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CUANDO LA LLUVIA ES MÁS QUE LLUVIA

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MIGUEL LUIS LÓPEZ-GUADALUPE MUÑOZ

n año más la lluvia ha sorprendido a nuestra Semana Mayor y el riesgo a una climatología adversa, largamente anunciada, ha imposibilitado algunas de las estaciones de penitencia en este 2005. Vaya desde estas líneas nuestra solidaridad hacia las hermandades que se han visto privadas de la alabanza de sus Titulares por nuestras calles y nuestra felicitación por sus maduras, a la par que difíciles, decisiones.
La lluvia, que suele ser siempre un bien para nuestros campos, es decir fuente de vida, se convierte en un problema para las cofradías cuando cae o amenaza con hacerlo durante los días de la Semana Santa. Siempre ha sido así y es, por tanto, una eventualidad con la que hay que contar.
De hecho, hoy se dispone de información más que suficiente, y a veces anticipada, para tomar las medidas oportunas. No podemos impedirla, ciertamente, pero sí limitar sus efectos sobre la manifestación de fe -y no otra cosa- que son nuestras estaciones de penitencia. Estas líneas sólo tratan de mostrar la responsabilidad que asumen las Hermandades y Cofradías ante situaciones meteorológicas adversas y la importancia que tienen en esas ocasiones las decisiones adoptadas.

Patrimonio artístico

La más tradicional de las alegaciones a este respecto es el riesgo de deterioro del patrimonio artístico propio de la hermandad: humedades en la madera (aún más si está sin barnizar), "rebañados" en los dorados, "chafados" en los terciopelos, deterioro de los bordados... Ciertamente, son muchos los daños que puede ocasionar la lluvia, sobre todo si es copiosa e intensa -fenómeno nada raro en primavera-, en el patrimonio cofrade, atesorado durante años.
Ello sin contar el efecto añadido de la acumulación de agua, por ejemplo el abombamiento de los palios o el mayor peso de las telas mojadas: palios, mantos insignias.
Todos estos daños, aún siendo cuantiosos, son reparables. Incluso los que pudieran sufrir las Sagradas Imágenes, aunque para nosotros -por tratarse del centro de nuestra devoción, más allá de su valor artístico, a veces impresionante- son cualitativamente más importantes.
Cuando procesionamos obras de imaginería de gran valor, a veces obras maestras o piezas únicas, asumimos una responsabilidad que nos exige. Es la base de una confianza otorgada, que no puede defraudarse con ligereza. Es bueno que en todo ello reparen los hermanos, porque en esa seriedad nos jugamos mucho: es la base de esa confianza siempre renovada.
Las cofradías se encuentran hoy debidamente provistas de plásticos, que eliminan o minimizan el posible daño de las Imágenes, pero ¿hay algo más triste que un Cristo envuelto en un plástico, que un manto enfundado? No olvidemos que, ante todo, damos en la calle un testimonio de fe, expresamos un mensaje. Si no vamos a hacerlo en las condiciones óptimas, mejor dejarlo, no sea que demos un antitestimonio.
Por supuesto, hay talleres y técnicas muy sofisticadas de restauración, pero siempre será mejor prevenir que curar y esto debe ser entendido por todos los cofrades. La preservación del patrimonio es un signo de madurez cofrade. No salimos a la calle de cualquier manera ni lo hacemos en cualquier circunstancia. Aún más, nuestra devoción a nuestra Imagen Titular no es mayor -no debe serlo- en la calle que en el templo.

Las personas también cuentan

Cuentan y mucho las personas. La Cofradía en la calle es, ante todo, una comunidad de creyentes, personas de distintas edades y aptitudes físicas. Basta preguntar someramente para advertir el esfuerzo que muchas de ellas -en medio de malestares, e incluso dolencias- hacen para acompañar a su Cristo y a su Virgen.
Aunque como cofrades nos pueda el corazón, esas situaciones merecen también nuestro respeto. La lluvia es fuente de enfriamientos y de resfriados, sin contar con el riesgo de resbalones y la simple sensación de desazón que causa el estar mojándose a la intemperie: ropas caladas, capirote reblandecido, cera apagada. Hemos visto auténticas desbandadas en días de fuertes chaparrones. ¿Acaso quiere alguien esa escena para su Hermandad? Sería, de nuevo, un antitestimonio, que debe evitarse a toda costa.
En fin, no todo es negativo. Vemos también el firme compromiso de hermanos que aguantan estoicamente en las filas, en medio de un vendaval, haga el tiempo que haga, signo de madurez cofrade. Pero, ¿es necesario someterle a pruebas así? Y, aunque solemos decir los cofrades que saldríamos a la calle aunque no hubiera fieles en ellas, ¿mejora con esas actitudes heroicas el mensaje que estamos llamados a transmitir? Otro aspecto: ¿no será mejor evitar situaciones extenuantes a nuestros costaleros antes que reduplicar su esfuerzo, siempre que esto sea previsible?
Y resta una parcela más humana aún, más entrañable y sensible: nuestros pequeños. ¿Hemos pensado en la incertidumbre que causa en sus padres saber que se están mojando? Siempre están a buen recaudo; es obligación de la Hermandad. Pero esto no anula la lógica preocupación familiar, sobre todo cuando no pueden seguir de cerca todo el recorrido o los propios padres figuran en las filas de la Cofradía en lugares más o menos distantes de los pequeños.
Nuestros hermanos, grandes o pequeños, hombres y mujeres, merecen también una atención en caso de presentarse una climatología adversa.

Una decisión difícil

Todos estos factores son sopesados por las Juntas de Gobierno en improvisados cabildos de sacristía cuando un día se presenta manifiestamente lluvioso o con alto riesgo de precipitaciones. Esto y mucho más, porque cuentan con la presión que emana, involuntariamente del corazón. ¿O es que alguien piensa acaso que los Hermanos Oficiales ganan algo con suspender la Estación de Penitencia?
He salido de uno de esos cabildos dejando tras la puerta las lágrimas de algunos Hermanos Oficiales. Pero, nuestro compromiso con la Hermandad, el mandato que de ella hemos recibido, nos exige sensatez.
Puedo decir que en esos nunca deseados cabildos se barajan muchas posibilidades, si no todas. Previsiones a corto plazo, con llamadas telefónicas a centros especializados, consulta sistemática de previsiones diversas (Internet es una mina en este sentido), asesoramiento directo por expertos... Hoy en día son muchos los medios para tener en la mano una información puntual y más o menos fiable. Pero la previsión no es suficiente, la meteorología no es una ciencia matemática. No se trata de atinar o no atinar; esto no es un bingo donde se gana o se pierde. Las cofradías deben ganar siempre; si acaso, son las previsiones las que se equivocan, no las Hermandades en decisiones de esta índole. Este es el único razonamiento posible para evitar falsos cargos de conciencia, aquéllos del típico "y luego no llovió".
No sólo se estudian las previsiones, se repasa la presencia de fundas y de plásticos, se estudian las posibilidades de refugio -siempre pocas- a lo largo del recorrido, las vías para abreviar itinerarios en caso necesario, la posibilidad de atrasar la salida o de adelantar los horarios oficiales... Todo tiene sus pros y sus contras; hay que sopesarlos.
Pero, repito, nunca deben primar las ganas -¿quién no las tiene?- sobre las condiciones objetivas. Escuchar a todos es importante, también decidir, a ser posible, por unanimidad. En temas así no debe haber fisuras. Tampoco comentarios fuera del foro adecuado, que hacen más daño que bien a la vida de Hermandad. En decidir y acatar decisiones así, se muestra también la firmeza de la vida de Hermandad.
Afortunadamente, siempre ha sido así en la nuestra; en las dos ocasiones en que se ha anunciado la suspensión de la Estación de Penitencia hasta la Catedral. Debemos transmitir nuestra seguridad y unanimidad al conjunto de los hermanos. Nos lo exigen ellos mismos en virtud del mandato que nos tienen otorgado.
Adoptada la decisión, ha de comunicarse, haciéndolo por los cauces adecuados. No es bueno, por ejemplo, que ésta corra por medios de comunicación o por los responsables federativos antes de ser expuesta a los cofrades. Es una tarea dura la del Diputado Mayor de Gobierno, pero necesaria. Deben conocer la decisión primero los responsables del templo (parroquia o convento) y el conjunto de los hermanos, que esperan con expectación. Lo contrario sería irrespetuoso. Después debe ponerse en conocimiento de la autoridad eclesiástica y de la Federación de Cofradías, para que tome las medidas necesarias -alteración de horarios, por ejemplo-, que puedan afectar a otras cofradías, y de los medios de comunicación que lo demanden. Incluso es una deferencia comunicarlo oralmente a los presentes ante la puerta del templo. Muchas de estas personas llevan allí mucho tiempo esperando -a veces en condiciones adversas de frío o lluvia-, sin contar con los padres de los más pequeños de la Hermandad, cuya impaciencia aumenta instintivamente ante la cruda realidad de un portón cerrado.

¿Qué deben hacer los hermanos?

Los hermanos deben estar a la altura de las circunstancias, de la misma forma que la Junta de Gobierno. Deben asumir su responsabilidad, siguiendo estrechamente las decisiones de la Junta de Gobierno.
Lo primero que han de hacer es personarse en el templo a toda costa. Nadie, ajeno a la misma o a sus órganos de gobierno, puede decidir por la Hermandad en lo referente a la suspensión de la Estación de Penitencia. Tenemos la experiencia de medios de comunicación que, por su cuenta y riesgo, vaticinan con una certeza casi absoluta la decisión de tal o cual Hermandad, con enorme perjuicio para ésta. No sé si esto retrae a los hermanos o si potencia su propia iniciativa, pero en ocasiones cercanas en el tiempo hemos visto cómo se reducía la presencia de nazarenos incluso antes de tomar una decisión. Esta corresponde únicamente al Cabildo de Oficiales y se toma en firme en reunión celebrada en torno a una o media hora antes de la indicada para iniciar la estación penitencial. Así está establecido en nuestras Reglas.
El camino hacia el templo -aunque lloviese- debe hacerse en las circunstancias habituales, siendo conscientes de que la estación comienza en la casa de cada cofrade y no acabará hasta que regrese a ella. Los nazarenos, acólitos y costaleros, congregados en la iglesia, deben permanecer a la espera, en la seguridad de que el Cabildo de Oficiales sopesará los pros y contras indicados y tomará la decisión más sensata. Incluso cuando se considere ésta como fruto de una "cobardía" poco justificada, la decisión debe acatarse y secundarse. En esto, nuestra Hermandad ha sabido dar cumplido ejemplo en los años 1996 y 2003.
Además, la suspensión de la procesión no supone la anulación de la Estación de Penitencia. Primeramente, porque ésta, como se ha dicho, ni comienza ni acaba en nuestro templo-sede y, en segundo lugar, porque es sustituida por la celebración eucarística y algún ejercicio piadoso (vía crucis), a los que deben asistir todos los hermanos y hermanas, así penitentes y nazarenos, como acólitos y costaleros. Es importante no olvidar esta obligación. Se celebra en esos casos una suerte de "estación de penitencia interior", que no sólo aporta al cofrade los beneficios espirituales de la misma forma que si se hubiera salido a la calle, sino que incluso puede ser más gratificante, sobre todo para mitigar esa desazón que, expresada con lágrimas o sin ellas, embarga a todos los hermanos.
Los hermanos comprometidos durante todo el año no deben caer en la tentación de pensar que se ha desaprovechado un año por suspender la procesión; queda toda la incesante actividad con la entrega que caracteriza a estos hermanos. Los que no participan regularmente los trescientos sesenta y cinco días del año pueden tomar conciencia en esos instantes de la riqueza de la vida de Hermandad, hasta minimizar, si es posible, el impacto emocional que supone no salir a la calle.
Como nuestra estación penitencial es también una catequesis plástica, así como ocasión para ofrecer a nuestro Sagrado Titular a la devoción de los granadinos, las puertas del templo deben abrirse una vez terminadas las celebraciones y, lo normal, es que así permanezcan hasta la hora previsible de regreso. Para entonces ya no habrá en el interior hermanos revestidos con la túnica nazarena, pero éstos pueden -y deben volver- a acompañar a su Imagen Titular e incluso participar en los turnos de acólitos que de forma continua acompañan su paso. También el Sr. Arzobispo suele personarse en el templo para completar con sus palabras y su oración la estación que no ha podido realizarse en la Catedral. El pastor acude solícito a atender las necesidades de su rebaño.
En todo momento, los cofrades están obligados a seguir las orientaciones del diputado mayor de gobierno y de los diputados de tramo, especialmente si la lluvia sobreviene en el transcurso de la estación de penitencia por las calles, sin tomar decisiones propias al respecto, impidiendo que la situación adversa se apodere se su ánimo.

Nuestras Reglas

Estas situaciones excepcionales están también recogidas en nuestras Reglas. Es bueno que sirvan de recordatorio a todos los hermanos y hermanas:
"Regla 62.- Si llegado el momento de la salida, la inclemencia del tiempo o cualquier otra circunstancia aconsejasen la suspensión de la misma, la Junta de Gobierno, reunida en Cabildo Extraordinario, decidirá la postura que seguir.
Sólo el Diputado Mayor de Gobierno podrá ordenar una vez iniciada la Estación de Penitencia y por razones graves, que el cortejo procesional de la Hermandad regrese a su templo sin terminarla o se refugie allí donde encuentre cobijo.
Regla 63.- Si algún año se suspendiese la Estación de Penitencia, los hermanos que fuesen a participar en la misma, participarán en la celebración de la Eucaristía, tras lo cual rezarán el ejercicio del Vía Crucis u otro adecuado a las circunstancias.
Regla 64.- Si la cofradía hubiese de buscar refugio accidental para sus imágenes e insignias en algún templo o lugar del recorrido, corresponderá a la Junta de Gobierno decidir si los hermanos esperan en sus respectivos sitios la reanudación de la Estación de Penitencia o si se disgrega el cortejo, porque dicha espera se previese larga y penosa. En este caso se dará por finalizada la Estación, y la Junta de Gobierno dispondrá lo necesario para reintegrar cuanto antes a la sede de la Hermandad a las Imágenes de sus Titulares, haciéndolo siempre en forma de procesión en la que como únicas insignias, figurarán la Cruz de Guía y el estandarte de la Hermandad y en la que se integrarán los hermanos y en su caso, todo fiel que lo desee, sin vestir hábito penitencial alguno.
Regla 65.- Si una vez iniciada, se interrumpiese la Estación de Penitencia y el cortejo regresara a la Iglesia sede de la Hermandad, se dará por finalizada aquélla".
Hasta aquí las reglas que pueden afectar a circunstancias extraordinarias como la lluvia. Lo importante es que nuestro testimonio cristiano y cofrade no se desvirtúe y se proclame siempre con la eficacia catequética que le corresponde. En este sentido, me quedo con lo expresado en la regla 66: "Ha de procurarse que la Cofradía cumpla su misión evangelizadora y ofrezca al pueblo que la contempla su testimonio de fe mediante la penitencia que realicen sus hermanos".

Conclusión

Hermana, hermano del Cristo de San Agustín, te agradezco que hayas llegado hasta el final de esta extensa reflexión. Habrás observado entonces la importancia que tiene meditar los asuntos a la hora de tomar decisiones y la responsabilidad de las mismas.
Se ha dicho con frecuencia que la lluvia es el primer enemigo de las cofradías, pero no es exactamente así. El principal enemigo es dejarse llevar por la situación, por el impulso del corazón, por la ligereza, no saber cómo estar ante una situación adversa, no saber cómo afrontarla o cómo prevenirla, no saber dar las explicaciones necesarias y ayudar a sobreponerse a los hermanos..., no saber, en definitiva, no saber, esa incertidumbre que nunca debemos dejar que prenda en nuestro ánimo.
He querido presentaros esta reflexión en un año en que la "lotería" de la lluvia no ha afectado a nuestra Hermandad, si bien el riesgo de precipitaciones no era descartable al cien por cien el pasado Lunes Santo, sobre todo en horas ya de madrugada. Pero, antes o después, nos encontraremos en tesituras como las descritas. Si hubiera sido así en esta ocasión, mis palabras sonarían a justificación, pero creo que son convenientes hoy, presentadas simplemente como una reflexión destinada a concienciar debidamente a todos los hermanos. Muchas gracias por tu paciencia y comprensión.

 

ENLACES RELACIONADOS

 LUNES SANTO DE 1996
LUNES SANTO 2003