez Mesa", concedido a su impecable trayectoria cofrade por la Junta Municipal de Distrito Centro de nuestra ciudad, pude acompañarle. Era el pasado día 1 de abril. Fue toda una suerte y un honor.

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Valorar la gestión de un personaje público en nuestra Semana Santa es siempre difícil, pero no en el caso de Gómez Montalvo. Para no ser tildado de parcialidad, prefiero hacer mío el juicio de Jorge de la Chica: “La figura de Francisco Gómez Montalvo como Presidente de la Federación será siempre recordada como la de un caballero en el más amplio sentido de la palabra, de modales refinados, exquisito en el trato, un relaciones públicas y amplio prestigio social. Es además un erudito y estudioso del mundo cofrade”.
Nuestras charlas en la Tribuna Oficial eran asiduas cada año. Nunca faltó a la cita de la Plaza del Carmen, ni siquiera en la pasada Semana Santa de 2005, cuando los achaques habían mermado ostensiblemente sus fuerzas. Hablábamos con frecuencia y nos veíamos de vez en cuando; la nueva Casa de Hermandad era un reto compartido. “Tengo una cosa para ti”, me dijo unos días antes de Semana Santa. Pasé a verle y me regaló el libro de Manuel Ocón, ¡qué bien conocía mi pasión por la historia de la Semana Santa! Pero han sido tantos regalos, porque así cabe calificar cada uno de sus consejos, cada una de sus siempre amenas conversaciones. Aún tuve ocasión de visitarlo varias veces en el Hospital, tan sólo unos días antes del fatal desenlace y nunca perdió ocasión para hablarme de la Hermandad y de esos proyectos compartidos.
Llego al final de estas líneas, que escribo con dolor y con emoción, pero con no menos esperanza y sincera gratitud. Sólo nos cabe dar gracias a Dios por el inmenso don que nos entregó en la persona de Paco. Sus familiares, amigos y cofrades saben de la auténtica dimensión de ese regalo. A los setenta años de edad nos ha dejado Francisco Gómez Montalvo, su magisterio, su actividad y su recuerdo permanecerán siempre con nosotros. Descanse en paz este Cofrade Ejemplar de Granada.

Miguel Luis López-Guadalupe Muñoz

Granada, 26 de junio de 2005