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EL
SANTO CRISTO DE SAN AGUSTÍN
Notas para un estudio artístico |
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JUAN JESÚS LÓPEZ-GUADALUPE MUÑOZ |
as singulares
circunstancias y características que concurren en la imagen del Santo Cristo de
San Agustín, la convierten en un objeto de estudio complejo y de gran
responsabilidad. Un estudio artístico no sensible a la centenaria historia de
devoción que arrastra esta imagen no puede ser, sin lugar a dudas, completo ni
consecuente. Esperamos, por tanto, atender a esas expectativas en las líneas
siguientes, aunque nos centraremos concretamente en los aspectos estilísticos
de la factura escultórica de ésta.
La imagen que estudiamos, ocupa por derecho propio un lugar destacadísimo en la
imaginería sobre la Pasión de Cristo de nuestra ciudad. "La iconografía
del Crucifijo en Granada es muy notable, porque alcanza al ciclo de Alonso Cano,
incluyendo a Martínez Montañés, y arranca del de Bigarny en el retablo de la
Capilla Real, seco y de anatomía rudimentaria, como los de Balmaseda que de él
se derivan. El salto hacia la perfección plástica lo dio Jacobo Florentino,
cuya excelencia como escultor bien merece exaltarse, y a él se puede atribuir
el imponente Crucifijo, llamado de San Agustín en Granada (...)". Estas
estudiadas apreciaciones de D. Manuel Gómez Moreno son la base de la aún
incontestada atribución del Cristo de San Agustín al artista de Florencia,
cuyo verdadero apellido era Torni.
El análisis estilístico determina de modo evidente su adscripción
cronológica a un momento temprano del siglo XVI. En los inicios de esta
centuria en Granada se están acometiendo importantes obras artísticas con el
fin de dotar a la nueva ciudad cristiana. Esto hace de nuestra ciudad una
importante foco de atracción para los artistas extranjeros. Entre ellos, el
francés Felipe Bigarny deja una excelente muestra de su arte en el retablo mayor
de la Capilla Real. Sin embargo, la tensión emocional de sus realizaciones
escultóricas deja, en cierto modo, a un lado otras preocupaciones formales como
las que podemos rastrear en el Santo Cristo.
La sobriedad con tinte ideal de sus formas, penetradas de un sentido clásico
entroncado ya con la emoción religiosa hispana, nos habla de un artista
italiano. De los escultores de aquel país venidos a España, Torrigiano no era
candidato principal por no haber venido nunca a Granada. Sin embargo, Jacobo
Torni o Florentino (Apodado por el tratadista Vasari como "el Indaco")
ya aparece en Granada hacia 1520 en las obras de la Capilla Real, principalmente
en el retablo de la Capilla de la Santa Cruz. Sus peculiares y bellísimos
grutescos en dicho retablo llevaron a relacionar a este artista con el imponente
grupo del Entierro de Cristo que, procedente del Monasterio de San Jerónimo, se
conserva en el Museo Provincial de Bellas Artes. En este último aparece ya
claramente configurado el tipo de Cristo que repetirá de modo singularmente
pleno en el Cristo de San Agustín.
El equilibrio en el juego de los volúmenes marca la verticalidad de este
impresionante Crucificado, no resaltando en exceso la musculatura y comprimiendo
nerviosamente la tensión y emoción religiosas en formas de blando y hermoso
modelado. Todas ellas son notas distintivas de un Cristo pronto mediomilenario,
pues debió ejecutarse entre la llegada de Florentino a Granada en 1520 y su
muerte en 1526 y, más probablemente antes de 1523 en que marcha camino de
Murcia para trabajar en la Catedral de aquella ciudad.
La policromía, por otro lado, es otro punto de competencia estilística.
Sabemos que en el retablo de la Santa Cruz contó con dos colaboradores
policromadores, Antonio de Plasencia y Alonso de Salamanca. Es muy plausible que
por el apremio de múltiples trabajos nuestro artista se sirviera de este grupo
de colaboradores de modo habitual. Las coincidencias con el grupo del Entierro
de Cristo así parecen indicarlo e incluso se pueden establecer conexiones con
el propio retablo mayor de la Capilla Real y hablar así de una hipotética
intervención en él de Florentino o del grupo por él dirigido.
En el caso del Santo Cristo de San Agustín, la policromía
está emparentada
directamente con las obras mencionadas, quizás de manos de los policromadores
señalados. La inexistencia de sudario tallado, y consecuentemente estofado, no
permite estrechar aún más estas relaciones. Se trata de una carnación de
pulimento que se encuentra oscurecida, ofreciendo un tono engañoso; su
comparación con el grupo del Entierro de Cristo del Museo de Bellas Artes,
recién restaurado, nos puede dar una idea aproximada de cómo pudo ser la
original. A ello se añade una también oscura policromía de sangre, pintada a
pincel y a bulto, aunque en parte parece proceder de un repinte posterior, que
en nada desmerece al sobrio conjunto.
Se trata, en definitiva, de una talla de sobrado mérito y extraordinario
interés por su antigüedad, así como por la procedencia de su autor y las
influencias que sobre el arte granadino pudo dejar. Además, la acendrada
devoción que desde temprano esta ciudad le tributó a la imagen, realzan aún
más sus ya de por sí extraordinarios valores. Por ello, su custodia y
veneración deben ser a un tiempo orgullo y responsabilidad de la que
participamos todos los hermanos.
Autor:
Juan Jesús López-Guadalupe Muñoz
Título: El Santo Cristo de San Agustín. Notas para un estudio artístico.
Publicado en: Boletín "El Muñidor". Noviembre-Diciembre 1993
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de su fuente de procedencia.
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