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LUNES NAZARENO

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ANTONIO ENTRENA AZNARTE

eflexionemos sobre nuestras estaciones de penitencia, si examinamos uno a uno los elementos que componen una cofradía en la calle, podemos llegar a la conclusión de que ninguno de ellos es realmente imprescindible si exceptuamos las Imágenes y a veces en circunstancias extraordinarias, casi sin esta excepción.
Imaginemos una cofradía a la que le quitásemos este o aquel elemento cualquiera, aunque veríamos un cortejo empobrecido no dejaríamos de considerarlo como tal.
Pues bien, intentemos imaginar una cofradía sin nazarenos, no sé lo que opinarán ustedes, pero a mí me resulta imposible tal ejercicio de imaginación, pues una cofradía sin nazarenos dejaría inmediatamente de serlo.
Más adelante, en este mismo artículo, abordaremos la figura del nazareno en su aspecto interno y espiritual, ahora lo vamos a mirar desde otros puntos de vista.
LA TÚNICA
El documento más antiguo del que se tiene noticia, referente al atuendo nazareno, es el de las Reglas de la Hermandad del Silencio de Sevilla, que datan del año 1356 y de las que Juan Carrero recoge en sus Anales de las Cofradías de Sevilla: "El retrato de los nazarenos con túnicas, el primero de color morado, el segundo de color negro, y ambos con colas largas, capirotes con puntas redondas, cinturones de esparto, medias negras y zapatos negros con hebillas de plata.
A partir de este momento su evolución será muy similar en las diferentes ciudades andaluzas. En Granada, tenemos noticias a través de los investigadores de nuestra Semana Santa, de las cuales se desprende, que el atuendo predominante durante los siglos XVI al XVIII era la túnica de tosca tela en colores oscuros, sobre todo el negro y el morado.
Posteriormente el atuendo nazareno ha ido evolucionando a través de los tiempos fundamentalmente ampliando la gama de colores y la calidad de las telas hasta llegar a las postrimerías del siglo XIX en las que se produce un acontecimiento que unido a otros revolucionarios hallazgos del mismo autor dará forma a una nueva Semana Santa, que rápidamente se extenderá por toda Andalucía y media España.
Aunque unos años antes venían viéndose nazarenos con capa, fue el 1988 cuando Juan Manuel Rodríguez Ojeda diseña un nuevo hábito con este aditamento que fue capaz por si solo de crear un nuevo concepto; el de "cofradía de capa" en contraposición a ese otro estilo de "cofradía de cola" o sin capa al que nuestra Hermandad ha preferido permanecer fiel, no por no considerar digna la capa en el vestir nazareno, que lo es y mucho, sino por creer que las telas austeras, el color negro, el cíngulo de esparto y las sandalias franciscanas, se adecuan mucho mejor al espíritu de su Estación de Penitencia.
LA MEJOR DEFINICIÓN DE NAZARENO
Igual que el hábito no hace al monje, la túnica no hace al nazareno. Durante la confección del presente artículo he renunciado a dar una definición de la figura del nazareno porque la mejor definición se encuentra en el cumplimiento de las normas que dicta la Hermandad para su comportamiento.
Estas normas, nos darán el rasero preciso para delimitar la conducta del verdadero nazareno y las podremos encontrar tanto en las Reglas de la Hermandad como en esta misma web en su apartado de Estación de Penitencia. Si puedes decir después de leerlas "no me dicen nada nuevo que no haga ya", es que eres un verdadero nazareno del Santo Cristo de San Agustín.
LA ESTACIÓN DE PENITENCIA
Veamos ahora al nazareno desde la perspectiva del acto más importante que realiza al cabo del año, la estación de penitencia.
"La Hermandad realizará pública Estación de Penitencia como acto de culto corporativo que tiene por objeto acompañar a las Sagradas Imágenes en oración, sacrificio y austeridad, uniéndose a Cristo en expiación de los pecados de los hombres y de los propios, procurando suplir la Pasión de Cristo con la propia y participando de la situación penitencial de la comunidad cristiana.
También tiene una dimensión evangelizadora a través del conjunto de los signos que la constituyen y de la actitud sincera de los participantes en ella que en todo momento procurarán revelar el rostro de Dios a los hombres. Los hermanos vivirán este acto de unión íntima con Dios y como apóstoles de Cristo ante todo el pueblo cristiano."
Si leemos con atención el párrafo anterior, extraído de nuestras Reglas, veremos que de él se desprende una doble vertiente de la Estación de Penitencia.
De un lado encontramos una vertiente interior, subjetiva, casi mística que se desarrolla en el alma de cada uno de los integrantes de la Cofradía en la calle, cuyo principal protagonista es el nazareno.
El nazareno se viste con la túnica que es símbolo, vestidura litúrgica, se ciñe con el esparto que es penitencia, se cubre el rostro desde que sale de su casa hasta que regresa a ella, con el antifaz que es silencio para entrar en conversación con Dios, calza sandalias franciscanas y no lleva signos distintivos como símbolo de humildad y anonimato, todo ello como contribución al acto penitencial.
Durante la estación de penitencia, -cuyo vértice y cenit, no lo olvidemos, es la Catedral- el nazareno que pretenda que le sea espiritualmente provechosa, dejará que Cristo llegue a lo más íntimo de su alma, quizás donde el propio hombre no pueda llegar jamás.
La estación de penitencia es para el nazareno proximidad con Dios y consigo mismo.
De otro lado y volviendo al artículo de nuestras Reglas, encontramos las vertiente catequética, del culto externo.
Sería muy difícil decidir qué aspecto de la Estación de Penitencia es más importante, pero mientras que hasta ahora hemos hablado de vivencias internas e individuales, en esta segunda dimensión vamos a hablar de emociones colectivas, de apostolado de masas.
De un tiempo a esta parte vemos como periódicamente el Papa, los Obispos, la Jerarquía Eclesiástica en general, nos viene advirtiendo de que se está arrinconando la religión católica en los templos, refiriéndose a la secularización de la vida cotidiana.
Es bueno que esto nos lo recuerden de vez en cuando, porque es obvio que muchos creyentes e incluso algunos eclesiásticos parecen olvidarlo con suma facilidad. Cuando se está hablando de que se debe evangelizar de nuevo nuestra sociedad, es fácil comprender la aportación –modesta pero valiosa- de las cofradías, en las cuales nunca se ha renunciado a mostrar a Cristo y a María, a dar a quien quiera verlas una catequesis viva. Una catequesis en el lenguaje sensitivo que puede ser percibido por todos para que Dios sea cada vea más conocido y más amado.
Para realizar este fin –uno de los principales para toda Cofradía- nuestra Hermandad cuenta con dos medios:
El primero son las Imágenes. A este respecto los Obispos del Sur de España en su Carta Pastoral sobre las Hermandades y Cofradías nos dicen: "La contemplación de estas representaciones religiosas de la vida del Señor, de la Virgen y de los Santos nos recuerdan los misterios de nuestra salvación y nos estimulan a seguir su vida ejemplar. Son una predicación del Misterio Pascual esto es, de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo y las verdades de nuestra fe".
El segundo es la propia cofradía, pues la catequesis, el acercamiento de Dios Vivo al pueblo a través de las imágenes será incompleto y de poca efectividad si el talante y las actitudes de los componentes del cortejo no son los adecuados.
Independientemente del puesto que ocupen en el cortejo y de que se revistan con túnica, costal, dalmática o librea, todos los participantes en la procesión con su silencio, compostura, autenticidad y sentido de la responsabilidad deberán contribuir –como dicen nuestras Reglas- a revelar el rostro de Dios a los hombres.