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NUESTRO PADRE JESÚS
NAZARENO DE LAS PENAS DE LA HERMANDAD DEL SANTÍSIMO CRISTO DE SAN
AGUSTÍN |
a
Historia de la Semana Santa en la Granada contemporánea, nos ha ofrecido desde
sus comienzos, a principios del S.XX y hasta el momento presente, numerosos
ejemplos de cambios y sustituciones de imágenes procesionales, tanto titulares
como secundarias, que por razones que obedecen a las más variadas causas,
propiciaron a menudo el tránsito, valga la expresión, de algunas de ellas por
diferentes Hermandades, llegando éstas a procesionarlas en no pocas ocasiones y
coyunturas distintas y contribuyendo de esta forma a forjar una particularidad,
si no exclusiva, puesto que se trata de un fenómeno totalmente normal en
cualquier Semana Santa, sí al menos característica de la de Granada, dado el
elevado número, como decimos, de casos conocidos. La indudable progresión que
viven actualmente las Hermandades, paralela a la relativa prosperidad económica,
ha frenado en buena medida esta situación, al accederse, por un lado, de forma
generalizada a los procesos de restauración, en el caso de tallas antiguas, y
al posibilitar, por otro, la ejecución de nuevas imágenes en el caso de
Hermandades de reciente creación.
El análisis de
esta faceta en el conjunto de nuestra Semana Mayor como tema central de un
estudio histórico-iconográfico, podría ser muy útil para resolver las
grandes lagunas que aún quedan, incluso de etapas relativamente recientes,
sobre la diversidad escultórica que han manifestado las cofradías granadinas,
tanto por cantidad como por la importancia artística, y porqué no decirlo, en
algunos casos también devocional, de las imágenes que protagonizaron las
estaciones de penitencia durante'" el S.XX.
Las páginas de
Gólgota me ofrecen la oportunidad de escribir sobre una de estas imágenes, la
de Jesús Nazareno de las Penas, titular de la Hermandad del Santísimo Cristo
de San Agustín, tan presente aún en la memoria colectiva de los cofrades
granadinos, que su sola mención nos hace retroceder en el tiempo varias décadas,
cuando fue conocido progresivamente, como Ntro. Padre Jesús de la Amargura,
siendo titular de la Hermandad del Vía Crucis, como Ntro. Padre Jesús del Gran
Poder, titular de la Hermandad de Ntra. Señora de la Esperanza, o también, años
más tarde, como Ntro. Padre Jesús de la Pasión, de la albaicinera Hermandad
de la Estrella.
En
la actualidad, como decimos, es titular de mi Hermandad, del Stmo. Cristo de San
Agustín, Sagrado Protector de la ciudad de Granada, la cual, tras la reforma de
Reglas del año 1989, consideró oportuno incluirlo en sus Constituciones,
convencidos los hermanos que al rendirle culto se complementaba de forma
manifiesta la rica vida devocional de la Hermandad.
Desde
un punto de vista iconográfico, representa a Jesús en el momento de recibir la
cruz del suplicio, cuando le fue entregada en el pretorio, si bien con
anterioridad a su agregación a la Hermandad, lo hacía representando el pasaje
clásico de la calle de la Amargura, es decir, cargado con su Cruz, camino del
Calvario. Al documentarnos sobre la historia de la talla, chocamos con las
grandes lagunas que aún existen sobre su pasado más lejano, empezando por la
propia fecha de ejecución y el nombre de su autor. Tradicionalmente se venía
datando de forma algo ambigua, por parte de la mayoría de los investigadores,
en el S. XVII; estudios más recientes, de la mano del profesor Juan Jesús López-Guádalupe
Muñoz, vienen a barajar la posibilidad de que dicha factura fuese más cercana
en el tiempo, situándola alrededor del último tercio del S. XVIII, y atribuyéndola,
no sin reservas, al escultor Felipe González, que fue discípulo de Ruiz del
Peral, y cuya muerte tuvo lugar en el año 1810. A este dato, no verificado aún,
se sumaría con fuerza, no obstante, la datación, esta vez sí confirmada, de
la magnífica túnica que posee la imagen, en terciopelo morado y bordada en
oro, fechada en el año 1789.
Al
margen de estas apreciaciones, es innegable que por el momento no se conoce la
fecha en la que la imagen aparece en el convento de las Clarisas Franciscanas
del Santo Ángel, ni si en su origen pudo ser una talla realizada con fines
procesionales, como apuntó hace tiempo el profesor Szmolka Clares. En cualquier
caso, la Semana Santa de Granada, al menos en lo que conocemos de su etapa más
reciente, decidió recurrir a este nazareno, dadas sus evidentes cualidadés artísticas,
para incorporarlo a sus desfiles mediados los años de la centuria pasada, bien
por vía federativa, como ocurrió con el malogrado desfile antológico de 1952,
conmemorativo del XXV aniversario de la fundación del ente, bien vía
Hermandades, como ocurrió un año más tarde, con la Cofradía del Vía Crucis.
En
el primer caso, recordemos que tras el polémico recorte del Ordinario al diseño
original, que contaba con doce escenas de la Pasión, y que finalmente devino en
cinco, la Federación confirmó su presencia para la salida del Viernes Santo de
ese año, programada desde la Santa Iglesia Catedral. la lluvia, en última
instancia, malogró el intento, impidiendo el recorrido procesional. Un año más
tarde, la Hermandad del Vía Crucis lo incorpora a su desfile penitencial, como
prueba la fotografía del diario Ideal, publicada en "Historia Gráfica
dé la Semana Santa de Granada" de M. Lirola y F. López, Pág. 141,
y que como en el mismo texto se explica, lo convertían en el octavo nazareno
utilizado por esta Cofradía desde su fundación.
Ese
año de 1953, la Hermandad del Vía Crucis, estrenaba su primer paso de palio,
donado por la fábrica de pólvoras de El Fargue, para la Virgen de las Lágrimas.
Por estos años, la Hermandad pugnaba por abrirse nuevamente camino tras el duro
golpe recibido por parte de la Autoridad Eclesiástica, dos años antes, cuando
fue suprimido el inolvidable Vía Crucis al Cerro del Aceituno. El año 1954,
fue el segundo y último que el nazareno del Santo Ángel procesionaría con
esta Cofradía, siendo sustituido por la imagen que ha llegado hasta nuestros días
bajo la advocación de Ntro. Padre Jesús de la Amargura, cuya talla es
atribuida a José de Mora y que es sin duda, una de las mejores esculturas de
nuestra Semana Santa.
Finalizada
esta breve etapa en la Hermandad decana, la imagen continúa su periplo y es
inmediatamente convertida en titular de la Cofradía de la Esperanza, bajo la
advocación de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, viniendo a sustituir la
igualmente notable imagen que hasta ese año y desde 1947, había procesionado
la Hermandad con sede en Santa Ana, procedente de la clausura del convento de
San Antón. No hay que olvidar, que la Hermandad, por aquel entonces "de
los banqueros", de algún modo, vivió de cerca la compraventa del solar
que ocupaba el convento del Santo Ángel en la calle Gran Vía, lugar donde se
edificaría en 1941 la nueva sede del Banco de España. Igualmente, la comunidad
de franciscanas, merced a este traslado, ocuparía desde 1945 y hasta la
actualidad, la anterior sede bancaria sita en la calle San Antón. Esta relación
pudo acercar al grupo de cofrades hasta la imagen, como se demostraría incluso
después de haber dejado de procesionarla, cuando seguían solicitando la rica túnica
de 1789 para que la luciera la nueva imagen de Cristo (Semana Santa
Cranada'76. Federación de Cofradías. pág..137).
En 1955, año
en que iniciaba las salidas procesionales con esta cofradía, se repite el hecho
de estrenar el paso de Virgen su primer palio, obra extraordinaria de Trinidad
Morcillo. junto a la inigualable imagen de Ntra. Señora de la Esperanza,
compartió los recorridos penitenciales hasta el año 1962. Al año siguiente,
la Hermandad, ante la negativa de las religiosas a seguir cediendo el nazareno
hubo de lanzarse a la búsqueda apresurada de nueva imagen para el paso de
Cristo. Alrededor de este asunto tuvo lugar uno de los episodios más
pintorescos de la historia de nuestra Semana Santa. La talla que vino a
sustituir a la imagen del Santo Ángel, procedía de una cabeza de nazareno,
obra del escultor Roldán de la Plata, a la que se añadió un candelero
realizado por el escultor Martínez Olalla con la premura de tenerlo terminado
para la Semana Santa de ese año. Dicha cabeza había sido canjeada en el mes de
marzo, a la Cofradía de la Aurora, a cambio del paso de Cristo que poseía la
de la Esperanza, con la condición de que ese mismo año se le permitiera seguir
utilizándolo dada la imposibilidad de conseguir uno nuevo en fechas tan
cercanas a la salida. Para cerrar el círculo, baste recordar que la Cofradía
de la Aurora había conseguido la mencionada cabeza tras cedérsela la del Vía
Crucis, cofradía para la cual Roldán de la Plata había tallado
originariamente la imagen.
Volviendo
al nazareno del Santo Ángel, que es el que nos ocupa, recordemos que tras su
paso por la Hermandad de la Esperanza se produce un largo paréntesis, hasta que
en 1979 una Hermandad de reciente fundación, la de Nuestro Padre Jesús de la
Pasión, decide acercarse hasta el convento de clarisas para solicitar su cesión
de cara a su próxima salida procesional. Ya en la cuaresma de ese mismo año,
es procesionado durante la celebración de un Vía Crucis por las calles del
barrio del Albaicín, siendo al año siguiente cuando realiza su primera estación
penitencial bajo la nueva advocación. En esta etapa, fueron tan sólo cuatro
los años que llegó a desfilar en Semana Santa, debido a que la Hermandad, por
cuestiones evidentemente prácticas, finalmente decide poseer imagen propia,
encargándola al escultor sevillano Antonio J. Dubé de Luque, quien la tuvo
terminada para la Semana Santa de 1984, y que ya había realizado con
anterioridad (1981), la imagen de la dolorosa, María Santísima de la Estrella.
Por tercera vez, el nazareno del Santo Ángel repetía la circunstancia de que
esta imagen fuese acompañada en su inicial recorrido penitencial por el primer
palio de la Hermandad que le procesionaba, siendo en esta última ocasión, un
sencillo paso que cobijaba una Virgen del Carmen vestida de dolorosa, procedente
del mismo convento del Santo Ángel y que fue la primera Virgen de la Estrella
de nuestra Semana Santa. A modo de despedida de la Semana Santa de Granada, ese
mismo año de 1984, que como decimos, se estrenaba la nueva imagen de Jesús de
la Pasión, el nazareno del Santo Ángel figuraría en la portada de la Guía de
horarios e itinerarios de la Real Federación de Cofradías.
Tras
su paso por el Albaicín, el nazareno vuelve a la quietud de la Iglesia del
convento del Santo Ángel, donde apenas unos años más tarde, en 1988, la
renovada Hermandad del Santo Crucifijo de San Agustín, establecida canónicamente
en dicho cenobio, decide acogerla como titular, esta vez bajo la advocación de
Jesús Nazareno de las Penas, título nada ajeno a esta Hermandad ni a la propia
Semana Santa de Granada, por cuanto en el año 1954, la efímera Cofradía de
los Estudiantes, desfiló con el nazareno de la Iglesia de los Santos
justo y Pastor bajo este mismo título y tan sólo un año antes, lo había
hecho con el propio Cristo de San Agustín.
Los
hermanos quisieron de este modo, añadir a la que iba a ser a partir de entonces
su rica vida cultual, el sentido teológico de las penas de Jesucristo,
rememorando el sufrimiento, no solo corporal del Hijo de Dios en su Pasión,
sino aquel más profundo aún de su alma, al compartir solidariamente los
sufrimientos del hombre, enfermedad, hambre y muerte, penas que quiso remediar
sanando, dando de comer y resucitando. Él mismo, sufrió penas de traición,
angustia, abandono, bofetadas, burlas e insultos, torturas físicas y finalmente
la muerte, durante su Pasión, a causa del hombre. En la regla n° 32, se
especifica que la "Hermandad celebrará con esta imagen un Solemne Vía
Crucis por las calles adyacentes a su sede, tal y como se hizo en el año 1989.
No obstante, un relativo precario estado de conservación, aconsejó en aquellos
años, la inmovilización parcial de la imagen en tanto no se le realizara una
restauración apropiada, situación que permanece en la actualidad. Por ahora,
la Hermandad le ofrece solemne besamanos y función en el primer fin de semana
posterior a la Epifanía del Señor, coincidiendo con la festividad del Bautismo
de Jesús en el río Jordán.
Su
divino rostro refleja el intimismo típico de la escuela granadina, en palabras
del profesor Juan Jesús López-Guadalupe Muñoz, con pálida policromía, fino
modelado de facciones, mirada baja y boca entreabierta, en clara actitud de diálogo,
que recuerda e1 pasaje de Jesús en la calle de la Amargura, cuando se encuentra
con las Santas Mujeres, y que tiene su complemento ideal cuando presente en el
besamanos que anualmente se le ofrece, extiende su mano acogedora. No obstante,
como mencionamos anteriormente, al convertirse en titular de la Hermandad del
Cristo de San Agustín, se le modificó la posición de la cruz, pasando a
portarla, más bien abrazarla, con el estípite hacia detrás, en un gesto
igualmente de profundo sentido teológico. Dicha cruz, rectangular, policromada
y con cantoneras antiguas de plata, fue sustituida en 1981, como amablemente nos
recordaba en una entrevista el actual hermano mayor de la Hermandad de la
Estrella, Francisco Martínez Ladrón de Guevara, primero por la que portaba Jesús
del Gran Poder en aquellas fechas, de tipo arbóreo, y a partir del año
siguiente, por otra de igual tipo que la original, pero de mayores proporciones
y sin policromar.
Al igual que
otras muchas imágenes antiguas, lució cabellera de pelo natural, manteniéndola
hasta que los años finales de su etapa en la Hermandad de la Esperanza, cuando
le fue sustituida por otra, que aunque aparente, fue realizada en materiales
pobres, siendo la que posee actualmente. Este cambio provocó la supresión del
nimbo de plata que lucía como atributo divino hasta entonces, siéndole
adaptadas ya en los años ochenta, unas potencias en plata sobredorada,
realizadas poco antes de terminar su paso por la Hermandad de la Estrella, en el
taller granadino de Oriol, y que continua hoy día luciendo en los cultos del
mes de enero, cedidas a tal fin por la mencionada Hermandad.
la
Hermandad del Cristo de San Agustín no contempla la posibilidad de sumar esta
imagen a su estación de penitencia, lo cual no influye en que se le dispense el
trato litúrgico y devocional, que como titular de la misma requiere a lo largo
de todo el año, siendo su presencia constante en el ánimo de los hermanos, allá
donde se encuentren.
Publicado
en la Revista Gólgota nº 25 de marzo de 2004
Boletín de la Federación de Cofradías de Granada
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