PRESENTACIÓN
Nunca
pude imaginarme que tendría la posibilidad de preparar una propuesta de
reflexión vocacional para una página Web y, más aún, de Semana Santa. Yo
fui costalero y cofrade, antes que cura. Y sin esa experiencia, posiblemente
no sería ahora sacerdote. Fue una etapa de mi vida donde el Señor me hizo la
propuesta vocacional. Hoy, gracias a Dios, soy sacerdote y cofrade. Tengo que
reconocer que mi vocación sacerdotal, religiosa y misionera ha sido lo mejor
de mi vida. Gracias a ello tuve muchas posibilidades y oportunidades. Entre
ellas, la de actuar como sacerdote, al servicio de la Iglesia y, en tantas
ocasiones, al servicio de mi Cofradía.
Gracias a nuestra Hermandad por hacer posible esta página. El Santísimo
Cristo de San Agustín está llamando a muchos jóvenes, para la vocación
religiosa y sacerdotal. Confío en que no tengan miedo y se atrevan a
compartir su inquietud. Ya rezo por ellos y, si yo puedo servirles, ya saben
que pueden contar conmigo.
Os saludo a todos con afecto de hermano y os animo a leer esta propuesta.
Dedicarle algún tiempo, especialmente los hermanos más jóvenes, y no tengáis
miedo.
P.
Francisco Tejerizo, CSsR
LA
SITUACIÓN VOCACIONAL
Hay
muchas situaciones diversas en las cuales descubrir la vocación. Una situación
es la de las personas de menos edad (por ejemplo, 18 años), otra la de
personas con más edad (por ejemplo, 28 años).
Una situación es la de personas que están estudiando y en búsqueda, pero
otra es la de aquellas que ya tienen un trabajo, un puesto social.
La llamada de Dios puede surgir en cualquier momento de la vida; por eso la
vocación está sometida a las crisis correspondientes a cada edad y, por
tanto, condicionada por ellas.
Cuando la vocación se descubre en la adolescencia, la crisis es de
inseguridad, de sentimientos de inferioridad. El llamado tiene sensación de
impotencia ante la vocación. Cuando la vocación se descubre en la juventud más
tardía, ha de enfrentarse con más cosas que dejar y con más experiencias
que contrastar.
La inquietud vocacional obliga a plantearse preguntas radicales. Y se puede
llegar hasta querer olvidarse de Dios y excluirlo de la propia vida. Se desea
que no exista Dios, que no se implique y no complique nuestra vida.
La vocación permite descubrir a un Dios muy real, tan implicado en la vida
que puede complicarla. Tan real que amenaza los proyectos que se realizan sin
contar con él.
Por esto, cuando se empieza a descubrir la vocación hay que darle tiempo.
Nada de dramatismos, ni de falsas urgencias, ni de huidas temerosas, ni de
abandonos o decisiones precipitadas.
Tu vocación necesita tiempo. La llamada de Dios llega y se consolida en el
tiempo. Parece que es algo que te viene de fuera, pero, en realidad, es lo más
profundo de tI mismo y has de descubrirlo. Ponte en camino y no temas, los
caminos de Dios superan todas nuestras previsiones.
LA
VOCACIÓN DE SANTA MARÍA
“Al
sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea,
llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la
casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando donde ella
estaba, dijo: Alégrate, llena de gracia, el señor es contigo. Ella se
conturbó por esta palabras, y discurría qué significaría aquel saludo.
El ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia delante de
Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás
por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el
Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de
Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.
María respondió al ángel: ¿Cómo será eso, puesto que no conozco varón?
El ángel le respondió: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del
Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo
y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha
concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que
llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios. Dijo María:
He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. Y el ángel
dejándola se fue”.
(Lc
1, 26-38)
El
evangelio interpreta la vida humana como un campo donde germina la Palabra de
Dios, que es la semilla. El hombre se logrará o se malogrará según acoja o no la Palabra. Si la Palabra
llama, el hombre ha de dar una respuesta. Maduramos como seres humanos (nos
realizamos) si escuchamos la voz que nos dirigen y nosotros mismos
respondemos. Puedo tener ideas, deseos, cualidades; pero soy vocación:
llamado a ser persona. Es la vocación principal.
LA
LLAMADA DE MARÍA
No
es distinto en el caso de María. También ella es llamada a realizarse, a ser
persona, en la circunstancia concreta en que Dios la quiso.
Si una mujer del pueblo la proclamó dichosa por haber llevado en su seno al
Señor y por haberlo amamantado, el Evangelio nos invita a cambiar el motivo
de la dicha: ella es dichosa porque escucha la Palabra de Dios y entra en diálogo
con ella.
El relato de la vocación de María, que encontramos en el evangelio de Lucas,
se inicia dejando constancia de las circunstancias vocacionales en que la
protagonista es llamada.
El narrador nos sitúa en el sexto mes de la concepción de Juan Bautista y
nos traslada a un pueblo desconocido de Galilea. También nos informa de los
rasgos del personaje que atrae su atención: Se trata de una muchacha
insignificante, cuya única grandeza estriba en estar comprometida con un
hombre que se llama José. Su ciudad, Nazaret, ni siquiera sonaba en los mapas
de la tierra santa. ¿Que puede esperarse de Nazaret?
En este ambiente de pobreza "fue enviado por Dios el ángel
Gabriel". Así Dios se hace presente como fuerza y vigor en un escenario
de debilidad.
Ante la experiencia religiosa, siempre cabe preguntarse. ¿Quién soy yo para
que me visites?
Gabriel le dirige palabras que son más que un saludo. La muchacha de Nazaret
ya no se llamará María, sino "llena de gracia". Dios, que
es gracia, ha hecho morada en María y la ha llenado de su belleza.
María se turba y reflexiona, sin pronunciar palabra alguna. Se concentra en
la palabra que acaba de escuchar y busca comprender todo su alcance. Ella es
llamada a tener una relación exclusiva con Dios. Así, la experiencia de
encuentro personal con Dios es el núcleo de toda vocación.
LA
MISIÓN DE MARÍA
Pero
toda experiencia divina tiene una finalidad. Y María comprende el alcance de
la palabra que se le ha dirigido y pregunta: "¿cómo puede ser
esto?" Resulta inevitable sentir que la misión que se le confía
excede sus propias capacidades. Entonces María se descubre también en manos
del más fuerte.
Pero la experiencia de la llamada no
queda libre de la sospecha. ¿No será una elaboración de la propia psicología?
¿No será un capricho la misión? Por eso lo que ha sucedido a Isabel será
un signo para María.
Quien
busque signos para su vocación sólo ha de estar atento a su propia vida para
descubrir vestigios de la presencia de Dios que le habla de una manera
personal y concreta.
LA
RESPUESTA A LA LLAMADA
Todo
está preparado para que María dé una respuesta definitiva a la vocación-misión.
Se ha quedado turbada, en silencio reflexivo y ha recibido una aclaración
posterior. Ahora ha de pronunciar su última palabra.
Y María se declara en total disponibilidad: "He aquí la esclava del
Señor".
Así se autodesigna como la sierva
que tiene puestos sus ojos en las manos de su Señor. Ella se ofrece como
lugar de verificación: si nada hay imposible para Dios, que Dios cumpla en mí
su palabra y su obra.
Desde
el principio María ha escuchado atenta y meditativamente la palabra que se le
confiaba (v. 28). Pidió posteriormente una palabra que le ayudara a una mejor
comprensión (v. 34). Y, llegados al final, María se expone al cumplimiento
de la palabra: "Cúmplase en mí lo que has dicho".
CONCLUSIÓN
Porque
no sólo tenemos vocación, sino que somos vocación; porque en el fondo de
nuestra existencia suena la Palabra que llama; porque esa palabra nos adentra
en el misterio de Dios y nos encomienda una misión; porque deseamos
participar de la dicha de aquél que acoge la palabra y se entrega a la misma,
vemos en María a la sierva del Señor oyente de su palabra. Mirándola
atentamente aprenderemos a decir "heme aquí" y "hágase".
SAN
PEDRO: DE VOCACIÓN, PESCADOR
“Cuando
Jesús acabó de hablar, dijo a Simón: Rema mar adentro y hecha las redes
para pescar. Simón contestó: Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y
no hemos cogido nada; pero, por tu palabra echaré las redes. Y puestos a la
obra, hicieron una redada de peces tan grande, que reventaba la red.
Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles
una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: 'Apártate
de mí, Señor, que soy un pecador'. Y es que el asombro se había apoderado
de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían
cogido; y lo mismo le pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran
compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: 'no temas: desde ahora, serás
pescador de hombres'. Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo,
lo siguieron”.
(Lc
5, 1-11)
A
Pedro le encantaba pescar; pero cuando volvía a casa, al atardecer, después
de remendar las redes, se preguntaba qué clase de vida monótona era la suya.
En esa situación, Jesús encontró a Pedro a orillas del lago y le hizo una
propuesta que le encandiló: "Sígueme y no temas".
Jesús no resolvió sus dudas de manera teórica. Sólo le hizo ver que le
ofrecía la posibilidad de llevar a cabo una tarea importante. Y Pedro sintió
cómo en su interior brotaba un entusiasmo nuevo, una confianza renovada, una
esperanza sin límites. Así entendió mejor el sentido de su existencia, y su
horizonte cobró una amplitud sin límites.
A tI también se te hace la misma invitación. En ti también puede brotar un
entusiasmo renovado.
Pedro amaba a Jesús. Lo amaba entrañablemente. Incluso había insistido
tercamente: "daré la vida por ti". Pero entonces se engañaba.
Su amor -sin duda real- era todavía inmaduro. De hecho, Pedro no fue capaz de
reconocer al Maestro en la hora de la Pasión.
EL
ENCUENTRO (Jn 2, 35-44)
Simón,
el hijo de Juan, no nació santo precisamente. Contaba además con tres
condicionamientos poco favorables al seguimiento de Jesús. Primero, el
ambiente: el pescador de Betsaida se movía al norte de Genesaret en una zona
que Jesús se negará a maldecir un día por su incredulidad. Luego, su
mentalidad, totalmente falseada con respecto a la figura del Mesías y a las
expectativas que cabía hacerse sobre él. Por último, su carácter,
ciertamente simpático por la espontaneidad, la generosidad y la decisión con
que se comporta en todo momento; pero más bien terco, impulsivo y
autosuficiente. Este hombre, de dura cerviz, va a encontrar en Jesús la razón
para ser una persona nueva.
En el relato del primer encuentro entre Jesús y Pedro hay dos detalles
importantes. Primero: Pedro se encuentra directamente con la mirada de Jesús.
Segundo: Jesús cambia el nombre a Simón, es decir, da un rumbo nuevo a su
vida.
Esta experiencia marca la vida de Simón Pedro y la divide en dos etapas bien
diferenciadas: antes y después de su encuentro con el Mesías.
LA
FASCINACIÓN (Lc 5, 1-11)
¿Qué
es lo que seduce a los apóstoles en su primer encuentro con Jesús? Jesús es
la imagen de Dios invisible. Es el amor de Dios manifestado a los hombres. Y
ese amor se deja sentir. Por ello, toda vocación es una historia de amor.
Esta fascinación por Jesús va creciendo conforme Pedro observa los gestos de
Jesús, escucha su palabra, es testigo de sus milagros...
Pero, sobre todo, es la pesca milagrosa la que hace que Pedro se ponga de
rodillas y le pida a Jesús que se aparte de él porque es un pecador.
Entonces Jesús le convierte en pescador de hombres. Y Simón, dejándolo
todo, lo sigue. Así, Pedro, inicia una nueva etapa en su itinerario de fe.
LA
CRISIS (Lc 22, 54-62)
La
historia de Pedro toca fondo la noche de la Pasión cuando niega a Jesús y se
desentiende del Maestro. Se ha apoyado demasiado en sí mismo y no ha podido
ver su propia debilidad.
Entonces Jesús pasa ante Pedro. Le mira despacio, como la primera vez, y le
hace experimentar que, pese a todo, nada ha cambiado. El llanto amargo de
Pedro, provocado por la mirada de Jesús, tiene toda la eficacia de un
bautismo que lava, purifica y serena.
LA
ENTREGA (Jn 21, 15-19)
La
acogida incondicional de Jesús y la propia la conciencia conocedora de sus límites,
deficiencias y negaciones ha cambiado a Pedro y le hace madurar. Ahora se
conoce mejor a sí mismo y también conoce mejor el modo de actuar de Jesús.
Ahora puede decir con más seguridad: "Señor, tú lo sabes todo, sabes que te amo".
JUAN PABLO II: ACOGER LA
VOCACIÓN
"Que
cuantos son llamados al sacerdocio o a la vida consagrada acojan con generosa
disponibilidad la semilla de la vocación que Dios ha depositado en su corazón.
Atrayéndoles a seguir a Cristo con corazón indiviso, el Padre les invita a
ser apóstoles alegres y libres del Reino. En la respuesta generosa a la
invitación, ellos encontrarán aquella felicidad verdadera a la que aspira su
corazón".
"Jesús dijo: "Mi alimento, es
hacer la voluntad del que me envió y acabar su obra" (Jn 4, 34). Con
estas palabras, él revela que el proyecto personal de la vida está escrito
por un benévolo designio del Padre. Para descubrirlo es necesario renunciar a
una interpretación demasiado terrena de la vida, y poner en Dios el
fundamento y el sentido de la propia existencia. La vocación es ante todo don
de Dios: no es escoger, sino ser escogido; es respuesta, a un amor que precede
y acompaña. Para quien se hace dócil a la voluntad del Señor la vida llega
a ser un bien recibido, que tiende por su naturaleza a transformarse en
ofrenda y don".
UN
PUESTO PARA TI
Vamos
a partir de una realidad de fe que aceptamos todos los creyentes: Dios tiene
un plan con muchos puestos de servicio; entre todos esos puestos hay uno para
mí y ésta es mi vocación.
a)
Dios tiene un plan
Tiene
un proyecto, un designio. Quiere algo. Proyecta algo. Quiere que el hombre y
el mundo lleguen a la salvación. Y la salvación del hombre y del mundo se
consiguen con el compromiso del hombre, en la construcción de un mundo nuevo
según el plan de Dios.
b)
Con muchos puestos
Para
poner en marcha ese Reino hacen falta muchas cosas, hace falta poner en juego
muchos resortes. Dios ha pensado que haya muchos puestos, como los infinitos
elementos de un proceso largo y complejo. Son puestos de trabajo para
construir y hacer realidad una utopía maravillosa: el Reino. Eso es una
tarea. No cosiste simplemente que ‘estés en gracia’ o que ‘cumplas unos
preceptos’... Es una invitación a colaborar con él en la construcción del
Reino.
c)
Y hay un puesto para ti
Y
entre todos esos puestos de servicio hay uno para cada persona. Uno para ti. Y
esto no sólo en el sentido de que la causa necesita que muchos arrimen el
hombro y es tan grande que hay sitio para todos, sino en el sentido de que
Dios tiene pensado para ti en concreto un puesto dentro de todos esos. Dios ha
pensado un sitio concreto para ti y te ha hecho pensando en un puesto. Las dos
cosas.
d)
Y esa es tu vocación
Pues
bien, ese puesto que Dios tiene pensado para ti, esa es tu vocación. Por
tanto, la vocación es una llamada que Dios te hace para colaborar con él en
ese proyecto suyo que es el Reino de Dios. Ese proyecto se resume en una
palabra, en un programa: el amor. Y se participa dándose, dando, entregando
la vida. ¿Para qué sirve la vida si no es para darla?
LA
ELECCIÓN VOCACIONAL
La
elección vocacional es una decisión fundamental para la vida. Hay que
afrontarla con realismo y en una situación histórica personal concreta.
Siempre existe un momento en el que uno ha de pronunciarse. Y para hacerlo con
garantías hay que plantearse estos interrogantes:
1)
¿Qué me dice mi historia?: La propia historia habla de parte de
Dios. Detrás de cada acontecimiento hay una insinuación: Se hace preciso,
por tanto, adentrarse en ella para descubrir su significado. Sus heridas y sus
alegrías son indicios. ¿Qué acontecimientos se suceden en tu vida? Trata de
descubrir la continuidad que tiene tu historia, porque en Dios no hay
contradicción. Además, Dios no juega con ninguno de nosotros.
2)
¿Qué estoy viviendo ahora? Dios no sólo se manifestó en tu
pasado. Él sigue hablandote hoy en las cosas que vives. Él sigue inquietándote
y llevándote adelante. ¿Los hechos pasados de tu vida se ven explicados por
los actuales? Mira si tu presente explica tu pasado.
3)
¿Qué quiero vivir? Proyecta tu futuro. Dios también te impulsa al
mañana. En tu hoy se contiene todo tu porvenir. ¿Cómo te sientes y te vas a
sentir más feliz? ¿Cómo puedes desarrollar más tus capacidades y dones? En
definitiva, ¿qué has de hacer para ser cada vez más tú mismo?
A fin de cuentas la voluntad de Dios es que tú cada vez seas más tú
y que cada vez más realices el seguimiento de Jesús.
ORACIÓN
¿Me
has llamado, Señor?
Cada noche me pregunto si algún día oiré tu voz...
¿Cómo sabré que eres tú?
No sé si te presentarás como un amigo
o si me llevarás contigo a otro lugar.
Muchas veces intento poner atención
y tratar de escucharte pero
el silencio lo llena todo y
sólo oigo esa voz interna
que me acompaña cada día.
Sé que estoy en el mundo por algo
y debo descubrir ese motivo.
No es fácil
pero tengo toda una vida por delante.
Trato de adivinar
qué es lo que quieres de mí,
de mi persona.
¿Qué puedo darte yo si
tan sólo soy un joven que
lucha por pequeños ideales?
¿Acaso eres Tú esa voz misteriosa?
Se me hace difícil pensar en todo esto pero
no puedo evitar estar un poco asustado
respecto a la vida y a la muerte.
Es como... como si estuviera
solo perdido en el océano,
sin una salida visible,
sin un barco amigo.
Sólo la esperanza permite que siga en pie,
sólo la fe en otra vida me mantiene despierto.
No puedo dejarme llevar por el pensamiento
de una existencia limitada, mortal:
un paseo y... todo se acabó, terminó,
como si de un sueño se tratara.
¡No es posible!
Me volvería loco creyendo esto.
Estaré despierto para lo que quieras,
pero siempre tendré la duda
de si me llamaste y no oí tu voz.