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MANUEL
LÓPEZ GUADALUPE |
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esde que en el año 1988 tuviera lugar la
revitalización de la Hermandad del Santísimo Cristo de San Agustín, varios
han sido los cofrades que han estado al frente de la misma. A una primera Comisión
Organizadora, encargada de dar forma y contenido a la renovación estatutaria,
cuya duración se prolongó durante dos años, sucedió una Junta Gestora,
dotada de más poder ejecutivo, que en algo más de un año se encargó de poner
en marcha el primer proceso electoral, que dio como resultado, en octubre del año
1991, la proclamación del primer Hermano Mayor de la presente etapa histórica
de la Hermandad.
Superada esta, podríamos decir, primera fase, la Hermandad ha continuado desde
entonces, con total normalidad, sus cauces reglamentarios, en cuanto a los
sucesivos y periódicos relevos en la presidencia de la misma.
Fieles al espíritu reflejado en sus Constituciones, las distintas personas que
han sido receptoras de la confianza de los hermanos, para hacerse cargo de la
misión de regir la Hermandad, han manifestado, permanentemente, un profundo
sentido cristiano, tanto en el ejercicio de su responsabilidad de Hermano Mayor,
como en los ámbitos social, profesional y familiar. Del mismo modo, cabe
destacar, su constante comunión eclesial con los pastores de la diócesis.
Como máximos representantes de la Hermandad, han entrado a formar parte de la
Historia de ésta, mereciendo por tanto que se traigan a estas páginas algunas
notas que nos acerquen a su perfil biográfico, y en especial, lógicamente, al
relacionado con dicho cometido al frente de la misma.
D. Manuel López Guadalupe (1988-1996)
Cabeza de una importante familia de cofrades
de nuestra ciudad, este sevillano nacido en 1933, es profesor de la Facultad de
Farmacia de la Universidad de Granada, y desde el momento en que se dio el
primer paso para la revitalización de la Hermandad, fue designado por los
hermanos para estar al frente de las actuaciones que condujeran a poner en
marcha el proyecto que hoy en día disfrutamos.
De este modo, en junio de 1988, apenas unos días después de comenzar este
proceso, fue llamado a presidir la Comisión Organizadora de la Hermandad. Entre
las actuaciones más importantes de este periodo, hay que destacar la renovación
de las Constituciones -junio de 1989-, adaptándolas a los objetivos y
necesidades de una Hermandad Penitencial. Dicha renovación de reglas continuaría
un año más tarde con la aprobación del Régimen Interno -febrero 1990-, dando
paso a la creación de la Junta Gestora -junio 1990- que regirá los pasos de la
Hermandad hasta la convocatoria de las primeras elecciones al cargo de Hermano
Mayor. Al frente de esta Junta Gestora se mantendrá igualmente D. Manuel por
decisión de los hermanos, consolidándose las actuaciones de la fase anterior,
gracias a la puesta en marcha de la mayoría de los actos de culto y de régimen
organizativo. Durante esta segunda etapa, tendrá lugar la llegada a la
Hermandad de la Imagen de Nuestra Madre y Señora de la Consolación, obra del
imaginero Antonio J. Dubé de Luque -noviembre 1990- y su posterior bendición y
coronación por parte del entonces Arzobispo coadjutor de Granada, D. Fernando
Sebastián Aguilar -enero 1991-.
Un último hecho antes de la disolución de la Junta Gestora, de gran relevancia
para la definición espiritual de la Hermandad, fue la solicitud y posterior
concesión por parte del Ordinario, del carácter Sacramental, que vendrá a
partir de este momento -septiembre 1991-, recogido en el Título de la
Hermandad.
Apenas unos días después de este importante hecho, el proceso electoral en
marcha dará como resultado la elección del primer Hermano Mayor tras la
revitalización de la Hermandad -octubre 1991-, elección que recaerá
nuevamente, por aclamación, en D. Manuel López Guadalupe, prolongándose así
su mandato, hasta las siguientes elecciones, celebradas a finales de 1996. Puede
decirse, por tanto, que durante casi una década la figura de D. Manuel ha sido
fundamental para el afianzamiento y fortalecimiento de la Hermandad en esta
nueva etapa histórica que disfruta en la actualidad.
Siguiendo con su mandato, hay que recordar que durante la primera mitad de los años
noventa se procede a una segunda renovación de Reglas, se acomete la reforma de
la puerta de la iglesia del Convento Sede, y se vive el hecho, sin duda más
importante, en el seno de la Hermandad, desde el inicio de la revitalización:
la primera Estación de Penitencia, el Lunes Santo de 1993. La impronta de
sobriedad, espiritualidad y elegancia en las formas que la Cofradía deja en su
primer transcurrir por las calles de la ciudad de Granada, marca un hito en
nuestra Semana Santa, que no dudará en incorporarla nuevamente a su Federación
de Hermandades y Cofradías, de forma inmediata, realizando ya al año siguiente
la Estación penitencial por carrera oficial.
Igualmente, en ese año 1993, tiene lugar otro de los hechos más destacados que
han marcado el devenir cultual de la Hermandad, el traslado al día 14 de
septiembre,
festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, de la Solemne Función
de Renovación del voto de la ciudad, por parte del Excmo. Ayuntamiento de
Granada, al Santísimo Cristo de San Agustín. La Hermandad, con D. Manuel al
frente y el trabajo y dedicación incansables de todos los hermanos, había
pasado en tan sólo unos años del olvido en el que se hallaba postergada, a
convertirse en una de las más activas y dinámicas. Gran parte del esfuerzo, se
dedica a la formación de los hermanos, a la caridad, al culto y al
enriquecimiento del patrimonio, tanto espiritual como material, consiguiendo así
una nómina de hermanos muy superior a la media de las Hermandades de Granada. Y
al frente de todo ello siempre estuvo y sigue estándolo, desde sus
responsabilidades en Juntas posteriores, D. Manuel, en aquello que siempre ha
marcado su espiritualidad vital y su religiosidad, el culto al Santísimo y el
ejercicio de la Caridad -de todos es conocida su vinculación personal y
familiar, a Cáritas Diocesana-.
D. Manuel se despidió de la presidencia de la Hermandad a finales de 1996, con
la Imagen del Stmo. Cristo de San Agustín en la ciudad de Sevilla, en los
talleres del I.A.P.H., lugar donde se acometió su proceso de restauración, y
con una tercera y última renovación de Reglas -Decreto Arzobispal de abril de
1996-. Finalizó su etapa como máximo rector con el sabor agridulce de la
suspensión, ese año, por motivos climatológicos, de la Estación de
Penitencia. Su labor en la Hermandad y en general, en la Semana Santa de
Granada, ha sido tan destacada, que el Sr. Arzobispo no dudó en designarlo, a
finales de ese año de 1996, junto al Hermano Mayor de la Hermandad del Silencio
y al Secretario 1º. de la Hermandad de Santa María de la Alhambra, para regir
temporalmente los destinos de la Real Federación de Hermandades y Cofradías de
nuestra ciudad, que se hallaba en crisis tras el cese de su Presidente.
Siempre a disposición
de los hermanos, para cuanto fuere necesario, la presencia de D. Manuel y su carácter
afable, se hace indispensable para comprender tan importante periodo de la
historia de la Hermandad.
Rafael López Moya