PROPUESTA DE REFLEXIÓN VOCACIONAL (II)
VIDA CONSAGRADA

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COMUNIDAD DE RELIGIOSAS DEL SANTO ÁNGEL CUSTODIO

 

a Hermandad, desde su dimensión eclesial, no puede ser ajena a la vocación religiosa que pudiera surgir entre sus miembros. En este caso, nos referimos a la vocación a la vida consagrada, una opción de una riqueza espiritual extraordinaria, por más que haya quienes piensen que está pasada de moda. Los hermanos y hermanas de la Hermandad Sacramental del Cristo de San Agustín los experimentamos a diario, sintiendo la cercanía y la fuerza que nos transmiten nuestras religiosas clarisas del Sto. Ángel Custodio. La siguiente invitación, escrita con la frescura propia del espíritu franciscano y con el estilo sencillo y directo que emana de la riqueza del corazón, ha sido redactada por nuestras religiosas. Es una invitación para ti, léela con atención:

 VIDA CONSAGRADA

Hace ocho siglos una mujer, Clara de Asís, guardaba en su corazón un nombre que le hacía feliz: Jesucristo.
Este tesoro nos lo ha legado como herencia a sus hijas, quienes, llenas de gozo, vivimos de esta sola realidad: “El amor de Cristo nos hace felices”.
La vocación de clarisa es vivir la fraternidad. La fraternidad es un regalo grandísimo. La vida en común es una maravillosa aventura que nace de una libertad: la libertad de amar y ser amada.
Cuando dos o más se reúnen en el nombre de Jesús, Él está allí presente. Clara nos ha dado el secreto de la fraternidad: acoger a cada hermana como un regalo de Dios.
Parece que Dios tiene el capricho de unir a personas humanamente distintas, procedentes de culturas, ambientes, países totalmente diferentes. Esta es precisamente la belleza de la comunidad, su riqueza.
Las comunidades más hermosas lo son justamente por la gran diversidad de personas y temperamentos, lo que obliga a cada uno a saltar por encima de sus simpatías y antipatías para querer al otro tal como es.
Una comunidad de clarisas no es un equipo de trabajo, es un lugar radiante donde cada uno está dispuesto a abrirse al otro, sin excluir a nadie. Es dejar que los otros entren en mí, y yo hacerme delicado para entrar en ellos.
Centro de nuestra fraternidad es Jesucristo. Él es quien hace posible que nos amemos y demos la vida unos por los otros como Él lo hizo. No hay que buscar grandes cosas para vivir en comunidad. La fraternidad se hace con delicadeza mutua en lo cotidiano.
Para ti, joven que buscas verdadero sentido a tu vida, que buscas a Dios y quieres experimentar nuestra vida:

Convento del Santo Ángel
C/ San Antón, 40 - 18005 Granada
Tfno. 958-262653