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l lunes Santo día uno de abril de 1996, debido a las
adversas condiciones climatológicas que en forma de lluvia se cernían sobre
nuestra capital, la Hermandad no pudo realizar su Estación de Penitencia a la
Santa Iglesia Catedral, siendo ésta suspendida por la Junta de Gobierno reunida
en Cabildo de Oficiales Extraordinario celebrado a tal efecto.
A continuación incluimos dos textos que nos relatan la historia de aquel día
tan especial que se vivió en nuestra Hermandad. El primero es un artículo de
nuestro hermano José Luis Clements Sánchez que, publicado en su día en el
Boletín "El Muñidor" bajo el título de "Estación de
Penitencia", describe a la perfección todas las sensaciones que
pudimos vivir en aquellas horas, incluyendo dos fotografías de aquel día. El segundo consiste en la transcripción
literal del texto del acta del Cabildo de Oficiales que tomó la determinación
de suspender la salida.
Como nota curiosa diremos que el resto de las cofradías que realizaban
estación ese día decidieron salir, siendo todas ellas sorprendidas por la
lluvia en las calles de Granada y teniendo que regresar precipitadamente a sus
templos.
ESTACIÓN DE PENITENCIA
En la mente de todos los
cofrades y en los días previos a la Semana Santa, se dibuja un pequeñito mapa
que apenas tiene una extensión de un par de kilómetros cuadrados, donde se
encuentra ubicado el templo de salida y su recorrido por la ciudad.
Desgraciadamente el mapa del tiempo que nos rondaba este año, era más
tormentoso que soleado, con más cielos cubiertos que claros y con previsiones
que auguraban sorpresas desagradables. De cualquier forma, nos guste o no,
bienvenida doña lluvia, que buena falta nos hace.
Hecha esta premisa, el lunes santo de 1996 quedará incluido para siempre en mi
recuerdo y jamás se me olvidará lo vivido en esta jornada entrañable.
Como en años anteriores, desde 1993, y en la más
absoluta de las intimidades cofrades, cuando el reloj marcaba las siete de la
tarde, procedí a vestirme con mi túnica negra de larga cola. Alfileres para
sujetarla a la espalda, vuelta y vuelta al pantalón, calcetines negros y
sandalias, despojado de reloj y anillo, fumo un cigarro mientras escucho “La
Madrugá”. Lentamente cumplo mi rito anual. Con la cara cubierta me despido de
los míos. Y en el portal de mi casa con una profunda inspiración, abro rápidamente
la puerta y comienzo a caminar erguido, valiente, rápido, saboreando esos
breves minutos que separan mi soledad cofrade del resto de mis hermanos. Quien
no disfruta de este primer momento íntimo, seguro que no me puede entender.
Ya en al capilla de la Hermandad mi primera mirada es para Cristo Crucificado y
mientras avanzo entres mis hermanos, saludos y caras serias. El tiempo que
tenemos hace prever lo peor. Me acerco hasta Él y le digo: en Tus manos está.
Compruebo cuál es mi tramo, más saludos de hermanos y me retiro a fumar un
cigarro mientras me preparo para realizar mi estación de penitencia. En mi
fuero interno intuía que este año no haríamos estación a las puertas de la
Santa Iglesia Catedral.
Lo presentido se hace realidad cuando el Diputado Mayor de Gobierno toma el micrófono
y se dirige a todos los hermanos presentes. En Cabildo de Oficiales de urgencia
se ha tomado la decisión de no efectuar este Lunes Santo estación de
penitencia. Dicha estación se sustituirá por la celebración de la Santa Misa
y Vía Crucis por el interior de la capilla. Es en ese momento cuando
verdaderamente te tienes que hacer más fuerte y animar al que no lo es tanto.
Las caras serias se vuelven tristes, en los ojos más de un intento de lágrima;
pero dicho y hecho; en menos que canta el gallo estábamos asistiendo a la
celebración Eucarística.
Una vez finalizada la Misa, se comenzó el rezo del Vía Crucis por cada una de
las estaciones que se encuentran alrededor de nuestra capilla. Cruz de Guía
acompañada por dos hachetas iban deteniéndose en cada una de las estaciones,
los hermanos girábamos con un leve movimiento siguiendo la Cruz que nos marca
en la estación de penitencia nuestro camino hacia la Catedral. Cánticos y
capilla musical se alternaban entre estaciones del Vía Crucis, creando un
ambiente místico no buscado, pero felizmente aparecido.
Con la complicidad sana que envuelve a capataz y costaleros y la
ignorancia
grata de hermanos presentes, nuestro paso de Cristo tras una trabajada levantá a pulso, comenzó a moverse para bajar del presbiterio y quedar depositado en
el centro de la capilla. Qué chicotá más elegante, serena, lenta, racheada,
casi equivaliendo a toda una estación de penitencia. Ellos, nuestros hermanos
costaleros, sí que habían realizado físicamente su estación de penitencia. Ya
estaban contentos, ya habían paseado la muerte de Cristo por Granada.
Siguiendo las indicaciones del Diputado Mayor d Gobierno, marchamos hacia
nuestros domicilios con el fin de despojarnos del hábito nazareno y volver a la
capilla, ya vestidos de calle, donde quedaría nuestro Cristo expuesto para
contemplación y rezo de cuantos fieles y hermanos quisieran estar presentes
hasta la hora en que hubiera finalizado nuestra estación de penitencia.
Hoy, con la oportunidad brindada en este boletín, quiero felicitar a todos mis
hermanos por la magnífica estación de penitencia que hicimos, pero, sobre
todo, recordarles cómo en un momento determinado prevaleció el corazón
cofrade ante los hechos vividos. Con qué extraordinario sentimiento se participó
en la Santa Misa. Con qué devota solemnidad se realizó el Vía Crucis. Qué
buen saber estar sin haber tenido indicación alguna anteriormente. Qué
comportamiento tan ejemplar. Qué tranquilidad de espíritu y qué paz interior
se nos había quedado. En definitiva, qué extraordinaria Estación de
Penitencia habíamos tenido.
Pero sobre todas las nuevas sensaciones vividas, hay algo que nunca se me podrá
olvidar y siempre voy a tener presente de este día. Nuestra Madre y Señora de
la Consolación estaba acompañando a su Amadísimo Hijo en nuestro caminar
penitencial por Granada. Hoy Lunes Santo no estaba sola. No tenía turno de
vela. Su Divina tristeza se había convertido en una sonrisa contenida. Estábamos
todos juntos. Como una madre siempre quiere que permanezcan todos sus hijos.
Y se corre la voz por Granada. El Cristo de San Agustín no ha salido pero sus
hermanos han abierto las puertas de par en par para que sea admirado en su magnífico
paso. Luz tenue envuelve al Santo Crucifijo, pertiguero y acólitos ceriferarios
dan escolta al paso mientras acólitos turiferarios perfuman de agradable
incienso el cielo eterno de nuestra capilla. Gran cantidad de gente y hermanos
acuden a la improvisada convocatoria y contemplan con sorpresa la presentación
exquisita de la capilla. Nuevamente lo habíamos conseguido.
Hasta aquí la realidad externa de lo ocurrido el Lunes Santo de 1996. Pero en
mis recuerdos y en mi corazón quedará mucho más que lo vivido. Otro hecho más
que tengo que guardar desde mi entrada en la Hermandad, allá por julio de 1988.
Cuántos recuerdos tengo de mi Hermandad.
Autor:
José Luis Clements Sánchez
Título: "Estación de Penitencia".
Publicado en: Boletín "El Muñidor" Febrero - Marzo 1997
Prohibido reproducir total o parcialmente este trabajo sin la mención expresa
de su fuente de procedencia.
ACTA DEL CABILDO DE OFICIALES.
01-04-96
En
Granada a uno de Abril de mil novecientos noventa y seis, Lunes Santo,
siendo las veinte horas cuarenta y cinco minutos, se reúne en la Sacristía
del Monasterio del Santo Ángel Custodio, C/ San Antón, 40, la Junta de
Gobierno de la Muy Antigua, Real e Ilustre Hermandad Sacramental del Santísimo
Cristo de San Agustín, Jesús Nazareno de las Penas, Nuestra Madre y Señora de
la Consolación y Santo Ángel Custodio de la Ciudad de Granada, para celebrar
Cabildo Extraordinario de Oficiales, bajo la presidencia de honor del Rvdo. P.
D. Pedro Castón Boyer y la presidencia efectiva del Hermano Mayor, D. Manuel López
Guadalupe, con la asistencia de los hermanos que a continuación se relacionan:
José Alcaraz Ávila, Francisco Gallardo Arenas, Francisco Gómez Montalvo,
Gabriel Martín Pozas, Francisco Merino Martín, José María Muñoz Espigares,
Juan Pérez Morales, Eduardo Puerta Mingorance, Luis Recuerda Martínez, José
del Rey Sánchez, Carlos Sáez López, José Manuel Toro Morenilla, y Antonio
Entrena Aznarte como Secretario Segundo de esta Corporación, así como de los
hermanos Juan García Montero, Capataz del Paso de Cristo y Antonio Fernández López,
Licenciado en Bellas Artes en la especialidad de Restauración,
y siendo la hora señalada anteriormente, se declara abierta la sesión
por el Hermano Mayor para desarrollar el siguiente:
ORDEN DEL DÍA
PUNTO ÚNICO.-
Suspensión de la Estación de Penitencia.
A
este respecto se decide por unanimidad la suspensión de la Estación de
Penitencia del presente año por causas climatológicas y más concretamente por
la lluvia, y todo ello a tenor de los razonamientos siguientes:
1.-
Nuestro Hermano Antonio Fernández López, desde el punto de vista de experto en
restauración, desaconseja la salida, pues el agua podría ser bastante
perjudicial para la Imagen del Santísimo Cristo de San Agustín.
2.-
Así mismo el agua podría causar graves daños en el patrimonio de la Cofradía
y muy especialmente en el paso del Santísimo Cristo, que se encuentra todavía
en madera sin barnizar y sin ningún otro tipo de protección.
3.-
Por último, pero no menos importante, en atención a nuestros hermanos en el
Cristo de San Agustín, pues no parecería respetuoso
para con ellos, realizar a toda costa una Estación de Penitencia sin que
concurran las condiciones mínimas exigidas para el recogimiento y la devoción
que requiere dicho acto y de la que se pudieran derivar consecuencias nocivas
para la salud de sus integrantes.
Por
todo ello, una vez tomada la decisión de suspender la Estación de Penitencia,
se decide sustituirla por el Sacrificio de la Santa Misa, seguido de la
realización de un Vía Crucis por el interior del templo. Una vez finalizado
dicho acto piadoso, los hermanos partirán hacia sus domicilios debidamente
cubiertos y en silencio, tras lo cual se abrirán las puertas del templo para
que el Sagrado Protector de la Ciudad pueda ser admirado sobre sus andas
procesionales por el numeroso público que pacientemente espera su salida en el
exterior del Convento, permaneciendo de esta manera, sólo iluminado por la cera
de los hachones del paso y por los
ciriales sostenidos por el cuerpo de acólitos, hasta las cero horas cuarenta y
cinco minutos del Martes Santo, hora que tenía prevista la Cofradía para su
regreso.
No
habiendo otros temas que tratar se levanta la sesión siendo las veinte horas
cincuenta minutos, en Granada a uno de Abril de mil novecientos noventa y seis,
Lunes Santo, de lo que yo como Secretario Segundo doy fe, con el visto bueno del
Hermano Mayor.
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