PROPUESTA DE REFLEXIÓN VOCACIONAL
¡JOVEN HERMANO DEL CRISTO DE SAN AGUSTÍN
,
ESTA PROPUESTA ES PARA TI!

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FRANCISCO TEJERIZO LINARES

e complace poner a disposición de todos los miembros de la Hermandad, en especial de los jóvenes cofrades, esta profunda reflexión vocacional que, con enorme cariño, ha elaborado para nosotros nuestro Hermano y Sacerdote Francisco Tejerizo Linares.
Sólo te ruego una cosa: léela hasta el final. La disfrutarás, te hará pensar. Y eso no es poco. No desprecies este texto, su lectura se hace más corta de lo que crees. Y si tienes alguna duda o inquietud, no faltará entre nuestros Hermanos-Sacerdotes quien te ayude a aclararla. También en este terreno, el más íntimo de la Vida Interior, por tocar las fibras más personales de nuestra vocación, la Hermandad desea estar a tu lado. Gracias por leer este texto.

El Hermano Mayor

 

 

PRESENTACIÓN

Nunca pude imaginarme que tendría la posibilidad de preparar una propuesta de reflexión vocacional para una página Web y, más aún, de Semana Santa. Yo fui costalero y cofrade, antes que cura. Y sin esa experiencia, posiblemente no sería ahora sacerdote. Fue una etapa de mi vida donde el Señor me hizo la propuesta vocacional. Hoy, gracias a Dios, soy sacerdote y cofrade. Tengo que reconocer que mi vocación sacerdotal, religiosa y misionera ha sido lo mejor de mi vida. Gracias a ello tuve muchas posibilidades y oportunidades. Entre ellas, la de actuar como sacerdote, al servicio de la Iglesia y, en tantas ocasiones, al servicio de mi Cofradía. 
Gracias a nuestra Hermandad por hacer posible esta página. El Santísimo Cristo de San Agustín está llamando a muchos jóvenes, para la vocación religiosa y sacerdotal. Confío en que no tengan miedo y se atrevan a compartir su inquietud. Ya rezo por ellos y, si yo puedo servirles, ya saben que pueden contar conmigo.
Os saludo a todos con afecto de hermano y os animo a leer esta propuesta. Dedicarle algún tiempo, especialmente los hermanos más jóvenes, y no tengáis miedo.

P. Francisco Tejerizo, CSsR

 

LA SITUACIÓN VOCACIONAL

Hay muchas situaciones diversas en las cuales descubrir la vocación. Una situación es la de las personas de menos edad (por ejemplo, 18 años), otra la de personas con más edad (por ejemplo, 28 años).
Una situación es la de personas que están estudiando y en búsqueda, pero otra es la de aquellas que ya tienen un trabajo, un puesto social.
La llamada de Dios puede surgir en cualquier momento de la vida; por eso la vocación está sometida a las crisis correspondientes a cada edad y, por tanto, condicionada por ellas.
Cuando la vocación se descubre en la adolescencia, la crisis es de inseguridad, de sentimientos de inferioridad. El llamado tiene sensación de impotencia ante la vocación. Cuando la vocación se descubre en la juventud más tardía, ha de enfrentarse con más cosas que dejar y con más experiencias que contrastar.
La inquietud vocacional obliga a plantearse preguntas radicales. Y se puede llegar hasta querer olvidarse de Dios y excluirlo de la propia vida. Se desea que no exista Dios, que no se implique y no complique nuestra vida.
La vocación permite descubrir a un Dios muy real, tan implicado en la vida que puede complicarla. Tan real que amenaza los proyectos que se realizan sin contar con él.
Por esto, cuando se empieza a descubrir la vocación hay que darle tiempo. Nada de dramatismos, ni de falsas urgencias, ni de huidas temerosas, ni de abandonos o decisiones precipitadas. 
Tu vocación necesita tiempo. La llamada de Dios llega y se consolida en el tiempo. Parece que es algo que te viene de fuera, pero, en realidad, es lo más profundo de tI mismo y has de descubrirlo. Ponte en camino y no temas, los caminos de Dios superan todas nuestras previsiones.

 

LA VOCACIÓN DE SANTA MARÍA

“Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando donde ella estaba, dijo: Alégrate, llena de gracia, el señor es contigo. Ella se conturbó por esta palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.
María respondió al ángel: ¿Cómo será eso, puesto que no conozco varón?
El ángel le respondió: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios. Dijo María: He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. Y el ángel dejándola se fue”.

(Lc 1, 26-38)

El evangelio interpreta la vida humana como un campo donde germina la Palabra de Dios, que es la semilla. El hombre se logrará o  se malogrará según acoja o no la Palabra. Si la Palabra llama, el hombre ha de dar una respuesta. Maduramos como seres humanos (nos realizamos) si escuchamos la voz que nos dirigen y nosotros mismos respondemos. Puedo tener ideas, deseos, cualidades; pero soy vocación: llamado a ser persona. Es la vocación principal.

 

LA LLAMADA DE MARÍA

No es distinto en el caso de María. También ella es llamada a realizarse, a ser persona, en la circunstancia concreta en que Dios la quiso. 
Si una mujer del pueblo la proclamó dichosa por haber llevado en su seno al Señor y por haberlo amamantado, el Evangelio nos invita a cambiar el motivo de la dicha: ella es dichosa porque escucha la Palabra de Dios y entra en diálogo con ella.
El relato de la vocación de María, que encontramos en el evangelio de Lucas, se inicia dejando constancia de las circunstancias vocacionales en que la protagonista es llamada.
El narrador nos sitúa en el sexto mes de la concepción de Juan Bautista y nos traslada a un pueblo desconocido de Galilea. También nos informa de los rasgos del personaje que atrae su atención: Se trata de una muchacha insignificante, cuya única grandeza estriba en estar comprometida con un hombre que se llama José. Su ciudad, Nazaret, ni siquiera sonaba en los mapas de la tierra santa. ¿Que puede esperarse de Nazaret?
En este ambiente de pobreza "fue enviado por Dios el ángel Gabriel". Así Dios se hace presente como fuerza y vigor en un escenario de debilidad. 
Ante la experiencia religiosa, siempre cabe preguntarse. ¿Quién soy yo para que me visites?
Gabriel le dirige palabras que son más que un saludo. La muchacha de Nazaret ya no se llamará María, sino "llena de gracia". Dios, que es gracia, ha hecho morada en María y la ha llenado de su belleza.
María se turba y reflexiona, sin pronunciar palabra alguna. Se concentra en la palabra que acaba de escuchar y busca comprender todo su alcance. Ella es llamada a tener una relación exclusiva con Dios. Así, la experiencia de encuentro personal con Dios es el núcleo de toda vocación.

 

LA MISIÓN DE MARÍA

Pero toda experiencia divina tiene una finalidad. Y María comprende el alcance de la palabra que se le ha dirigido y pregunta: "¿cómo puede ser esto?" Resulta inevitable sentir que la misión que se le confía excede sus propias capacidades. Entonces María se descubre también en manos del más fuerte.
Pero la experiencia de la llamada no queda libre de la sospecha. ¿No será una elaboración de la propia psicología? ¿No será un capricho la misión? Por eso lo que ha sucedido a Isabel será un signo para María.
Quien busque signos para su vocación sólo ha de estar atento a su propia vida para descubrir vestigios de la presencia de Dios que le habla de una manera personal y concreta.

 

LA RESPUESTA A LA LLAMADA

Todo está preparado para que María dé una respuesta definitiva a la vocación-misión. Se ha quedado turbada, en silencio reflexivo y ha recibido una aclaración posterior. Ahora ha de pronunciar su última palabra.
Y María se declara en total disponibilidad: "He aquí la esclava del Señor". 
Así se autodesigna como la sierva que tiene puestos sus ojos en las manos de su Señor. Ella se ofrece como lugar de verificación: si nada hay imposible para Dios, que Dios cumpla en mí su palabra y su obra.
Desde el principio María ha escuchado atenta y meditativamente la palabra que se le confiaba (v. 28). Pidió posteriormente una palabra que le ayudara a una mejor comprensión (v. 34). Y, llegados al final, María se expone al cumplimiento de la palabra: "Cúmplase en mí lo que has dicho".

 

CONCLUSIÓN

Porque no sólo tenemos vocación, sino que somos vocación; porque en el fondo de nuestra existencia suena la Palabra que llama; porque esa palabra nos adentra en el misterio de Dios y nos encomienda una misión; porque deseamos participar de la dicha de aquél que acoge la palabra y se entrega a la misma, vemos en María a la sierva del Señor oyente de su palabra. Mirándola atentamente aprenderemos a decir "heme aquí" y "hágase".

 

 

 

 

 

SAN PEDRO: DE VOCACIÓN, PESCADOR

“Cuando Jesús acabó de hablar, dijo a Simón: Rema mar adentro y hecha las redes para pescar. Simón contestó: Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra echaré las redes. Y puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande, que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: 'Apártate de mí, Señor, que soy un pecador'. Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo le pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: 'no temas: desde ahora, serás pescador de hombres'. Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron”.

(Lc 5, 1-11)

 

A Pedro le encantaba pescar; pero cuando volvía a casa, al atardecer, después de remendar las redes, se preguntaba qué clase de vida monótona era la suya. En esa situación, Jesús encontró a Pedro a orillas del lago y le hizo una propuesta que le encandiló: "Sígueme y no temas".
Jesús no resolvió sus dudas de manera teórica. Sólo le hizo ver que le ofrecía la posibilidad de llevar a cabo una tarea importante. Y Pedro sintió cómo en su interior brotaba un entusiasmo nuevo, una confianza renovada, una esperanza sin límites. Así entendió mejor el sentido de su existencia, y su horizonte cobró una amplitud sin límites.
A tI también se te hace la misma invitación. En ti también puede brotar un entusiasmo renovado.
Pedro amaba a Jesús. Lo amaba entrañablemente. Incluso había insistido tercamente: "daré la vida por ti". Pero entonces se engañaba. Su amor -sin duda real- era todavía inmaduro. De hecho, Pedro no fue capaz de reconocer al Maestro en la hora de la Pasión.

 

EL ENCUENTRO (Jn 2, 35-44)

Simón, el hijo de Juan, no nació santo precisamente. Contaba además con tres condicionamientos poco favorables al seguimiento de Jesús. Primero, el ambiente: el pescador de Betsaida se movía al norte de Genesaret en una zona que Jesús se negará a maldecir un día por su incredulidad. Luego, su mentalidad, totalmente falseada con respecto a la figura del Mesías y a las expectativas que cabía hacerse sobre él. Por último, su carácter, ciertamente simpático por la espontaneidad, la generosidad y la decisión con que se comporta en todo momento; pero más bien terco, impulsivo y autosuficiente. Este hombre, de dura cerviz, va a encontrar en Jesús la razón para ser una persona nueva.
En el relato del primer encuentro entre Jesús y Pedro hay dos detalles importantes. Primero: Pedro se encuentra directamente con la mirada de Jesús. Segundo: Jesús cambia el nombre a Simón, es decir, da un rumbo nuevo a su vida.
Esta experiencia marca la vida de Simón Pedro y la divide en dos etapas bien diferenciadas: antes y después de su encuentro con el Mesías.

 

LA FASCINACIÓN (Lc 5, 1-11)

¿Qué es lo que seduce a los apóstoles en su primer encuentro con Jesús? Jesús es la imagen de Dios invisible. Es el amor de Dios manifestado a los hombres. Y ese amor se deja sentir. Por ello, toda vocación es una historia de amor. 
Esta fascinación por Jesús va creciendo conforme Pedro observa los gestos de Jesús, escucha su palabra, es testigo de sus milagros...
Pero, sobre todo, es la pesca milagrosa la que hace que Pedro se ponga de rodillas y le pida a Jesús que se aparte de él porque es un pecador. 
Entonces Jesús le convierte en pescador de hombres. Y Simón, dejándolo todo, lo sigue. Así, Pedro, inicia una nueva etapa en su itinerario de fe.

 

LA CRISIS (Lc 22, 54-62)

La historia de Pedro toca fondo la noche de la Pasión cuando niega a Jesús y se desentiende del Maestro. Se ha apoyado demasiado en sí mismo y no ha podido ver su propia debilidad.
Entonces Jesús pasa ante Pedro. Le mira despacio, como la primera vez, y le hace experimentar que, pese a todo, nada ha cambiado. El llanto amargo de Pedro, provocado por la mirada de Jesús, tiene toda la eficacia de un bautismo que lava, purifica y serena.

 

LA ENTREGA (Jn 21, 15-19)

La acogida incondicional de Jesús y la propia la conciencia conocedora de sus límites, deficiencias y negaciones ha cambiado a Pedro y le hace madurar. Ahora se conoce mejor a sí mismo y también conoce mejor el modo de actuar de Jesús. Ahora puede decir con más seguridad: "Señor, tú lo sabes todo, sabes que te amo".

 

JUAN PABLO II: ACOGER LA VOCACIÓN

"Que cuantos son llamados al sacerdocio o a la vida consagrada acojan con generosa disponibilidad la semilla de la vocación que Dios ha depositado en su corazón. Atrayéndoles a seguir a Cristo con corazón indiviso, el Padre les invita a ser apóstoles alegres y libres del Reino. En la respuesta generosa a la invitación, ellos encontrarán aquella felicidad verdadera a la que aspira su corazón".
"Jesús dijo: "Mi alimento, es hacer la voluntad del que me envió y acabar su obra" (Jn 4, 34). Con estas palabras, él revela que el proyecto personal de la vida está escrito por un benévolo designio del Padre. Para descubrirlo es necesario renunciar a una interpretación demasiado terrena de la vida, y poner en Dios el fundamento y el sentido de la propia existencia. La vocación es ante todo don de Dios: no es escoger, sino ser escogido; es respuesta, a un amor que precede y acompaña. Para quien se hace dócil a la voluntad del Señor la vida llega a ser un bien recibido, que tiende por su naturaleza a transformarse en ofrenda y don".

 

UN PUESTO PARA TI

Vamos a partir de una realidad de fe que aceptamos todos los creyentes: Dios tiene un plan con muchos puestos de servicio; entre todos esos puestos hay uno para mí y ésta es mi vocación.

a)    Dios tiene un plan

Tiene un proyecto, un designio. Quiere algo. Proyecta algo. Quiere que el hombre y el mundo lleguen a la salvación. Y la salvación del hombre y del mundo se consiguen con el compromiso del hombre, en la construcción de un mundo nuevo según el plan de Dios.

b)    Con muchos puestos

Para poner en marcha ese Reino hacen falta muchas cosas, hace falta poner en juego muchos resortes. Dios ha pensado que haya muchos puestos, como los infinitos elementos de un proceso largo y complejo. Son puestos de trabajo para construir y hacer realidad una utopía maravillosa: el Reino. Eso es una tarea. No cosiste simplemente que ‘estés en gracia’ o que ‘cumplas unos preceptos’... Es una invitación a colaborar con él en la construcción del Reino.

c)    Y hay un puesto para ti

Y entre todos esos puestos de servicio hay uno para cada persona. Uno para ti. Y esto no sólo en el sentido de que la causa necesita que muchos arrimen el hombro y es tan grande que hay sitio para todos, sino en el sentido de que Dios tiene pensado para ti en concreto un puesto dentro de todos esos. Dios ha pensado un sitio concreto para ti y te ha hecho pensando en un puesto. Las dos cosas.

d)    Y esa es tu vocación

Pues bien, ese puesto que Dios tiene pensado para ti, esa es tu vocación. Por tanto, la vocación es una llamada que Dios te hace para colaborar con él en ese proyecto suyo que es el Reino de Dios. Ese proyecto se resume en una palabra, en un programa: el amor. Y se participa dándose, dando, entregando la vida. ¿Para qué sirve la vida si no es para darla?

 

LA ELECCIÓN VOCACIONAL

La elección vocacional es una decisión fundamental para la vida. Hay que afrontarla con realismo y en una situación histórica personal concreta. Siempre existe un momento en el que uno ha de pronunciarse. Y para hacerlo con garantías hay que plantearse estos interrogantes:

1) ¿Qué me dice mi historia?: La propia historia habla de parte de Dios. Detrás de cada acontecimiento hay una insinuación: Se hace preciso, por tanto, adentrarse en ella para descubrir su significado. Sus heridas y sus alegrías son indicios. ¿Qué acontecimientos se suceden en tu vida? Trata de descubrir la continuidad que tiene tu historia, porque en Dios no hay contradicción. Además, Dios no juega con ninguno de nosotros.

2) ¿Qué estoy viviendo ahora? Dios no sólo se manifestó en tu pasado. Él sigue hablandote hoy en las cosas que vives. Él sigue inquietándote y llevándote adelante. ¿Los hechos pasados de tu vida se ven explicados por los actuales? Mira si tu presente explica tu pasado.

3) ¿Qué quiero vivir? Proyecta tu futuro. Dios también te impulsa al mañana. En tu hoy se contiene todo tu porvenir. ¿Cómo te sientes y te vas a sentir más feliz? ¿Cómo puedes desarrollar más tus capacidades y dones? En definitiva, ¿qué has de hacer para ser cada vez más tú mismo?  A fin de cuentas la voluntad de Dios es que tú cada vez seas más tú y que cada vez más realices el seguimiento de Jesús.

 

ORACIÓN

 

¿Me has llamado, Señor?
Cada noche me pregunto si algún día oiré tu voz...
¿Cómo sabré que eres tú?
No sé si te presentarás como un amigo
o si me llevarás contigo a otro lugar.
Muchas veces intento poner atención
y tratar de escucharte pero
el silencio lo llena todo y
sólo oigo esa voz interna
que me acompaña cada día.
Sé que estoy en el mundo por algo
y debo descubrir ese motivo.
No es fácil
pero tengo toda una vida por delante.
Trato de adivinar
qué es lo que quieres de mí,
de mi persona.
¿Qué puedo darte yo si
tan sólo soy un joven que
lucha por pequeños ideales?
¿Acaso eres Tú esa voz misteriosa?
Se me hace difícil pensar en todo esto pero
no puedo evitar estar un poco asustado
respecto a la vida y a la muerte.
Es como... como si estuviera
solo perdido en el océano,
sin una salida visible,
sin un barco amigo.
Sólo la esperanza permite que siga en pie,
sólo la fe en otra vida me mantiene despierto.
No puedo dejarme llevar por el pensamiento 
de una existencia limitada, mortal:
un paseo y... todo se acabó, terminó,
como si de un sueño se tratara.
¡No es posible!
Me volvería loco creyendo esto.
Estaré despierto para lo que quieras,
pero siempre tendré la duda 
de si me llamaste y no oí tu voz.

 

Correo electrónico del autor: ftejerizo@hotmail.com