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EL MENSAJE DE LA FIESTA DEL "CORPUS CHRISTI"

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JOSÉ MARÍA RODRÍGUEZ-IZQUIERDO GAVALA

a gran fiesta del “Corpus Christi”, nos ofrece una ocasión privilegiada para reflexionar sobre el título de sacramental que ostenta nuestra Hermandad. No podemos olvidar que este título se ha incorporado por deseo expreso de los mismo hermanos, que han querido con ello enriquecer la vida de la Hermandad con una dimensión claramente eucarística. Por eso nos parece muy conveniente recordar cómo entendió el mismo Cristo el Sacramento de la Eucaristía, que nos dejó con tanto amor.
Sabemos todos que la institución de este Sacramento por parte del Señor tuvo lugar “cuando iba a ser entregado a su Pasión”, como recordamos siempre que celebramos la Santa Misa. Pero antes de llegar este momento, Jesús quiso preparar a sus discípulos formando con ellos una comunidad, en que aprendieran a amarse mutuamente y a ponerse al servicio unos de otros; este deseo lo confirmó el mismo Cristo con el lavatorio de pies que acompañó a la última Cena, y con las palabras que dijo en aquella misma Cena.
Desde entonces los cristianos hemos tratado de cumplir el mandato de Jesús celebrando con frecuencia la Eucaristía, y recibiendo en ella el Cuerpo de Cristo bajo especie de pan. Nuestra Hermandad, en su deseo de ser fiel a lo que el Señor prescribió en la última Cena, celebra la Eucaristía cada domingo; con ello pretendemos no sólo poner por obra el deseo de Jesús de recibir como alimento su Cuerpo y Sangre, sino también llevar a la práctica todo aquello que el mismo Cristo quería al darnos este Sacramento, esto es, formar y consolidad una comunidad en la que el amor y el servicio mutuo sean la señal por la que pueden conocernos a todos como los discípulos de Jesús en el mundo de hoy; no olvidemos que en la misma Cena eucarística Cristo dio también a sus discípulos el mandamiento nuevo de amarnos como Él nos amó.
Por todo lo dicho queremos que esta fiesta del “Corpus Christi” estimule a todos los miembros de la Hermandad a fortalecer los vínculos que nos unen, y a progresar más aún en el servicio y la ayuda mutua. Para lograr estos fines, hemos de tomar la fuerza en la participación frecuente en la Ecuaristía, principalmente los domingos; y en cuanto sea posible, en la Misa de la Hermandad. 

Boletín “El Muñidor”. Mayo-junio 1994.