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HISTORIA DE UNA BENDITA REALIDAD IV
DATOS PARA LA HERMANDAD
CONSOLACIÓN. UNA ADVOCACIÓN RECUPERADA

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JOSÉ SZMOLKA CLARES

l aniversario de la bendición de la Imagen de nuestra Titular que se conmemora en estos días iniciales del año, es buena ocasión para que recordemos otra Virgen de esta misma advocación que fue titular de una peculiar cofradía vinculada, como la nuestra en estos momentos, a una comunidad franciscana.
Aunque las antiguas hermandades de penitencia utilizaban en sus estaciones varias imágenes, normalmente -excepto en algunos casos- la advocación se refería exclusivamente a la imagen principal. Así ocurría en la Hermandad de la Vera-Cruz que solía procesionar, además de su titular, a una Virgen Dolorosa sin expresar formalmente su advocación. De esta manera en los documentos que conocemos aparece en unas ocasiones como Virgen del Rosario, y la mayoría de las veces, como "una Dolorosa" simplemente, lo que indica la poca importancia que le otorgaban los hermanos de la cofradía franciscana.
Quizás por este motivo, un grupo de devotos de "la familia gallega de Granada" acordaron, en 1677, ocuparse expresamente de ella tanto en sus cultos internos como externos por lo que llegaron a una concordia con la Hermandad de la Vera-Cruz según la cual se constituirían como una especie de sección semi independiente de la misma. Sin embargo, el año siguiente redactaron unas Reglas por las que se constituían en Hermandad de Nuestra Señora de la Consolación que poco después, el 9 de agosto de 1678, fueron aprobadas por el provisor de la Diócesis y refrendadas por el Arzobispo Don Alonso Bernardo de los Ríos. Ese paso dado por los gallegos granadinos y, sobre todo, el refrendo del ordinario hacia de la nueva Corporación un caso especial dentro de las cofradías pues se convertía en una hermandad de pleno derecho cuando, según la concordia del año anterior, no era más que una sección de la Cofradía de la Vera-Cruz. Por el momento ésta, sumida en una grave crisis, no tomó ninguna decisión pero estaba claro que tarde o temprano surgirían problemas y enfrentamientos entre unos y otros.
En la escritura de 1677 se obliga a "que por los días de sus vidas sacarán el paso de Nuestra Señora de la Consolación en la procesión del Jueves Santo en la tarde, incorporados con dicha procesión de la Vera-Cruz", con túnicas negras y el mayor acompañamiento de cera posible y, además a rendirle culto interno en cualquier día del año.
Las Reglas de 1678 descubiertas, como el resto de la documentación utilizada por nuestro hermano Miguel Luis López Guadalupe Muñoz en el Archivo Eclesiástico de la Curia, ponen al descubierto una Hermandad plenamente formada. Aunque la fundaron gallegos y, por tanto, podía ser considerada de carácter grupal o nacional, era una corporación abierta pues podía ser hermano cualquier persona siempre que fuera honesta, virtuosa y de buenas costumbres.
Su fin primordial era el culto a su titular, especialmente el externo como ya se expresaba en la concordia. Un segundo fin, propio de todas las hermandades, el enriquecimiento espiritual de sus hermanos, se cumpliría con creces gracias al crecido número de indulgencias y bulas que le proporcionaba su vinculación a la Vera-Cruz. Por último, el fin asistencial, consistía básicamente en prestaciones funerarias acompañando en pleno al hermano difunto con cera y estandarte y proporcionándole enterramiento en su capilla.
La Junta de Gobierno, que se reunía mensualmente, estaba formada por el Hermano Mayor, Mayordomo, Secretario, dos Alcaldes (Fiscales), Mayordomo de bienes, Camarera y Padre de Ánimas (Director Espiritual). Sólo se celebraba un Cabildo General en Pascua de Resurrección para renovar, mediante elección, parte de la Junta.
Pese a que en la escritura de concordia se reservaban el derecho a organizar fiestas en cualquier día del año, en las Reglas sólo aparecen consignadas dos: la principal, ofrecida a su Titular el primer domingo de julio con misa cantada, sermón y procesión, y la de Difuntos, también con misa solemne.
La financiación de la Hermandad se hacía a base de cuotas y demandas. La cuota de entrada era de una libra de cera o su equivalente en metálico, y la anual de dos reales. Además todos los meses realizaban demandas encargándose de ella un hermano (el "mesero") que se comprometía a asegurar un fijo mínimo caso de no realizarla u obtener menos de lo previsto. El sistema no debió de funcionar mal pues en 1708 la Hermandad presentaba un balance favorable de 2.266 reales, algunos bienes inmuebles y un importante ajuar. Y es que, en contra de la costumbre de la época, sus hermanos procuraron evitar gastos superfluos. Al menos ese era un deseo expresado en las Constituciones: "ahora ni en ningún tiempo para siempre jamás, en esta Cofradía y Hermandad no se pueda dar ni dé comida, ni colación, ni bebida alguna a costa de la limosna de la cofradía, ni a escote de los hermanos della en ningún ajuntamiento ni fiesta".
Las contradicciones existentes entre la Concordia suscrita con la Vera-Cruz y las Reglas de 1678 forzosamente habría de provocar fricciones entre ambas corporaciones. En 1689 la Vera-Cruz no pudo salir por dificultades económicas por lo que la Virgen de la Consolación, de acuerdo con la Concordia tampoco lo hizo. Al año siguiente, viendo los hermanos de Consolación que la situación seguía igual, pidieron licencia para efectuar la estación de penitencia por su cuenta ya que la pasividad de la Hermandad Matriz les perjudicaba. Esta pensando que la petición encubría un intento por alcanzar la autonomía y quebrantar su primacía, se opusieron argumentando que "la Santísima Imagen de Nuestra Señora de la Consolación siempre había sido y era propia de dicha Hermandad, que la ha sacado en procesión con las demás hechuras y efigies de que se componían". En consecuencia, entabló un pleito no sólo ante la autoridad eclesiástica sino también ante la civil, pleito que terminó perdiendo.
A pesar de ello, la Concordia se mantuvo y, lo más importante, permitió que la Cofradía de la Vera-Cruz prosiguiera su vida hasta las postrimerías del siglo XVIII.
Posteriormente la exclaustración de la Comunidad traería consigo la dispersión de las imágenes que allí se veneraban perdiéndose, por tanto, el rastro tanto del Crucificado de la Vera-Cruz, como de su Madre Santísima Virgen de la Consolación.

Autor: José Szmolka Clares
Título: "Historia de una bendita realidad IV".
Publicado en: Boletín "El Muñidor" de Enero – Febrero 1994.
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