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PIEZAS DE PLATA QUE
ACOMPAÑAN A LA
IMAGEN DEL SANTO CRISTO DE SAN AGUSTÍN |
n el trabajo se estudian
las piezas de plata que complementan a la imagen del Santo Cristo de San
Agustín que se venera en el convento del Santo Ángel y que es sacada
procesionalmente en Semana Santa.
Las piezas objeto de estudio son: la Cruz, INRI, Corona de Espinas y Aureola de
Santidad destacándose por su importancia artística y simbológica la primera
de las obras mencionadas y que cronológicamente es del siglo XVIII.
No es nuestra pretensión realizar aquí y ahora un estudio completo acerca de
la Cruz de Cristo, tema del que nos ocupamos en otra publicación,1
aunque dada la importancia y el significado de los elementos de adorno que ésta
tiene, resulta indispensable resaltar de un lado, que es la plata la opción
matérica elegida en la presente ocasión por nuestro platero, resaltando de
otro el interés y la buena materialización que tienen los diversos elementos
que conforman sus motivos de exorno, aspectos esos que le dan sin duda a la obra
belleza y originalidad 2.
1.- LA CRUZ
1.1.- DESCRIPCIÓN DE LA
OBRA:
Es de todos conocido que la
inmensa mayoría de las cruces sobre las que se colocan Crucificados de tamaño
natural fueron realizadas en madera con sólo casquetes y remates en oro o plata,
resultando por tanto piezas siempre a destacar aquellas que prefieren el uso de
la plata para cubrir su alma.
Complemento de la impresionante talla que procesiona en nuestra capital la Muy
Antigua, Real e Ilustre Hermandad Sacramental del Santísimo Cristo de San
Agustín, Jesús Nazareno de las Penas, Nuestra Madre y Señora de la
Consolación y Santo Ángel Custodio de principios del siglo XVI y de Jacobo
Florentino El Indaco 3, es su no menos hermosa Cruz cuadrada, plana
de 0,08 m. de grosor, de plata cincelada y repujada y del siglo XVIII, con 3,64
m. en el stipes y 2,03 en el patibulum 4, medidas que se ajustan a
las que posiblemente tuvo la Cruz
de Cristo 5.
La pieza de estilo barroco cincelada y repujada se encuentra dividida tanto en
el stipes como en el patibulum por recuadros encuadrados por moldura de borde
ingleteado, recuadros esos que son de diferente medida 6, quedando
sus láminas de plata fijadas a la madera por medio de diminutos clavos,
láminas que se separan unas de otras por un rico juego de molduras.
Sobre las superficies de los tramos del anverso de fondo punteado, se
distribuyen grandes ochos de perfil vegetal y floral cuyos centros interiores
acogen respectivamente a hermosas flores, todas de idénticas características
de seis pétalos, y símbolos de la Pasión de Cristo, así, en el primero de
ellos está el Sol y una mano clavada sobre flor de seis pétalos; en el segundo
en uno de sus centros está el Gallo sobres tres Dados y en el otro nueva flor;
en el tercer recuadro se halla una flor y la Columna, Esponja y Lanza; en el
cuarto el referido elemento natura y en el otro centro el Látigo y caña
cruzados en aspa; el quinto recuadro lleva la mano y la bolsa de las monedas de
Judas y la consabida flor; y el sexto y último, se adorna con nueva flor sobre
la que se clara una mano y en el otro centro de ocho el sol.
A todos estos recuadros hay que sumar el central que es cuadrado y de diferente
longitud (18 x 18), el cual se divide por aspa lisa con adorno de cuerda en su
perfil, existiendo en los campos que ella delimita elegantes hojas de acanto.
(Lam.1).
Junto a este cuadrado hay otro de igual medida que se sitúa inmediatamente
encima, el cual se adorna por una labor de ochos también floral y vegetal, que
en su centro lleva una cruz con corona de espinas en su base y que se enmarca
por acantos. (Lam.1).
Los siete recuadros o tramos del anverso del stipes varían sensiblemente sus
medidas 7, no mudándose sin
embargo los ya citados ochos, siendo ahora los motivos representados en sus
centros los siguientes: El que se une con el patibulum lleva la Santa Faz; el
siguiente y junto a la ya consabida flor tiene un motivo que nos resultó
imposible de identificar porque sobre él hay una argolla con gran clavo que
sirve para sujetar a la imagen de Cristo Crucificado. Los dos tramos siguientes
repiten la flor en uno de los campos delimitados por el exorno de ochos y, en
los otros, motivos que tampoco pudimos leer por descansar sobre ellos el cuerpo
de la Venerada Imagen.
En los sucesivos recuadros los temas que figuran son - y junto al motivo floral
que no falta -, la mano y parte del brazo con la bolsa de las monedas; la corona
de espinas y los clavos; en otro la escalera, esponja y lanza y en el último de
los pies: la linterna de Malco con machete y antorcha cruzada.
No descuidó el artífice de tan especial obra el reverso de la cruz pues
también ella se adorna con ochos, flores y motivos relacionados con la Pasión
como son, en el patíbulum; la luna; el gallo; la escalera, lanza y esponja; el
central que repite el tema aparecido en el anverso al igual que el que queda
inmediatamente encima; el cuarto y quinto tramo también se adornan como el
anverso y el último que lleva una media luna.
De igual forma el stipes tiene; la Santa Faz; un recuadro que como en el anverso
no se puede identificar; le sigue la escalera, esponja y lanza; la linterna de
Malco 8, la flor con una mano; la túnica y lanza en otro; el
martillo y las tenazas; la escalera, esponja y lanza y por último la linterna
de Malco.
Como prueba del esmero y cuidado que el platero puso en la ejecución de la obra
es el hecho de que no se descuiden los lados menores de la cruz (Lam.2) que se
adornan con tallos vegetales que van formando elegantes y rítmicas curvas,
apareciendo en sus centros bellas y carnosas flores -en capullos unos y abiertas
otras- , de distintos pétalos y que se repiten por todo el derredor de la
pieza.
Junto a cuanto llevamos visto cabe destacar la elegante traza de los remates del
patíbulum (Lám.3) que se resuelve de forma escalonada, con distintas grecas
vegetales muy finas que dan vida a la base, existiendo en la parte superior
escalones de perfiles curvados unos y cuadrados otros con adornos salpicados
vegetales y de rocalla.
1.2. LA SIMBOLOGÍA DE LA
OBRA:
No es la primera ocasión
que nos acercamos al apasionante tema que es el estudio de los Instrumentos de
la Pasión
de Cristo que forman parte del programa iconográfico de piezas tales como
cálices y copones, cruces, antipendios, pinturas, bordados, etc.
No descubrimos nada nuevo si aseguramos que a lo largo de las distintas épocas
artísticas estos motivos simbólicos han variado en la frecuencia de su uso,
existiendo por tanto siglos en los que se repetían determinados instrumentos
marcados casi por una especie de moda.
De entre todo el abundante elenco de símbolos que pueden figurar en las obras
los que aquí se dejan ver son los siguientes; El Sol; La Luna; La Mano; El
Gallo y los Dados; La Columna, Esponja y Lanza; El Látigo y Caña; La Mano y la
Bolsa de las Monedas de Judas; La Cruz y Corona de Espinas; Los Clavos; La
Escalera, Esponja y Lanza; y la Linterna de Malco con Machete y Antorcha.
De cuantos temas hemos referido –casi todos de fácil lectura e
interpretación tanto para el profano como para el que no lo es- , llamamos la
atención en tres:
El Sol y la Luna, la Lanza y la Linterna de Malco.
Con relación al sol y la luna (Lam. 4) sus representaciones en el arte no son
infrecuentes, teniendo que recordar ejemplos tan señeros como los relieves de
estilo visigodo de la Ermita de Santa María de Quintanilla de las Viñas
(provincia de Burgos).
En el estudio que hace Cirlot sobre el astro rey 9 explica, entre
otras cosas, que la relación entre el sol y la luna para la imaginación
primitiva y astrobiológica llegó a ser forzosa, relación que era similar además a la que existe
entre el cielo y la tierra, resaltando asimismo que para
la inmensa mayoría de los pueblos el cielo, dice Cirlot, es símbolo del
principio activo quedando asimilado al sexo masculino y al espíritu,
simbolizando la tierra el principio pasivo el cual se asemeja al sexo femenino y
a la materia.
Además también se advierte en aspectos puramente físicos, pues la luna,
continúa ese autor lo que hace es desempeñar "el papel pasivo de reflejar
la luz que el sol en la actividad le envía".
Con relación al segundo de los símbolos destacados, la Lanza, en opinión de
nuevo de Cirlot "La Lanza que Sangra, que aparece en la leyenda de Graal, a
veces ha sido interpretada como lanza de Longino, relacionándola con la
Pasión; aunque continúa, hay autores que rechazan esta interpretación y le
otorgan un sentido simbólico general de sacrificio" 10.
Aparte de las interpretaciones y lecturas más o menos acertadas que cada uno de
nosotros podamos hacer de los Instrumentos de la Pasión, hay sin lugar a dudas
algunos de estos que llaman fuertemente la atención por su misma rareza, baste
recordar como ejemplo la azuela y la sierra que figura, entre otros, en un
cáliz recogido por el Dr. Cruz Valdovinos que es de la época de los Reyes
Católicos y que el aludido investigador sitúa quizás en Valencia planteando,
y esto es lo que más nos interesa, dudas acerca de la relación entre la
aludida azuela y el madero de la Cruz 11.
Uno de los temas de más interés que se representa en la cruz que es objeto de
estudio es La Linterna de Malco y ello, por su singularidad, y por no ser tema
que se prodigue en exceso (Lam. 5).
Según explica Reau en el siglo XV y con relación al XIII, hay un aumento y
complicación de los elementos que conforman los Instrumentos de la Pasión,
citándose en ese siglo el que es ahora objeto de nuestra atención entre
algunos otros más 12.
El Padre y doctor en Teología Martínez Medina 13 se ocupa también
de los problemas planteados por los Instrumentos de la Pasión, recordando como
ejemplo de interés el frontal del altar de la tercera capilla lateral
izquierda, de mediados del XVIII, de la iglesia de San Ildefonso, que lleva
incrustaciones de mármol en donde figura entre otros la referida linterna.
De los Cuatro Evangelistas que relatan la pasión de Nuestro Señor es San Juan
el que de forma explícita y refiriéndose al momento del Prendimiento de Cristo
en Getsemaní (18, 2-11), nos da más detalles que nos son de especial interés,
aludiendo a la llegada de Judas a aquel lugar acompañado de gendarmes que
llevaban, dice, linternas, antorchas y armas, y también de como Simón Pedro
hirió con su espada al siervo del sumo sacerdote al que le cortó la oreja
derecha, dice, siendo Malco el nombre del siervo.
1.3. LOS ELEMENTOS DE
ADORNO:
Junto a los símbolos que
lleva la cruz vimos como en la estructuración en esquema de ochos que presenta
y en los lados laterales menores, se insertaban también en su reparto tallos y
dóciles flores de elegante traza y ejecución que dan lugar a composiciones de
especial belleza (Lam. 2).
Matiz interesantísimo que debemos resaltar es que la obra refleja fielmente las
corrientes artísticas del momento, pues es de todos conocida la importancia que
tienen en el siglo XVIII los pintores de floreros como se les llama, siendo
también la flor en esta ocasión, tema que atrae muy especialmente la
sensibilidad de nuestro artista.
A pesar de ver como los motivos utilizados son sucintos y limitados, su mayor
virtud está en alcanzar la perfección a través de su realismo, cualidad ésta
que propicia un auténtico recreo visual para el contemplador.
2. EL INRI
Las letras INRI van sobre
una elegante placa de plata de 0,32,5 x 0,20,5 m., de perfiles ondulados y
perlados con remates laterales con ces y veneras y superior con lazo vegetal. El
Campo interior presenta carnosas y curvadas hojas y, en el centro, las aludidas
letras floreadas y separadas por rombos (Lam. 6).
3. LA CORONA DE ESPINAS
La doliente cabeza del
Santo Cristo de San Agustín queda ceñida por una corona de espinas de plata y
de 0,26 m. de diámetro aproximadamente por 0,05 de anchura que forma red de
rombos calada de donde nacen grandes espinas (éstas tienen de 3 a 4 cm.) (Lam.
7).
4. AUREOLA
Al igual que el resto de
los elementos que hemos comentado, la aureola de santidad que lleva Cristo en su
cabeza es de plata 14 (Lám. 7) calada con hermosas hojas y flores
que dan marco a una cruz central. En el borde externo hay doble greca, una
perlada y otra vegetal, de donde nacen rayos rectos y ondulados de distinto
tamaño diez de los cuales quedan rematados por estrellas 15.
5. LOS PROBLEMAS DE
AUTORÍA
En trabajo de
investigación reciente 16 fue cuando tuvimos ocasión de acercarnos
por vez primera a esta cruz, y aunque el estudio que entonces efectuamos
resultó muy incompleto por la dificultad que nos planteó la colocación de la
obra en el altar mayor del convento, se nos comunicó entonces que en la
reciente limpieza de la obra (1992) efectuada en los talleres de la Viuda de
Villarreal (Sevilla), se pudo ser la marca de Fiel Contraste, un tal Romero, que
vivió en la primera mitad del siglo XVIII.
Con este dato y sin querer restarle interés, no se resuelve ni se llega a saber
quien fue el maestro platero autor material y directo del trabajo, pudiendo
darse la circunstancia además, como se desprende de la lectura del documento
nº 2, de que la cruz al parecer fue mutilada 17 , faltándole por
ello los dos tramos finales en los que bien pudiera haber estado la marca
completa de la obra figurando allí la del Autor; Fiel Contraste; Ciudad y
Cronológica.
De todas formas y a pesar de tan significativa laguna, a juzgar por la obra,
podemos aventurar que su artífice debió ser persona culta e instruida en temas
sagrados, de fuerte sentimiento religioso, conocedor de los procedimientos de su
oficio y buen maestro del difícil arte de la platería, que se complacía en el
trabajo bien hecho y que tenía una singular vocación creadora como se
desprende de la detenida contemplación de los pequeños motivos de adorno que
se reparten por la pieza.
A todo ello debemos incorporar que hay algo en la obra que llama poderosamente
nuestra atención y es, la decidida valentía que demuestra este maestro a
juzgar por el propio material elegido para la cruz, dadas sus proporciones y su
logrado perfeccionismo, que gana el elogio de quien la contempla detenidamente.
Por último debemos señalar que puesto que desconocemos el nombre de este
platero, ignoramos también sus posibles evoluciones estilísticas o las
variaciones en su trayectoria artística, de la misma forma que no podemos
referirnos a sus otras obras de platería, pero, a pesar de todo ello, y por
solo lo que hemos estudiado pensamos debió ser maestro de interés.
En tan oscuro tema hay una referencia documental que da algo de luz sobre este
maestro y concretamente nos referimos a un platero llamado Andrés Romero que
sabemos vivió en 1730 y que fue acompañado de Fiel de Plata de otro maestro
Francisco Pérez de Oviedo.
La única anécdota que conocemos de la vida de Andrés Romero es que al parecer
sufrió un accidente que le impedía ejercer el cargo de Fiel de Plata y como
además no tenía en su poder el título para ello, pide que el mencionado cargo
recaiga en Francisco Pérez 18. La brevedad de la cita no le resta
importancia pues gracias a ella de una parte damos fe de la existencia de este
maestro y de otra conocemos que vivió en Granada en 1730.
Para finalizar digamos que en más reciente fecha, concretamente en 1918 como se
ve por los documentos que se adjunta, hubo un intento de completar la obra a
cargo del platero Tomás Agrela, intento que no se llegó a efectuar.
6. VALOR ARTÍSTICO DE LAS
PIEZAS
Muchos son los elogios que
se podrían referir acerca de tan magníficos trabajos pero, porque su sola
relación sería larga, preferimos exponer sólo aquellos valores artísticos que
por ser más importantes resultan también más destacables.
Lo primero que cabe apuntar es que la cruz en su conjunto tiene majestad y
aciertos que le dan originalidad,
existiendo además una perfecta simbiosis de
símbolos y motivos de adorno. La plata en esta ocasión se ennoblece gracias no
sólo al buen trabajo de su platero, sino también por el pensado panorama de
símbolos que se reparten por todo el árbol de la cruz, no restándole además
su pequeño formato cualidades tales como belleza y calidad.
Proporción, armonía, elegancia, cuidado y esmero en los detalles, materiales
que se saben ennoblecer y enriquecer, suavidad de las líneas y contornos,
interés por el ritmo, son otros tantos calificativos que debemos anotar para
poder abarcar toda la magia de esas producciones, pero, cuanto hemos señalado
serían juicios incompletos si olvidásemos referir que el mayor atractivo de la
obra reside, a nuestro juicio, no sólo en la originalidad de algunos de los
símbolos empleados, sino y sobre todo, en la manera en que el artista sabe
plasmar esos temas sin omitir su relación con los motivos de la naturaleza, la
cual es captada con intensidad y vigor.
Si es cierto que en toda obra de arte no basta con ver sino que es preciso
entender el mensaje que ésta contiene, bien para asumirlo o enfrentarlo, en el
caso que nos ocupa creemos que este pensamiento se vuelve más real ya que sin
el aludido entendimiento esta obra resultaría vacía, con falta de realidad y
sin efectos.
Y para finalizar cabe también destacar una valoración que entendemos es de
singular importancia como es el hecho de advertir la habilidad del artista para
saber llevar a cabo obras que admiten la doble formulación de su contemplación
general por un lado, y por otro, propiciar la recreación fragmentaria.
Autor:
Pilar Bertos Herrera.
Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Granada.
Título: "Piezas de plata que acompañan a la Imagen del Santo Cristo de
San Agustín".
Publicado en: Cuadernos de
Arte de la Universidad de Granada. Número 17 de 1996.
Prohibido reproducir total o parcialmente este trabajo sin la mención expresa
de su fuente de procedencia.
NOTAS
1. BERTOS HERRERA,
Pilar. Imaginería y Platería de la Semana Santa de Granada. Granada, 1994,
p.31
2. Aclaramos que ésta es la segunda vez que nos acercamos a estudiar la
cruz, ya que en nuestro primer intento y por las dificultades que nos
planteó la propia disposición de la obra en el Altar Mayor del Convento
del Santo Ángel, el análisis resultó incompleto.
3. Para ampliar más sobre esta trascendental obra véase: Ibid., p.78.
4. Aclaramos que según los hermanos de la Hermandad de Penitencia, las
medidas de la obra debieron ser sensiblemente mayores pues ésta fue cortada
en su base.
5. Ibíd., p. 32.
6. En el patibulum hay seis recuadros de 31 x 17,05 y el central de 18 x 18.
En el stipes existen siete recuadros de 28 x 17,5 y 17 x 20 el que se une
con el patibulum.
7. Estos son de 28 x 17,5, excepto el que se une con el patibulum que es de
17 x 20.
8. Este motivo no se observa con claridad, pudiendo ser la linterna de Malco
o una jarra.
9. CIRLOT, Juan Eduardo. Diccionario de Símbolos. Barcelona: Lábor, 1981,
p.416 a 419
10. Ibid., p.286.
11. CRUZ VALDOVINOS, José M. Platería en la época de los Reyes
Católicos. Madrid. Fundación Central Hispano. 1992
12. REAU, L. Iconographie de L’art Chetien. Paris, 1957, pp. 508, 509.
13. MARTÍNEZ MEDINA, F. Javier. Cultura religiosa en la Granada
Renacentista y Barroca. Granada. Universidad de Granada, 1989, pp. 134 –
139.
14. Sus medidas son 0,17 m. de diámetro sin los rayos y 0,47 m. de
diámetro con ellos.
15. Los clavos por medio de los cuales queda sujeta la figura de Cristo al
árbol de la Cruz, no los recogemos en este trabajo pues ellos quedaron
estudiados en otra publicación . Para ello consúltese: BERTOS HERRERA, P.
Imaginería y Platería de la Semana Santa de Granada, 1994, pp 190 y 217.
16. Ibid., pp. 78-83 y 217.
17. A la longitud que hoy tiene se le debe agregar dos tramos a 30 cm. de
longitud.
18. BERTOS HERRERA, Pilar. Los Escultores de la Plata y el Oro. Granada:
Universidad de Granada, 1991, pp. 117 y 192.
19. Ambos documentos nos fueron facilitados por D. Miguel Ángel Fernández
Medina, hermano de dicha Cofradía, y en papeles sueltos.
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