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NUESTRO PADRE JESÚS NAZARENO DE LAS PENAS DE LA HERMANDAD DEL SANTÍSIMO CRISTO DE SAN AGUSTÍN

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RAFAEL LÓPEZ MOYA

a Historia de la Semana Santa en la Granada contemporánea, nos ha ofrecido desde sus comienzos, a principios del S.XX y hasta el momento presente, numerosos ejemplos de cambios y sustituciones de imágenes procesionales, tanto titulares como secundarias, que por razones que obedecen a las más variadas causas, propiciaron a menudo el tránsito, valga la expresión, de algunas de ellas por diferentes Hermandades, llegando éstas a procesionarlas en no pocas ocasiones y coyunturas distintas y contribuyendo de esta forma a forjar una particularidad, si no exclusiva, puesto que se trata de un fenómeno totalmente normal en cualquier Semana Santa, sí al menos característica de la de Granada, dado el elevado número, como decimos, de casos conocidos. La indudable progresión que viven actualmente las Hermandades, paralela a la relativa prosperidad económica, ha frenado en buena medida esta situación, al accederse, por un lado, de forma generalizada a los procesos de restauración, en el caso de tallas antiguas, y al posibilitar, por otro, la ejecución de nuevas imágenes en el caso de Hermandades de reciente creación.
El análisis de esta faceta en el conjunto de nuestra Semana Mayor como tema central de un estudio histórico-iconográfico, podría ser muy útil para resolver las grandes lagunas que aún quedan, incluso de etapas relativamente recientes, sobre la diversidad escultórica que han manifestado las cofradías granadinas, tanto por cantidad como por la importancia artística, y porqué no decirlo, en algunos casos también devocional, de las imágenes que protagonizaron las estaciones de penitencia durante'" el S.XX.
Las páginas de Gólgota me ofrecen la oportunidad de escribir sobre una de estas imágenes, la de Jesús Nazareno de las Penas, titular de la Hermandad del Santísimo Cristo de San Agustín, tan presente aún en la memoria colectiva de los cofrades granadinos, que su sola mención nos hace retroceder en el tiempo varias décadas, cuando fue conocido progresivamente, como Ntro. Padre Jesús de la Amargura, siendo titular de la Hermandad del Vía Crucis, como Ntro. Padre Jesús del Gran Poder, titular de la Hermandad de Ntra. Señora de la Esperanza, o también, años más tarde, como Ntro. Padre Jesús de la Pasión, de la albaicinera Hermandad de la Estrella.
En la actualidad, como decimos, es titular de mi Hermandad, del Stmo. Cristo de San Agustín, Sagrado Protector de la ciudad de Granada, la cual, tras la reforma de Reglas del año 1989, consideró oportuno incluirlo en sus Constituciones, convencidos los hermanos que al rendirle culto se complementaba de forma manifiesta la rica vida devocional de la Hermandad.
Desde un punto de vista iconográfico, representa a Jesús en el momento de recibir la cruz del suplicio, cuando le fue entregada en el pretorio, si bien con anterioridad a su agregación a la Hermandad, lo hacía representando el pasaje clásico de la calle de la Amargura, es decir, cargado con su Cruz, camino del Calvario. Al documentarnos sobre la historia de la talla, chocamos con las grandes lagunas que aún existen sobre su pasado más lejano, empezando por la propia fecha de ejecución y el nombre de su autor. Tradicionalmente se venía datando de forma algo ambigua, por parte de la mayoría de los investigadores, en el S. XVII; estudios más recientes, de la mano del profesor Juan Jesús López-Guádalupe Muñoz, vienen a barajar la posibilidad de que dicha factura fuese más cercana en el tiempo, situándola alrededor del último tercio del S. XVIII, y atribuyéndola, no sin reservas, al escultor Felipe González, que fue discípulo de Ruiz del Peral, y cuya muerte tuvo lugar en el año 1810. A este dato, no verificado aún, se sumaría con fuerza, no obstante, la datación, esta vez sí confirmada, de la magnífica túnica que posee la imagen, en terciopelo morado y bordada en oro, fechada en el año 1789.
Al margen de estas apreciaciones, es innegable que por el momento no se conoce la fecha en la que la imagen aparece en el convento de las Clarisas Franciscanas del Santo Ángel, ni si en su origen pudo ser una talla realizada con fines procesionales, como apuntó hace tiempo el profesor Szmolka Clares. En cualquier caso, la Semana Santa de Granada, al menos en lo que conocemos de su etapa más reciente, decidió recurrir a este nazareno, dadas sus evidentes cualidadés artísticas, para incorporarlo a sus desfiles mediados los años de la centuria pasada, bien por vía federativa, como ocurrió con el malogrado desfile antológico de 1952, conmemorativo del XXV aniversario de la fundación del ente, bien vía Hermandades, como ocurrió un año más tarde, con la Cofradía del Vía Crucis.
En el primer caso, recordemos que tras el polémico recorte del Ordinario al diseño original, que contaba con doce escenas de la Pasión, y que finalmente devino en cinco, la Federación confirmó su presencia para la salida del Viernes Santo de ese año, programada desde la Santa Iglesia Catedral. la lluvia, en última instancia, malogró el intento, impidiendo el recorrido procesional. Un año más tarde, la Hermandad del Vía Crucis lo incorpora a su desfile penitencial, como prueba la fotografía del diario Ideal, publicada en "Historia Gráfica dé la Semana Santa de Granada" de M. Lirola y F. López, Pág. 141, y que como en el mismo texto se explica, lo convertían en el octavo nazareno utilizado por esta Cofradía desde su fundación.
Ese año de 1953, la Hermandad del Vía Crucis, estrenaba su primer paso de palio, donado por la fábrica de pólvoras de El Fargue, para la Virgen de las Lágrimas. Por estos años, la Hermandad pugnaba por abrirse nuevamente camino tras el duro golpe recibido por parte de la Autoridad Eclesiástica, dos años antes, cuando fue suprimido el inolvidable Vía Crucis al Cerro del Aceituno. El año 1954, fue el segundo y último que el nazareno del Santo Ángel procesionaría con esta Cofradía, siendo sustituido por la imagen que ha llegado hasta nuestros días bajo la advocación de Ntro. Padre Jesús de la Amargura, cuya talla es atribuida a José de Mora y que es sin duda, una de las mejores esculturas de nuestra Semana Santa.
Finalizada esta breve etapa en la Hermandad decana, la imagen continúa su periplo y es inmediatamente convertida en titular de la Cofradía de la Esperanza, bajo la advocación de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, viniendo a sustituir la igualmente notable imagen que hasta ese año y desde 1947, había procesionado la Hermandad con sede en Santa Ana, procedente de la clausura del convento de San Antón. No hay que olvidar, que la Hermandad, por aquel entonces "de los banqueros", de algún modo, vivió de cerca la compraventa del solar que ocupaba el convento del Santo Ángel en la calle Gran Vía, lugar donde se edificaría en 1941 la nueva sede del Banco de España. Igualmente, la comunidad de franciscanas, merced a este traslado, ocuparía desde 1945 y hasta la actualidad, la anterior sede bancaria sita en la calle San Antón. Esta relación pudo acercar al grupo de cofrades hasta la imagen, como se demostraría incluso después de haber dejado de procesionarla, cuando seguían solicitando la rica túnica de 1789 para que la luciera la nueva imagen de Cristo (Semana Santa Cranada'76. Federación de Cofradías. pág..137).
En 1955, año en que iniciaba las salidas procesionales con esta cofradía, se repite el hecho de estrenar el paso de Virgen su primer palio, obra extraordinaria de Trinidad Morcillo. junto a la inigualable imagen de Ntra. Señora de la Esperanza, compartió los recorridos penitenciales hasta el año 1962. Al año siguiente, la Hermandad, ante la negativa de las religiosas a seguir cediendo el nazareno hubo de lanzarse a la búsqueda apresurada de nueva imagen para el paso de Cristo. Alrededor de este asunto tuvo lugar uno de los episodios más pintorescos de la historia de nuestra Semana Santa. La talla que vino a sustituir a la imagen del Santo Ángel, procedía de una cabeza de nazareno, obra del escultor Roldán de la Plata, a la que se añadió un candelero realizado por el escultor Martínez Olalla con la premura de tenerlo terminado para la Semana Santa de ese año. Dicha cabeza había sido canjeada en el mes de marzo, a la Cofradía de la Aurora, a cambio del paso de Cristo que poseía la de la Esperanza, con la condición de que ese mismo año se le permitiera seguir utilizándolo dada la imposibilidad de conseguir uno nuevo en fechas tan cercanas a la salida. Para cerrar el círculo, baste recordar que la Cofradía de la Aurora había conseguido la mencionada cabeza tras cedérsela la del Vía Crucis, cofradía para la cual Roldán de la Plata había tallado originariamente la imagen.
Volviendo al nazareno del Santo Ángel, que es el que nos ocupa, recordemos que tras su paso por la Hermandad de la Esperanza se produce un largo paréntesis, hasta que en 1979 una Hermandad de reciente fundación, la de Nuestro Padre Jesús de la Pasión, decide acercarse hasta el convento de clarisas para solicitar su cesión de cara a su próxima salida procesional. Ya en la cuaresma de ese mismo año, es procesionado durante la celebración de un Vía Crucis por las calles del barrio del Albaicín, siendo al año siguiente cuando realiza su primera estación penitencial bajo la nueva advocación. En esta etapa, fueron tan sólo cuatro los años que llegó a desfilar en Semana Santa, debido a que la Hermandad, por cuestiones evidentemente prácticas, finalmente decide poseer imagen propia, encargándola al escultor sevillano Antonio J. Dubé de Luque, quien la tuvo terminada para la Semana Santa de 1984, y que ya había realizado con anterioridad (1981), la imagen de la dolorosa, María Santísima de la Estrella. Por tercera vez, el nazareno del Santo Ángel repetía la circunstancia de que esta imagen fuese acompañada en su inicial recorrido penitencial por el primer palio de la Hermandad que le procesionaba, siendo en esta última ocasión, un sencillo paso que cobijaba una Virgen del Carmen vestida de dolorosa, procedente del mismo convento del Santo Ángel y que fue la primera Virgen de la Estrella de nuestra Semana Santa. A modo de despedida de la Semana Santa de Granada, ese mismo año de 1984, que como decimos, se estrenaba la nueva imagen de Jesús de la Pasión, el nazareno del Santo Ángel figuraría en la portada de la Guía de horarios e itinerarios de la Real Federación de Cofradías.
Tras su paso por el Albaicín, el nazareno vuelve a la quietud de la Iglesia del convento del Santo Ángel, donde apenas unos años más tarde, en 1988, la renovada Hermandad del Santo Crucifijo de San Agustín, establecida canónicamente en dicho cenobio, decide acogerla como titular, esta vez bajo la advocación de Jesús Nazareno de las Penas, título nada ajeno a esta Hermandad ni a la propia Semana Santa de Granada, por cuanto en el año 1954, la efímera Cofradía de los Estudiantes, desfiló con el nazareno de la Iglesia de los Santos justo y Pastor bajo este mismo título y tan sólo un año antes, lo había hecho con el propio Cristo de San Agustín.
Los hermanos quisieron de este modo, añadir a la que iba a ser a partir de entonces su rica vida cultual, el sentido teológico de las penas de Jesucristo, rememorando el sufrimiento, no solo corporal del Hijo de Dios en su Pasión, sino aquel más profundo aún de su alma, al compartir solidariamente los sufrimientos del hombre, enfermedad, hambre y muerte, penas que quiso remediar sanando, dando de comer y resucitando. Él mismo, sufrió penas de traición, angustia, abandono, bofetadas, burlas e insultos, torturas físicas y finalmente la muerte, durante su Pasión, a causa del hombre. En la regla n° 32, se especifica que la "Hermandad celebrará con esta imagen un Solemne Vía Crucis por las calles adyacentes a su sede, tal y como se hizo en el año 1989. No obstante, un relativo precario estado de conservación, aconsejó en aquellos años, la inmovilización parcial de la imagen en tanto no se le realizara una restauración apropiada, situación que permanece en la actualidad. Por ahora, la Hermandad le ofrece solemne besamanos y función en el primer fin de semana posterior a la Epifanía del Señor, coincidiendo con la festividad del Bautismo de Jesús en el río Jordán.
Su divino rostro refleja el intimismo típico de la escuela granadina, en palabras del profesor Juan Jesús López-Guadalupe Muñoz, con pálida policromía, fino modelado de facciones, mirada baja y boca entreabierta, en clara actitud de diálogo, que recuerda e1 pasaje de Jesús en la calle de la Amargura, cuando se encuentra con las Santas Mujeres, y que tiene su complemento ideal cuando presente en el besamanos que anualmente se le ofrece, extiende su mano acogedora. No obstante, como mencionamos anteriormente, al convertirse en titular de la Hermandad del Cristo de San Agustín, se le modificó la posición de la cruz, pasando a portarla, más bien abrazarla, con el estípite hacia detrás, en un gesto igualmente de profundo sentido teológico. Dicha cruz, rectangular, policromada y con cantoneras antiguas de plata, fue sustituida en 1981, como amablemente nos recordaba en una entrevista el actual hermano mayor de la Hermandad de la Estrella, Francisco Martínez Ladrón de Guevara, primero por la que portaba Jesús del Gran Poder en aquellas fechas, de tipo arbóreo, y a partir del año siguiente, por otra de igual tipo que la original, pero de mayores proporciones y sin policromar.
Al igual que otras muchas imágenes antiguas, lució cabellera de pelo natural, manteniéndola hasta que los años finales de su etapa en la Hermandad de la Esperanza, cuando le fue sustituida por otra, que aunque aparente, fue realizada en materiales pobres, siendo la que posee actualmente. Este cambio provocó la supresión del nimbo de plata que lucía como atributo divino hasta entonces, siéndole adaptadas ya en los años ochenta, unas potencias en plata sobredorada, realizadas poco antes de terminar su paso por la Hermandad de la Estrella, en el taller granadino de Oriol, y que continua hoy día luciendo en los cultos del mes de enero, cedidas a tal fin por la mencionada Hermandad.
la Hermandad del Cristo de San Agustín no contempla la posibilidad de sumar esta imagen a su estación de penitencia, lo cual no influye en que se le dispense el trato litúrgico y devocional, que como titular de la misma requiere a lo largo de todo el año, siendo su presencia constante en el ánimo de los hermanos, allá donde se encuentren.

Publicado en la Revista Gólgota nº 25 de marzo de 2004
Boletín de la Federación de Cofradías de Granada  

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