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HISTORIA DE UNA BENDITA REALIDAD V
DATOS PARA LA HERMANDAD
UNA ÉPOCA CRÍTICA (1810 - 1839)

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JOSÉ SZMOLKA CLARES

ás que las ideas ilustradas serán las repercusiones de la revolución liberal iniciada a fines del Setecientos las que incidan negativa y gravemente en la vida de las cofradías y otras asociaciones religiosas. Nuestra Hermandad no fue una excepción, y así desde 1810 en que la ciudad fue ocupada por las tropas francesas, entró en una larga etapa de crisis que no concluyó hasta 1839 con la destrucción de su sede tradicional: el Convento de San Agustín. Pero, al contrario que otras cofradías y, gracias a las profundas raíces que la devoción al Santo Crucifijo había echado entre los granadinos, la Hermandad logró superar tamaña adversidad y en el Monasterio del Santo Ángel no sólo encontró una nueva sede sino el amparo y cariño de la Comunidad de Clarisas Franciscanas lo que resultará determinante para recuperar e incluso superar su anterior trayectoria.
En 1810, exclaustrada la Comunidad Agustina y, ocupado por los franceses convento e iglesia, la Hermandad hubo de refugiarse en la cercana Colegiata del Salvador donde permaneció tres años. Pese a todo, estos años no fueron totalmente negativos pues se mantuvo la devoción al Santo Cristo gracias, especialmente, a la entrega de sus devotos como reconocería la Hermandad poco después que incluso proporcionaron –con el beneplácito de las autoridades francesas lo que demuestra el peso y el respeto que la devoción tenía en la ciudad- un nuevo retablo procedente del Convento del Carmen Calzado.
Evacuada Granada por los franceses en 1812, la Hermandad y la Comunidad regresan a San Agustín y con ella el nuevo retablo –adquirido ya definitivamente por mil cuatrocientos reales que pagaron los hermanos- pues la capilla primitiva había sufrido numerosos e importantes destrozos.
1816 será un año trascendente para la historia de la Corporación pues se funda la Asociación de Señoras. La creación de esta rama femenina obedece a un doble motivo. Uno, premiar la dedicación que sus devotas habían desempeñado a lo largo de toda la historia y, sobre todo, durante los años difíciles de la ocupación francesa. Otro, superar la tajante prohibición que en sus Reglas se contenía acerca de la presencia de mujeres. La Asociación de señoras – sobre la que volveremos en otra entrega- es, por consiguiente, una forma de integrar a la mujer en la Hermandad sin quebrantar las Constituciones, otorgándole una importancia legal que ya tenía de hecho.
La normalidad no duró mucho pues en 1820, tras el pronunciamiento del coronel Riesgo, se reinstauró el gobierno liberal y con él se retomaron los propósitos desamortizadores acordados en las Cortes de Cádiz de 1812. Empero, la inmediata exclaustración de la Comunidad Agustina no afectó al culto en la iglesia del convento ni a la Hermandad. En estos años, como ya ocurriera entre 1810 y 1812, el protagonismo de las hermanas volvió a ser decisivo. Se enriquecieron los cultos al Santo Cristo, con una nueva función el 4 de agosto, día anterior al triduo que precedía a la Fiesta del Voto, y, asimismo, se amplió el ajuar de la Hermandad con diversos enseres entre los que destacaban dos lámparas de plata y dos arañas de cristal. Las primeras, que se colocaron en el arco toral de la capilla mayor, fueron donadas por Encarnación Rocaful, María Teresa López de Ayala, María Josefa Méndez y el Secretario de la Hermandad Juan José Méndez. Las segundas, nueva donación de María Teresa López de Ayala, se situaron en la media naranja de la iglesia y en uno de sus laterales.
Tras la caída del gobierno progresista en 1824, la Comunidad Agustina regresó a su convento. En 1830 Juan José Méndez, verdadera alma de la Hermandad desde los primeros años de la centuria, cesó como Secretario. Fue sustituido por José María Palomo y Mateos que permaneció también un largo período en el cargo, cuarenta y cuatro años.
La epidemia de cólera morbo que estalló en 1832 hizo que los granadinos volvieran a impetrar la intercesión de su Sagrado Protector. Así el 9 de agosto, un día después del Voto de la Ciudad, el prior de la comunidad ordenó que se celebraran tres días de rogativas, acordando la Hermandad y su rama filial correr con todos los gastos.
Como la epidemia no remitía, dos años más tarde, en Cabildo Extraordinario de 18 de febrero, se decidió sacar en procesión de rogativas al Santo Crucifijo. Sin embargo, por la oposición del Gobernador Militar y de algunos sectores ciudadanos, la procesión no se celebraría hasta meses después según acuerdo de 13 de julio. En los carteles que se fijaron y repartieron por la ciudad se podía leer: "La Hermandad deseosa hoy está de aplacar la ira e invocar la misericordia del Todopoderoso para que consigan la apetecida salud esta Ciudad y sus contornos, cruelmente afligidos muchos meses hace por una enfermedad desoladora, ha dispuesto después de la practica de ejercicios devotos y novena del Santísimo Cristo, sacar su Sacrosanta Efigie en rogativa pública el viernes 18 del corriente mes de julio, a las cinco de su tarde, conduciéndola desde la iglesia de su Convento de San Agustín a la de San Juan de Dios, sitio que se ha elegido por hallarse en él el mayor número de enfermos. En esta última iglesia permanecerá la Soberana Imagen todo el tiempo necesario para dirigirle en público las preces que se han señalado, y concluidas, será devuelta en los mismos términos a su iglesia. El Excmo. Ayuntamiento de Granada ha condescendido gustoso en acompañar y presidir esta devota procesión de rogativa, a la cual asistirán todas las comunidades religiosas y clero secular, invitados uno y otro para este efecto".
Sería ésta la última vez que el Santo Cristo saliera a la calle acompañado por los hijos de San Agustín. Un año después, el 23 de septiembre, a consecuencia de los decretos desamortizadores del gobierno, la Hermandad se vería obligada a buscar cobijo entre las monjas Clarisas del Santo Ángel. No sería sin embargo un punto final, sería un punto y aparte que daría paso a un nuevo e inmediato período de esplendor acorde con la devoción que exigía su Divino Titular.

Autor: José Szmolka Clares
Título: "Historia de una bendita realidad V".
Publicado en: Boletín "El Muñidor" de
Marzo-Abril 1994.
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