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EL QUINARIO AL SANTO CRISTO
DE SAN AGUSTÍN DEL AÑO 1945

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MIGUEL LUIS LÓPEZ-GUADALUPE MUÑOZ

 no de los quinarios más extraordinarios en la historia de la Hermandad Sacramental del Stmo. Cristo de San Agustín es sin duda el del año 1945, por las circunstancias que lo rodearon: la bendición de la nueva iglesia del Convento del Sto. Ángel Custodio de Granada.

Tuvo lugar el día 2 de octubre de ese año, festividad del Santo Ángel, lo que obligó a la Hermandad a alterar la fecha de su quinario, que tradicionalmente se celebraba en el mes de agosto, en torno a la renovación del Voto de la Ciudad (8 de agosto) y que pasaría, al mediar la década de los setenta, a fechas de Cuaresma o pre-cuaresmales (mes de febrero).

Corrió el sermón en la “Solemne Inauguración del nuevo Templo” a cargo del canónigo de la Catedral de Granada D. Juan Cuenca Carmona, almeriense de nacimiento y con una larga carrera eclesiástica ligada al cabildo catedralicio. La bendición correspondió al arzobispo, D. Agustín Parrado. También poco antes del comienzo del Quinario, el día 4 de octubre, festividad de S. Francisco de Asís, había tenido lugar una solemne función, que contó con  la predicación de D. Rafael Ponce de León, párroco de S. Andrés.

Este sacerdote diocesano, que contaba por entonces los sesenta y cinco años de edad, era todo un referente en el mundo eclesial y social granadino, por sus profundas inquietudes, como se desprende de la creación de un sindicato agrario y de una revista durante su ministerio en Dúrcal, pueblo en que regentó la parroquia durante veintiocho años, hasta 1934 en que se instaló en Granada, primero como vicario en la iglesia del Sagrario y después como titular de la parroquia de S. Andrés. Años más tarde, en 1954, tuvo un protagonismo especial en la conmemoración granadina del primer centenario de la promulgación del Dogma de la Inmaculada Concepción de María.

Fueron, por tanto, predicadores extraordinarios los que ocuparon el púlpito en aquellas jornadas de comienzos del otoño de 1945. Eran jornadas con sabor agridulce para las religiosas. Sabor agrio por haber tenido que abandonar la iglesia (en la calle Elvira) donde había permanecido la comunidad durante casi tres siglos, tanto en el edificio original, como en el reconstruido entre 1819 y 1830 y que se mantuvo en pie hasta 1934; once años habían transcurrido desde entonces, acogidas las monjas por las de la Encarnación. Sabor dulce, en fin, por ver cumplido el sueño de tener iglesia propia, en este inmueble de la calle de San Antón, donde el Cristo de San Agustín, como en el convento anterior (tras la Desamortización) ocupará el altar mayor, flanqueado ahora por las representaciones de S. Francisco y Sta. Clara, mientras que antes lo había sido por sendas esculturas de la Virgen y S. Juan. Nada extraña, por tanto, que esta nueva iglesia bendecida en 1945 se consagrara al Stmo. Cristo de San Agustín, como consta en una nota del Libro de Actas de la Hermandad.

El quinario tuvo lugar los días 8 al 12 de octubre, con el ejercicio propio de estos cultos por la mañana (a las diez y media), y solemne función cada tarde (a las cinco y media). La función del día 11, ofrecida por el Ayuntamiento de Granada, fue celebrada por el redentorista P. Manuel Vela.

El coste del Quinario para la Real e Ilustre Hermandad ascendió a 560 pesetas. Y es que, mostrando una vez más las estrechas relaciones con la comunidad de religiosas, los hermanos y hermanas del Cristo de San Agustín se esforzaron por realzar la efeméride, como lo muestra la convocatoria de este Quinario, que bien pudiéramos tildar de extraordinario.

El cartel recoge los nombres de los responsables de la Hermandad, los comisarios Adrián Caballero Giménez de la Serna, Huberto Meersmans de Page y Tomás Lucena López, así como de la Asociación de Señoras, las Comisarias María Hurtado de Valverde, María Hurtado de Olazábal y Carmen Caballero Giménez de la Serna. Adrián Caballero, funcionario del Estado, había sido durante menos de dos meses, en 1937, presidente de la Comisión Gestora del Ayuntamiento de Motril, mientras que Huberto Meersmans era el sobrino del rico coleccionista –Huberto Meersmans de Smet- que poseyó durante cuarenta años el célebre Carmen de los Mártires, en el que albergó a los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia en su visita a Granada (1904) y en el que gozó de la amistad personal de Manuel de Falla y de Federico García Lorca. Nuestro Hermano César Girón dedicó un capítulo a este interesante personaje en su “Miscelánea de Granada”.

El cartel de convocatoria del Quinario recoge, como era habitual, el recuerdo de la intercesión benéfica del Santo Crucifijo con ocasión de la epidemia de peste de 1679, que dio origen al Voto de la Ciudad, así como la concesión de indulgencias por el Papa Pío IX en 1863.

El último día del quinario tuvo lugar la junta de la hermandad, en la que, además de rezar por los difuntos, se nombraron comisarios para el año siguiente: para los varones D. Horacio Moreu (conde de Torre-Isabel, de ilustre familia motrileña, que se había visto mermada en la Guerra Civil, con la muerte de su padre en el frente y el asesinato de tres de sus hermanos), D. Joaquín Valverde y D. Adrián Caballero Magán, y para las señoras la marquesa de Guadacorte, D. Mercedes Valverde Giménez de la Serna y Dª. Consuelo Moreno Giménez de la Serna. El componente aristocrático seguía estando vivo en la hermandad, así como las estrechas vinculaciones familiares entre sus miembros.