
INTRODUCCIÓN
Hermandad
Sacramental. ¿Cuál es su significado?
La respuesta parece tan obvia como innecesaria la pregunta: una hermandad cuyo
titular es el mismo Cristo Sacramentado. Como titular, es mucho más que el
objeto de la devoción de los hermanos, es el centro de la vida de la Hermandad,
del progreso espiritual de sus miembros.
Pero en seguida nos asalta otra pregunta obvia: Concebidas como comunidades
cristianas, ¿acaso no es la Eucaristía el centro de todas las cofradías y
hermandades, de todas las comunidades y movimientos cristianos?
Este es el "quid" de la cuestión. La sacramentalidad de una Hermandad
en absoluto puede consistir en distintivos externos, como la incorporación de
la custodia a su heráldica, el uso de cera roja en sus actos de culto o la
posesión de un guión sacramental. Tampoco puede consistir en mantener la
tradición por la tradición, pues lo más vivo en la vida de la Iglesia es el
misterio eucarístico, renovado constantemente en el sacrificio de la misa.
La esencia sacramental de nuestra Hermandad requiere una pausada reflexión. No
es un adorno, un aditivo, debe ser algo propio de su esencia, la razón última
de su ser. Sólo así se entiende perfectamente la alusión continua de nuestro
Director Espiritual al Santísimo Sacramento como "primer titular" de
nuestra Hermandad.
Un día, corría el año 1991, la Hermandad del Stmo. Cristo de San Agustín
decidía en su Cabildo de Oficiales, de fecha 16 de abril, solicitar al
Arzobispo de Granada la concesión del carácter Sacramental. Así se nos
concedió por decreto de Monseñor Méndez Asensio de 23 de septiembre de ese año.
Una decisión de ésas que, sin darnos cuenta, condiciona sustancialmente el
curso de la Hermandad. Por supuesto, la Hermandad venía realizando sus actos de
culto, esencialmente eucarísticos, pero desde entonces su compromiso en ese
campo es mayor, objeto incluso de prescripciones estatutarias.
Nuestras Reglas, ciertamente, establecen los cultos específicos destinados al
Santísimo Sacramento (regla 29):
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Concurrencia a los cultos organizados de forma conjunta por las Hermandades
Sacramentales de Granada.
* Dinamización del Turno V de la Adoración Nocturna, denominado del Stmo.
Cristo de San Agustín y Ntra. Sra. de las Angustias.
* Misa Dominical, con carácter de Misa de Hermandad.
* Asistencia corporativa a la Procesión del Corpus Christi de la ciudad de
Granada.
* Montaje del Momumento Eucarístico del Jueves Santo y asistencia al Triduo
Pascual en nuestra iglesia-sede, en compañía con la comunidad de religiosas.
Cuenta
asimismo la Hermandad con la figura específica del Promotor Sacramental, al que
corresponde "organizar y promover los cultos al Santísimo Sacramento,
fomentando los actos de adoración y propagando las actividades eucarísticas
entre los hermanos" (regla 162). Aspectos que, por supuesto y en primer
lugar, competen, al Director Espiritual, considerado como "maestro,
sacerdote y pastor" (regla 171).
No es, no debe ser éste, un compromiso nominal. De hecho, a lo largo de los años
se ha enriquecido la vida eucarística de la Hermandad y hoy contamos incluso
con una función específica en honor del Stmo. Sacramento, que se celebra cada
año coincidiendo con la festividad litúrgica de Cristo Rey.
Pero eso no es suficiente. La adhesión íntima de los hermanos al misterio
eucarístico, la exigencia de vivir en la más pura y sencilla coherencia
cristiana o la comunión sincera con la Iglesia son objetivos estrechamente
ligados al carácter sacramental de nuestra Hermandad. Puede pensarse, con razón,
que nuestro nivel de exigencia, desde que nos consideramos Hermandad
Sacramental, es mayor y de ello deben ser conscientes los hermanos desde el
mismo día y hora en que se incorporan a nuestra Hermandad.
La misma pertenencia a la Hermandad compromete a los hermanos, utilizando un
rico símil eucarístico, a ofrecerse "a sí mismos como Hostia viva, santa
y grata a Dios, dando testimonio de Cristo en todo lugar" (regla 10). Si el
título de Sacramental nos deja indiferentes es que no somos dignos del misterio
que veneramos y adoramos.
Sean estas palabras introductorias solamente una invitación directa y personal
a cada uno de los hermanos y hermanas para profundizar cada vez más en el
conocimiento y en el amor hacia la Eucaristía, esa fuente que vivifica la vida
del cristiano y del cofrade.
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MISA DOMINICAL DE HERMANDAD
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Aunque no sea un acto especialmente
solemne, es la fuerza más poderosa de que disponemos para vivir nuestro carácter
tan importante de Hermandad y, más en concreto, de Hermandad Sacramental.
Son abundantes los documentos de la Iglesia y de nuestra misma
Hermandad que lo corroboran, y cito a continuación los más significativos:
Para comenzar con las Reglas de nuestra Hermandad, en la regla n. 29, entre
los cultos al SANTÍSIMO SACRAMENTO, se dice lo siguiente:
“La Hermandad celebrará
todos los domingos del año la Santa Misa, a la que se dará carácter de
Misa de Hermandad.”
Por razones prácticas de ausencia de muchos hermanos en lo más crudo del
verano, la Misa de Hermandad se suspende la segunda quincena de Julio y el
mes de Agosto; lo cual no exime a los hermanos de participar en la Misa del
domingo en cualquier lugar que se encuentren en esas fechas.
Esta indicación de las Reglas no es un simple precepto legalista, sino que
se funda en documentos de la Iglesia de gran utilidad para todo cristiano:
“La celebración de la Misa, como acción de Cristo y del Pueblo de
Dios... es el centro de toda la vida cristiana para la Iglesia universal y
local, y para todos los fieles...ya que en ella culmina
la acción con que Dios santifica en Cristo al mundo, y el culto que
los hombres tributan a Dios Padre por medio de Cristo, Hijo de Dios.”
(Ordenación del Misal n. 1). Esta importancia no se afirma de ningún
otro acto de culto.
Para formar un grupo o comunidad cristiana se nos dice:
“Ninguna
comunidad cristiana se edifica si no tiene su raíz y quicio en la celebración
de la Santísima Eucaristía, por la que debe... comenzarse toda educación
del espíritu de comunidad.” (Instrucción
sobre el Sacramento de la Eucaristía n. 13 - Texto tomado del Concilio
Vaticano II). Este texto es de
máxima importancia para la formación de una Hermandad que viva los
principales valores cristianos: Unión con Jesucristo y unión entre los
miembros de la propia Hermandad. Una
Hermandad que no celebre con frecuencia la Eucaristía tendrá siempre
fuertes carencias y problemas como agrupación de cristianos; será como un
cuerpo al que falta el alimento necesario, lo cual se percibe en la vida de
muchas Hermandades y Cofradías ¿también en la nuestra?...
¿Y por qué el Domingo? La
respuesta nos la da también el Concilio Vaticano II:
“La Iglesia, por una
tradición apostólica que trae su origen del mismo día de la Resurrección
de Cristo, celebra el Misterio Pascual (Pasión, Muerte y Resurrección de
Cristo) cada ocho días, en el día que es llamado con razón “día del Señor”
o “Domingo”. En este día los fieles deben reunirse a fin de que,
escuchando la Palabra de Dios y participando en la Eucaristía, recuerden la
Pasión, la Resurrección y la Gloria del Señor Jesús y den gracias a Dios
que los hizo renacer a la viva esperanza por la Resurrección de
Jesucristo.” (Concilio Vaticano II, Constitución de sagrada Liturgia
n.106). Las últimas palabras
están tomadas de la 1ª carta de S. Pedro 1,3.
La importancia del Domingo como día de reunión de cristianos para
celebrar la Eucaristía está mucho más desarrollada en la carta apostólica
del Papa Juan Pablo II “El día del Señor” de 30 de mayo de 1998. Hemos
de destacar que son abundantes los testimonios de los primeros siglos de la
Iglesia sobre la importancia que daban los cristianos a participar en la
Misa del Domingo. El más conmovedor es el de los mártires de Bitinia, 31
hombres y 18 mujeres que sufrieron martirio por participar en la Misa del
domingo, cuando esas reuniones estaban prohibidas por las leyes del imperio
romano; ellos afirmaban en el proceso que no podían vivir sin celebrar el día
del Señor, lo cual tendría que hacernos reflexionar a nosotros en
profundidad.
Con
todo lo dicho hasta ahora, hemos de reafirmar que ningún otro acto tiene
mayor importancia para constituir una verdadera Hermandad auténticamente
cristiana que la participación en la Misa de cada Domingo, aunque se
celebre con la debida sencillez.
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OFICIOS LITÚRGICOS DEL TRIDUO
PASCUAL
En la misma Regla 29 de nuestra Hermandad,
anteriormente citada, se dice también:
“La Hermandad se hará cargo del montaje del Monumento al
Santísimo en el Jueves Santo, asistiendo al Triduo Pascual que se
celebra en nuestra Iglesia Sede.”
Acerca de este párrafo de la Regla 29
es necesario indicar que la asistencia y participación en los actos
litúrgicos del Triduo Pascual es más importante que el montaje y la misma
adoración al Santísimo en el Monumento. Tratamos de mostrarlo con
documentos de la Iglesia:
“El Triduo Santo Pascual de la Pasión y Resurrección del Señor es el
punto culminante de todo el año litúrgico.
La preeminencia que tiene el Domingo en la semana, la tiene la
solemnidad de la Pascua en el año liturgico.” (Normas
del año litúrgico n. 18).
“El Triduo Pascual... comienza con la Misa vespertina de la Cena del
Señor (en la tarde del Jueves Santo), tiene su centro en la Vigilia Pascual
(en la Noche santa de la Resurrección), y acaba con las Vísperas del
domingo de Resurrección.” (Normas del año litúrgico n. 19). Hemos citado este número, para que percibamos que el Triduo
Pascual tiene un ritmo ascendente hasta llegar a la Vigilia Pascual; así el
oficio del Viernes Santo es más importante que el del Jueves Santo, y la
cumbre está en la Vigilia Pascual, a la cual ningún cristiano debe faltar,
a no ser por encontrarse verdaderamente impedido de hacerlo.
La participación de los cofrades en los Oficios litúrgicos del
Triduo Pascual viene urgida
también por los Obispos del Sur de España en su carta pastoral sobre las
Hermandades y Cofradías. En
ella se nos dice:
“Nuestras Hermandades y Cofradías deben recuperar las celebraciones
litúrgicas que primitivamente precedían a las salidas procesionales.”
(Carta pastoral de 12 Octubre 1988, n. 21).
En este número, que es bastante extenso, se van describiendo los
Oficios litúrgicos del mismo Triduo Pascual. Destacamos solamente algunos
puntos más significativos:
“El sentido eucarístico del Jueves Santo ha de centrarse principalmente
en la participación de todos en la Misa de la Cena del Señor, mucho más
que en la adoración al Santísimo fuera de la Misa.”
(En el Monumento).
“La importancia excepcional de la Vigilia Pascual, como la
celebración principal de todo el año litúrgico, es una invitación
apremiante para todo cristiano a participar conscientemente en ella; carece
de sentido dejar de hacerlo por incompatibilidad con otros actos religiosos,
por muy significativos que éstos sean.”
(Se refiere a las procesiones del Sábado Santo).
A este propósito, hemos de indicar que la profundidad cristiana de los
Oficios litúrgicos de Jueves y Viernes Santos y de la Vigilia Pascual es
muy superior a la que pueda encontrarse en otros actos piadosos, como pueden
ser las Estaciones de Penitencia de las Hermandades y Cofradías; no
participar en estos Oficios por participar o contemplar Estaciones de
Penitencia es perderse lo mejor de la Semana Santa
Hemos de indicar también que la Vigilia Pascual es el acto cristiano
principal de todo el año y para
una Hermandad Sacramental el principal acto eucarístico del año; mucho
más que la procesión del Corpus Christi y que el Monumento del Jueves
Santo.
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La razón de ser es que nuestra Hermandad ha querido tener
un turno de adoración nocturna, como se indica también en la Regla 29: “La
Hermandad procurará mantener el turno de Adoración Nocturna Española
denominado turno V del Santísimo Cristo de S. Agustín y Nuestra Señora de las
Angustias.”, acto que se celebra
con gran sencillez, pero también con devoción. Es necesario indicar que, por
desgracia, solamente participa en este acto un número reducido de hermanos y
fieles y
todos, o casi todos, de edad avanzada.
Tomemos conciencia de lo que podemos hacer por rendir también este acto
de culto a Cristo en la Eucaristía y por tener el gusto de estar un tiempo con
Él, como con el mejor de los amigos.

TE ADORAMOS
CRISTO Y TE BENDECIMOS
(ADORACIÓN EUCARÍSTICA DE LOS PRIMEROS VIERNES)
"Quedaos aquí y velad
conmigo" (Mt 26, 38)
"¿Conque no puedes velar una hora conmigo?" (Mt 26, 40)
"Creyendo, esperando y amando, te
adoramos", dice Juan Pablo II. En la adoración eucarística se subliman
las virtudes cristianas, se potencian alcanzando su grado máximo.
Era costumbre entre los primeros cristianos celebrar vigilias de oración en la
víspera de las grandes festividades, permaneciendo despiertos, vigilantes,
alternando salmos y oraciones, cantos y lecturas de la Escritura. Todo ello se
ha conservado y potenciado en la actual Adoración Nocturna, que nació en París
en 1848 y se introdujo en España en 1877. Nuestra Hermandad se hizo cargo desde
hace años del quinto turno de la Adoración Nocturna granadina, dedicado a
Ntra. Sra. de las Angustias y al Stmo. Cristo de San Agustín.
El turno de adoración no es más que la reunión de los hermanos, una vez al
mes, para adorar en la noche al Señor, realmente presente en la Eucaristía, en
representación de la humanidad y en el nombre de la Iglesia. Es una
responsabilidad grande, que además se hace coincidir con los primeros viernes
de mes, de especial devoción tradicionalmente en torno a Cristo Crucificado (y
en particular al Cristo de San Agustín).
Apuesta generosa y decidida,
fiel expresión de nuestra vocación sacramental; apuesta que debe ser
compartida por mayor número de hermanos y hermanas, que empobrecen con su
ausencia la adoración eucarística, que es comunitaria, propia de la Hermandad.
Dios no quiere una adoración a medio gas, una alabanza pronunciada con la boca
pequeña. Los cofrades tenemos mucho que descubrir a este respecto. ¿Nos vamos a conformar con una vida espiritual raquítica,
de medalla, cirio y procesión?
No os podéis imaginar lo
que reconforta nuestra oración, lo que gratifica permanecer amorosamente en
presencia de Aquél que nos ama. Amor correspondido (amar y sentirse amado),
amor compartido en la celebración de la misa, en los cantos y en los silencios,
en las oraciones generales y en los salmos recitados a dos coros. La adoración
contiene ciertamente el bello ejercicio de la Liturgia de las Horas, que nos
acerca de forma entrañable al misterio cotidiano de Dios entre nosotros. Es un
acto sencillo, del que todos pueden gozar intensamente. Basta dejar en la puerta
del templo las preocupaciones del día y dejarse inundar por Él. Carece de
complicaciones y artificios. No es el cofrade, no debe serlo, un hombre
perezoso, sino un hombre vigilante. Somos, ciertamente, un pueblo que vela, una
Iglesia vigilante. Compartamos con el hermano el aceite que mantenga encendidas
nuestras lámparas.
Él está con nosotros día y noche -esto sí lo percibimos con frecuencia los
cofrades-; aún más, su compañía de noche anticipa el amanecer de la vida
eterna. La nuestra es una vigilia de limitada duración, pues así lo exigen las
circunstancias, pero de un riqueza extraordinaria. Nadie queda defraudado cuando
participa en ella, lo digo por experiencia.
En la adoración el mismo Dios
se nos presenta en su grandeza y sin aditamentos, Dios nos habla, nos invita a
la unión más íntima con él y nos ofrece su gracia, o lo que es igual, su
protección. "(Oh saludable Hostia que abres la puerta del cielo; en
los ataques del enemigo danos fuerza, concédenos tu auxilio", reza un
antiguo canto eucarístico.
Nos queda mucho por recorrer
en este camino. Lo primero es que entre los más jóvenes prenda la llama de esa
devoción sacramental de adoración. Me resisto a aceptar que estos actos sean sólo
de mayores. Los niños de la Hermandad deben asistir también a estos actos, al
menos de vez en cuando, aunque la hora de celebración no sea la más adecuada.
Los jóvenes deben aprender también la grandeza que, en su sencillez, atesoran
estos actos. La adoración eucarística es para todos y, repito, nadie se sentirá
defraudado. Nuestras mismas monjas desean una implicación mayor de la Hermandad
en las dos ocasiones del año en que el Jubileo Circular de las Cuarenta Horas
tiene lugar en nuestra iglesia. Y, en general, es obligación nuestra difundir
la devoción eucarística. Lo hacemos en la función del día de Cristo Rey -Él
presente entre nosotros en su trono, que es el sagrario-, también en la solemne
festividad del Corpus Christi -en que recorre nuestras calles-, lo
hacemos también en la misa dominical..., pero aún podemos hacer más.
"La adoración nocturna -se lee en un documento de esta asociación- crece
y florece allí donde los adoradores mantienen encendida la llama del amor a Jesús
en la Eucaristía". Gracias a Dios contamos con personas así en nuestra
Hermandad. Os pido que os abráis a su testimonio y que también todos vosotros,
sin excepción, avivéis esa llama.
En nuestra pequeñez sentimos su grandeza: "Ayúdadme, Señor, porque sin
Vos nada puedo". Él también se humilló siendo rey de reyes. Nuestro amor
a Jesús -Nazareno de las Penas, Cristo de San Agustín- encuentra su plenitud
en la adoración eucarística. También el amor a Ntra. Madre y Señora de
Consolación, pues María fue el primer sagrario que tuvo la Eucaristía.
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ACTO MENSUAL DE LAS HERMANDADES
SACRAMENTALES
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Cada
mes, normalmente el tercer jueves, se celebra un acto de adoración a Jesucristo
presente en la Eucaristía en las diversas sedes de las Hermandades
Sacramentales de Granada. En nuestra Iglesia Sede se celebra una vez al año.
También en la Regla 29 se prevé la participación de nuestra Hermandad en
estos actos: “La Hermandad concurrirá a los cultos
que en honor de su Divina Majestad organizan conjuntamente las
Hermandades Sacramentales de esta ciudad.”
En este punto creo necesaria una llamada a examinar nuestra actitud y
disposición a participar en estos actos que son también un encuentro con
Jesucristo en la Eucaristía, aunque no se celebra en ellos
la Santa Misa, sino que se tienen unas oraciones en la presencia del
Santísimo Sacramento.
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FUNCIÓN EN HONOR DEL SANTÍSIMO
SACRAMENTO
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Nuestra
Hermandad celebra a lo largo del año diversas Funciones solemnes en
honor de cada uno de sus titulares. Si somos HERMANDAD
SACRAMENTAL, no puede caber duda de que nuestro principal titular es
Jesucristo realmente presente en el Sacramento
de la Eucaristía; ya
que vale mucho más la realidad que
las imágenes que la representan. Aun teniendo imágenes de Cristo de gran valor
artístico y que nos inspiran una
gran devoción, mucho más importante es la realidad de Cristo en la Eucaristía,
es decir, EL SANTÍSIMO SACRAMENTO. Por este motivo la Hermandad celebra una
Función solemne en su honor, que debe tener en la conciencia de los hermanos
una estima superior a la de aquellas otras funciones que se celebran en honor de
nuestros titulares representados en hermosas imágenes.
Para celebrar esta Función solemne se ha buscado una fiesta del Señor
Jesucristo, en la que puedan participar mejor los hermanos, y por eso llevamos
algunos años celebrando la Función solemne en honor del SANTÍSIMO SACRAMENTO
en la gran fiesta de Jesucristo, Rey del Universo, que es el Domingo comprendido
entre los días 20 y 26 de Noviembre. Esta función es más importante que los
actos celebrados en honor de nuestros titulares representados en imágenes, y
por supuesto, mucho más importante que la Estación de Penitencia.
Ahora
bien, esta Función no se celebra poniendo al Santísimo Sacramento en un altar
o retablo, como si fuera un Santo cualquiera, sino cumpliendo el mandato que nos
dio el mismo Jesucristo en la última
Cena: HACED ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA; esto es, Celebrando la Eucaristía, que
es, según hemos indicado el centro de nuestra vida cristiana, y por tanto, el
centro de toda nuestra vida de Hermandad, aunque para mayor solemnidad se añaden
algunos elementos como el uso del incienso, el canto etc.
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PROCESIÓN Y ALTARES EN HONOR DEL CORPUS CHRISTI
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La
procesión del Corpus Christi es quizás la fiesta que más se identifica
con la ciudad de Granada. No por su exclusividad, pues esta procesión litúrgica
se celebra en las principales localidades de la cristiandad, sino por el
especial significado que adquirió en Granada tras la conquista de la
ciudad por las huestes de los Reyes Católicos.
Divertirse, dice la tradición, que "parezcáis locos" es la
expresión popular de un fiesta ofrecida a los granadinos y concebida como
la exaltación de los valores cristianos, en este caso concreto, su
misterio central: la presencia real y permanente de Jesucristo en la
Eucaristía. Fiesta en un momento crucial, pues el reto de una magna
empresa evangelizadora habría de comenzar por los misterios y creencias
principales, como éste de la Eucaristía, mientras que la mayoritaria
presencia de población mudéjar/morisca, formada en una tradición anicónica,
aconsejaba limitar el uso de imágenes, extrañas a la mentalidad de los
vencidos.
Ya se conoce una dotación especial para la fiesta del Corpus en Granada
en 1501, así como la integración de la población morisca, insertando en
la procesión sus zambras y otras danzas, como admitía con criterio
pastoral el "santo alfaquí", fray Hernando de Talavera, primer
arzobispo de Granada.
La fiesta del Corpus, empero, contaba ya con casi cuatrocientos años de
existencia, si atendemos a sus balbuceos en la ciudad de Lieja en 1224, su
posterior institución oficial por el papa Urbano IV en 1264 y la
prescripción de procesión solenme en ese día por Juan XXII en 1311.
Una tradición medieval que en Granada se asentó con firmeza y que contó
desde el siglo XVI con una pormenorizada regulación en las Ordenanzas
de la ciudad, que recogían la presencia de los gremios, a los que se
sumarían las distintas cofradías, amén de las parroquias de la ciudad y
de su ruedo.
Desde el año 1931 participan en la granadina procesión del Corpus las
cofradías penitenciales, por iniciativa de la Real Federación. Esa
costumbre, mantenida año tras año, ha impuesto el orden protocolario de
las cofradías, que es el mismo del ente federativo; de ahí la presencia
de nuestra Hermandad tras la de Jesús Despojado de sus Vestiduras.
Esta participación es mucho más que un precepto recogido en nuestras
reglas (regla 29), es o debe ser una exigencia permanente de nuestra
devoción al misterio eucarístico, de nuestra condición de Hermandad
Sacramental. Aunque, ciertamente, la representación de la Hermandad en la
época reciente comenzó incluso antes de adquirir dicho carácter, en la
procesión del Corpus de 1991, celebrada el 30 de mayo, justamente cuando
ya se contaba con el estandarte o guión corporativo y cuando se afanaba
en la recuperación del Turno V de la Adoración Nocturna de Granada.
Forma parte del cortejo del Corpus de Granada -que se ha mantenido en
jueves, uno de esos tres "que lucen más que el sol"- el
mencionado estandarte flanqueado por varas y diverso número de hermanos y
hermanas portando cera roja; generalmente entre veinte y treinta, número
que no estaría de más que aumentase por la devoción de los hermanos.
Algún año se ha contado también con la presencia de niños y niñas de
la Hermandad con su atuendo de Primero Comunión.
Aún siendo importante esta tradición procesional, más importancia tiene
la participación en la Solemne Misa que la precede, que se celebra en la
Catedral a las diez de la mañana, a la que asisten los cofrades
granadinos, por recomendación arzobispal, desde hace algunos años.
Debe señalarse también que desde hace 25 años figuran costaleros bajo
las andas de la Custodia. Son, a las órdenes de José Carvajal,
costaleros sacramentales, entre los que cada año se cuentan también
algunos de los costaleros del Stmo. Cristo de San Agustín, lo que es un
honor para la Hermandad.
Aspecto importante en la procesión del Corpus de Granada ha sido siempre
el engalanamiento del recorrido, de la "carrera" por donde había
de pasar el Santísimo. Toldos en las alturas, juncia y mastranzo en el
suelo, altares en paredes y fachadas, muestras diversas de arquitectura efímera...;
todo ello responde a la intención de "enmascarar" la
cotidianeidad de la urbe, transportando al público presente a un mundo
ideal y trascendente, transido de referencias religiosas y de elementos
escatológicos: es la agustiniana "ciudad de Dios" frente a la
"ciudad del mundo".
En otros tiempos participaban en el ornamento de las calles el
Ayuntamiento, el Cabildo Catedralicio, los gremios y oficios, las
comunidades religiosas -consta, por ejemplo, que las religiosas del Sto.
Ángel Custodio levantaban uno ante su convento- y los propios vecinos,
ante cuyas fachadas pasaba la procesión. La decoración principal, en
puntos clave como la plaza de Bib-Rambla, la Pescadería, la plaza Nueva y
el Pilar del Toro, obedecía a un programa preconcebido, a una
"idea" o "pensamiento" que cada año se encargaba a un
destacado teólogo o literarato y que se imprimía para general
conocimiento. Por supuesto, el tema eucarístico centraba dicha decoración
-particularmente los altares, concebidos como lugar de parada del cortejo
eucarístico-, pero, junto a él, multitud de referencias bíblicas y
devotas, que convertían los espacios públicos en auténticas catequesis.
Poco queda hoy de aquella grandeza, pero sí diversos altares -pocos en número,
desgraciadamente-, que corren en gran medida por cuenta de las Hermandades
y Cofradías. Así lo ha hecho ya nuestra Hermandad en cuatro ocasiones en
la época reciente -aunque tal vez lo hiciera antes en los años 50-,
mostrando al público granadino altares de temática eucarística, siempre
relacionada con otra simbología religiosa.
El primero de ellos, para el Corpus de 1993 (7 de junio), se ubicó ante
la puerta de San Jerónimo del templo catedralicio, en la calle Cárcel
Baja, dos meses más tarde de la primera estación de penitencia del Santo
Crucifijo de San Agustín en la época reciente. A la simbología
sacranental, se unía, entre otros muchos elementos, la mariana, con dos
conjuntos de Sta. Ana y la Virgen y de Ésta con el Niño Jesús.
El 30 de mayo de 2002 lucía el altar de la Hermandad en la misma calle Cárcel
Baja, pero adosado al arranque del ábside catredalicio, contiguo a la
Puerta del Perdón. De carácter netamente eucarístico, puede señalarse
la presencia, habitual en los altares, del Niño Jesús, y la alfombra de
serrín coloreado elaborada por los jóvenes de la Hermandad para que
pasara sobre ella el paso de la Custodia.
También se hizo alfombra con motivos eucarísticos para el Corpus de 2003
(19 de junio), mostrándose el altar de nuevo ante la catedralicia puerta
de San Jerónimo. En esta ocasión, y con motivo de la conmemoración de
los 750 años de la muerte de Sta. Clara, la santa de Asís presidía el
altar, junto a los símbolos habituales.
En el presente año 2004 amanecía el 10 de junio en el mismo lugar de la
calle Cárcel Baja, con la belleza de la Inmaculada Concepción -cuando se
cumplen 150 años de la Declaración Dogmática de este misterio-
presidiendo el altar de la Hermandad, flanqueada por los santos
franciscanos, cuya orden defendió siempre esta devota creencia, tan española
por otro lado.
Resta un último aspecto en el que se implica la Hermandad desde el pasado
año 2003, por iniciativa de los hermanos y hermanas jóvenes de la
Hermandad: la participación en la llamada procesión de la Octava, que
ahora se celebra en la tarde del domingo festividad del Corpus Christi.
Procesión más íntima y sencilla, tras la misa de siete de la tarde de
la Catedral, en la que acompaña al Santísimo sólo una corta
representación de las hermandades sacramentales de Granada, la nuestra
entre ellas. Además, desde el presente año 2004 la Hermandad Sacramental
del Sagrario cuenta con la nuestra para ofrecer la misa de uno de los días
de la Octava en la Catedral, en concreto la del viernes siguiente a la
granadina procesión del Corpus.
Esfuerzos,
sin duda, no baldíos por participar y contribuir a esta fiesta tan
arraigada en los corazones de los granadinos. Pero, en suma, la asistencia
a la procesión o el montaje del altar son piezas ya propias de nuestra
vida de Hermandad, signos inequívocos de la veneración que profesamos al
Santísimo Sacramento del Altar.
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Todo lo dicho nos conduce a hacer un examen de conciencia
sobre el comportamiento de cada hermano como miembro de una Hermandad, cuyo primer título es el de SACRAMENTAL.
Si no vivimos de verdad la
maravilla que supone tener a Cristo presente en la Eucaristía, participar cada
Domingo en su Sacrificio redentor y
recibirlo en la Comunión, ¿qué sentido tiene pertenecer a una Hermandad que
ante todo es SACRAMENTAL? No olvidemos el peligro de
pretender dar a Dios un “culto vacío”, como denunciaban
acertadamente varios profetas del Antiguo Testamento y denunció también el
mismo Jesucristo (Evangelio de S. Marcos 7,7)
Todo lo dicho
nos conduce a hacer un examen de conciencia sobre el comportamiento de cada
hermano como miembro de una Hermandad.
José
María Rodríguez-Izquierdo S.I.
Director
Espiritual