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NUESTRA
MADRE Y SEÑORA DE LA CONSOLACIÓN
Notas para un estudio artístico |
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JUAN JESÚS LÓPEZ-GUADALUPE MUÑOZ |
l apurado compromiso entre
tradición y renovación que supone para corporaciones varias veces centenarias,
como es la Hermandad del Cristo de San Agustín, la actualización de sus
enseres e imágenes, rara vez se resuelve con tal acierto y sensibilidad, tanto
por parte del artista, cuanto de la propia Hermandad en cuanto que comitente,
como en el caso de la imagen de Nuestra Madre y Señora de la Consolación,
incorporada tras su bendición en enero de 1991.
Por un lado, supone un acierto absoluto su soberana advocación. Razones
históricas las justifican pues conocemos noticias de una tradicional devoción
entre la comunidad de Clarisas del Santo Ángel Custodio, que en el siglo XVII
veneraban en clausura una imagen de Nuestra Señora bajo esta advocación, a la
que cuidaba, ricamente enjoyada y adornada, e invocaban en todo momento, como
ocurre en la actualidad con la nueva imagen.
Igualmente se justifica por razones teológicas. La función de consolador
corresponde a Cristo, el Paráclito enviado por Dios Padre. María cooperadora
de la tarea de la Redención a través de su absoluta y abnegada entrega a la
voluntad del Padre, se asocia a esta tarea salvífica y para ser, junto a su
Hijo, mediadora y consoladora. Como tal la invocamos en la letanía,
reconociéndola "consuelo de los afligidos".
Desde un punto de vista artístico, se trata de una Dolorosa de vestir,
compuesta de armazón y candelero, al que se añaden las manos y el rostro, las
únicas partes talladas y policromadas. El material utilizado es la madera de
cedro, incorporando como novedad, el tener los ojos pintados y no postizos, de
cristal, como es acostumbrado. Estas representaciones de imágenes de vestir,
con sus correspondientes aditamentos, obedecen a un deseo de verismo en las
figuraciones religiosas, muy típico en la época barroca, como eficaz
instrumento catequético y cauce devocional.
El origen iconográfico de las dolorosa de vestir se encuentra, al parecer, en
el traje de viuda de Juana la Loca, representación definitivamente consagrada en
tiempos de Felipe II. La tercera esposa del Rey Prudente, la francesa Isabel de
Valois, encargó al escultor Gaspar Becerra –nacido en Baeza pero afincado en
la Corte y activo entre 1520 y 1570- una imagen de la Dolorosa, siguiendo una
representación pictórica del tema que había traído desde su tierra natal. La
imagen, concluida en 1565, fue vestida con un traje de la camarera mayor de la
Reina, la Condesa viuda de Ureña, consagrándose así esta representación de
María dolorosa, vestida como una viuda o dueña del siglo XVI, esto es, con
manto y saya negros y tocado monjil. Repitió el tema varias veces,
conservándose hoy una de las versiones en la basílica de S. Isidro de Madrid.
En Granada, también se difundió esta representación a través de una copia
pictórica realizada por Alonso Cano, que se encuentra depositada en la Capilla
de S. Miguel de la Catedral, aunque ya antes otras imágenes seguían este
modelo.
El modo de vestir las Dolorosas fue evolucionando, pero sin perder su aspectos
severo y rígido hasta que a mediados del siglo XIX empezaron a introducirse
colores más alegres y a enriquecerse con joyas. El siglo XX ha
consagrado en
prácticamente toda Andalucía el tocado con encajes o mantillas, cada vez más
complicado, tendente siempre a despejar el rostro y resaltar su belleza. Se
visten con mantos amplios y diversos atributos simbólicos: corona de realeza,
puñal de dolores que atraviesa su corazón y pañuelo o manípulo para enjugar
su llanto, como ofrenda de dolor por la redención, trasunto de la patena del
Santo Sacrificio.
En el caso de la imagen que nos ocupa, la razón estética de su estilo de
vestir se asemeja más a las originarias concepciones de las primeras Dolorosas
de vestir españolas, aún dentro de las tendencias actuales. El tocado, sin
llegar a lo monjil de su origen, no rebosa pomposamente en cascadas de pliegues;
el manto, sin recoger en las mangas, cae sencillo y natural; sus colores son
oscuros; compagina, en definitiva, una elegante severidad y una serena belleza.
Los valores plásticos de la imagen así lo requieren. Se intenta captar un
momento profundamente humano, el dolor de una madre por su hijo, pero encarnado
en la que es Reina del Cielo. Este difícil reto se resuelve en una soberana
belleza, de gran finura, que revela un hábil manejo de las gubias en el
modelado del rostro, sin dureza, pero con hondura de sentimiento. Hay que
reconocer el esfuerzo de adaptación del imaginero sevillano Antonio Dubé de
Luque a la hora de concebir esta imagen. Por un lado, es un compromiso difícil
el proporcionar una talla que no desmerezca en valía artística a la del
soberano Cristo de San Agustín. Por otro, se reconoce en la bella Virgen de la
Consolación la comprensión de los modelos de la Escuela Granadina de
introspección en el sentimiento expresivo de delicadeza en el complemento
polícromo. De este modo, una concepción de sentimiento de amargura honda y
contenida se revela en el estilo de este autor, como lo demuestra en sus
múltiples versiones de este tema, pero que se aplica aquí con mayor talento
quizás, para lograr una de sus realizaciones, sin duda, más afortunadas.
Es de reseñar la valentía del artífice en tan comprometido encargo y apreciar
la unidad de diseño que lo va a envolver, que abarca además a los bordados
para saya y toca y otros muchos para la Hermandad. Constituye de este modo un
conjunto unitario y obediente a un ideal estético respetuoso con las
tradicionales formas barrocas, resistente persistencia en las manifestaciones de
la religiosidad popular andaluza, que se ve renovada una y otra vez en la
honradez y profesionalidad de los escultores imagineros contemporáneos, los
artífices que la hacen posible, aquellos que saben beber con el respeto debido
en las fuentes iconográficas y artísticas de nuestras tradiciones
devocionales, en gran parte aún intactas, hoy, lo que las convierte en una
experiencia plástica absolutamente válida en su funcionalidad.
Autor:
Juan Jesús López-Guadalupe Muñoz
Título: Nuestra Madre y Señora de la Consolación. Notas para un estudio artístico.
Publicado en: Boletín "El Muñidor". Enero-Febrero 1994
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