DEVOCIONES GRANADINAS
NUESTRA SEÑORA DE LA CONSOLACIÓN

 

ANTONIO PADIAL BAILÓN

Esta advocación mariana es una de las más antiguas del orbe católico. En la iconografía de la Consolación se nos presenta a la Virgen con el Niño en brazos, el cual sostiene en sus manos una correa con la que juega, pues la advocación completa es la de Nuestra Señora de la Consolación y Correa, siendo patrona de todas las ordenes cinturadas, especialmente de la de San Agustín.

    

Consolación de San Francisco (Casa Grande)

En Granada aparece con esta Orden Agustina, cuando sus ramas se establecen en nuestra ciudad en el siglo XVI. Pero no es exclusiva de los conventos agustinos la devoción a esta advocación de la Virgen. En otros, como los franciscanos del Convento de San Francisco ( Casa Grande), se veneraba, desde el siglo XVII, una imagen de la Virgen con el Niño que estuvo servida por una hermandad o esclavitud que se constituyó a principios del último cuarto de dicho siglo.

Pertenecían a esta esclavitud familias nobles del barrio de Santa Escolástica, entre ellas, los Álarcón, emparentados con los Granada Venegas, descendientes de la familia real nazarí y los Suarez, cuyas casas-palacio estaban frente al convento de San Francisco en la calle de Pavaneras; los Cañaveral y los Loaysa, apellidos asociados a los Condes de Benalúa y a los Condes del Arco, respectivamente, descendientes, ambos, de los conquistadores de Granada. 

De esta esclavitud se sabe, que en el siglo XVIII, tenía cierta concordia con la hermandad de penitencia de la Vera Cruz, sita en el mismo convento, cuyo paso de Virgen lo constituía la Virgen de la Consolación, sin el Niño, a la que se vestía de Soledad para la procesión del Jueves Santo, poniéndole en el pecho un corazón de filigrana de oro y, tal vez, un rosario con tres medallas engarzadas en oro. Con esta presencia en la Semana Santa de la imagen, se podría afirmar, que la advocación de Consolación se encuentra presente en las procesiones de penitencia granadinas ya en los albores del siglo XVIII.         

De lo extenso del inventario de 1766 que redactó la Esclavitud y que figura en el legajo 25 F, pieza 5, del Archivo eclesiástico de la Curia, se podría deducir el esplendor del culto a esta imagen mariana.

Es posible que esta Esclavitud se extinguiera a finales del siglo XVIII o a principios del XIX, cuando desaparecieron tantas hermandades o bien, con la exclaustarción de los frailes franciscanos. No se sabe, por ahora, donde se encuentra esta imagen de gloria de la Virgen de la Consolación. Como hipótesis, sin más apoyo que la advocación y la proximidad de la iglesia a la que pudiera haber sido llevada al desaparecer el convento de San Francisco, podría haber ido a la iglesia de San Matías, donde a partir de mediados del siglo XIX, se le tributó culto a una imagen de vestir de Nuestra Señora de la Consolación de la que a continuación hablaremos.

 

Consolación de San Matías

El culto y devoción, en nuestra ciudad, a la Virgen de la Consolación no se reducía al que se le otorgaba en los mencionados conventos de ordenes cinturadas. En la iglesia parroquial de San Matías se veneraba una imagen de vestir de la Virgen con el Niño que hoy todavía tenemos la posibilidad de contemplar en el primer altar de la izquierda de la citada iglesia. Una congregación de señoras denominada, “la Corte de María”, los días dieciocho de cada mes, realizaba actos de culto a dicha imagen de Nuestra Señora de la Consolación de la referida iglesia de San Matías.

Desde mediados del siglo XIX, se tiene noticia puntual de estos cultos de la Corte de María que desaparecen, probablemente, durante nuestra Guerra Civil o poco después, los años cuarenta de este siglo.  

    

Consolación de las Agustinas de la Magdalena y de “Las Tomasas”

En los conventos de Madres Agustinas, tal vez desde la fundación de los mismos, tanto en el que hoy conocemos como iglesia de la Magdalena, como en el convento de Santo Tomás de Villanueva (convento de las “Tomasas” del Albaicín) se le dedicaban cultos anuales a Nuestra Señora de la Consolación unidos a los del Santo Patrón de la Orden, San Agustín. Estos cultos consistían en una novena que se celebraba en los días últimos de Agosto -el día 29 era la fiesta del Santo- y primeros de Septiembre y que finalizaba con una función en el primer domingo de Septiembre. En el convento de las “ Tomasas”, curiosamente, por los años veinte, se le dedicaba a la Virgen una función el día de la Cruz.

 

Consolación del Barrio de San Lázaro

Pero va a ser en el desaparecido, hace no mucho, Barrio de San Lázaro donde esta devoción va ha adquirir un carácter popular. Ello ocurrió en la pequeña iglesia de San Juan de Letrán, erigida el 9 de febrero de 1692, ante el escribano, D. Juan Antonio de Loarte, en cumplimiento de un voto a San Juan Bautista realizado por el Arzobispo, Fray Alonso Bernardo de los Ríos y Guzmán, en agradecimiento a la mejoría experimentada por la intercesión del Santo Precursor, a quien se había encomendado al acudir a los baños curativos de Alhama y, al sumergirse en dichos baños el día de la fiesta del Santo, para la cura de sus padecimientos de “perlesía” (enfermedad de Parkinson).

En cumplimiento de este voto, en los últimos años del siglo XVII, se labró la ermita –hoy parroquial- a expensas del citado prelado trinitario que gobernaba la iglesia granadina desde 1688 y cuyo escudo episcopal figura en su humilde portada.

Dotó a la ermita de casa para cuatro capellanes y le asignó una renta de trescientos ducados a la capellanía de San Juan de Letrán y de doscientos a las que llamó del Angel de la Guarda, de San Liborio y San Bartolomé, con la obligación de enseñar doctrina a la gente del Barrio. Hizo poner de capellán a su sobrino Don Martín de los Ríos y Guzmán, de la Orden de Calatrava, caballero veinticuatro de Córdoba, Conde de Gábia y Vizconde de Castellones. 

En esta ermita se veneraba, desde principios del siglo XVIII, una pequeña imagen de la Virgen y el Niño, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Consolación que va a tener una creciente devoción entre los vecinos de este antiguo barrio de labradores.

Es probable que desde la fundación de la ermita se constituya en ella el culto y devoción a la Virgen bajo la advocación de Consolación, pues se sabe de la existencia de un cuadro de la Virgen con el Niño situado en el retablo mayor y del que nos da noticia, el primer inventario de la iglesia que efectúa su capellán mayor, D. Domingo Sardiña. Puede incluso que en torno a la devoción de la Virgen de este cuadro se formara la hermandad a principios del siglo XVIII y pocos años más tarde se obtuviera la talla de la Virgen. Esta talla presenta cierta rusticidad de factura y va sobrevestida.

Lo cierto es que, tanto la Hermandad como la imagen, deben de datar de antes de 1717, pues en el inventario que realiza el capellán, D.  Francisco de Borja, nombrado, el 29 de Octubre de 1730, secretario de la “Venerable Hermandad de Nuestra Señora de la Consolación”, figura la imagen de la Virgen con el Niño en brazos y un vestido de la Virgen donado en 1717 por el miembro de la Hermandad, Sebastián Jiménez. Estas primeras noticias de la existencia de la Hermandad se deducen de los documentos del archivo parroquial desvelados en el libro: “San Juan de Letrán Ayer y Hoy” cuyo autor es el actual párroco D. José Amador Ros.

Pronto, la pequeña imagen de Nuestra Señora de la Consolación, va a ser considerada la patrona de dicho barrio, cuyos vecinos, serían, probablemente los que fundarían la Hermandad bajo aquella advocación para darle culto y honrarla a lo largo de los últimos doscientos cincuenta años.

Es signo evidente de que la devoción adquirió gran relevancia en el barrio, el hecho de que, en el último inventario que se conserva, que data de 1788, se hace constar la existencia de cinco mantos de la Virgen y once vestidos del Niño, una media luna de plata a los pies de la imagen, las coronas, cañones de plata del estandarte de la Hermandad, cordones de plata y otras pertenencias.

Por petición, en 1824, de su capellán mayor y mayordomo, D.Antonio de la Cruz, tenía la Hermandad concedidas indulgencias por los obispos de Guadix, Málaga y Jaén para aquellos que rezaren el rosario y el Ave María o la Salve ante la imagen o practicasen actos de fe, esperanza o caridad.

Los principales cultos que se le tributaban consistían, en una función anual, celebrada en la mañana del cuarto domingo del mes de Octubre, y que, ya vencida la primera mitad del siglo XIX, se celebrará unas veces, el tercer domingo y, otras, el segundo de dicho mes.

Siempre la función se celebra en el mes de Octubre pero la fecha concreta dependía, en ciertos años, de cuando se celebraran las fiestas, en el vecino y rival barrio de la Calle Real de Cartuja, dedicadas al Santo Cristo de la Yedra, patrón, asimismo, de este ultimo barrio, a cuyos vecinos se les identificaba, no sin cierto matiz peyorativo, con el mote de, “ barrio de los ajeros”, por dedicarse, muchos de sus vecinos, al cultivo de ajos en la Vega. Estos, a su vez, a sus rivales del Barrio de San Lázaro, los llamaban, “cebolleros” por, asimismo, practicar el cultivo de cebollas.

Siendo labradores la mayor parte de los vecinos de dichos barrios, no es de extrañar que la única razón de celebrar en Octubre las fiestas a dichas advocaciones estuviera en que era cuando ya se habían recogido las cosechas y contaban por tanto con dineros suficientes para ello.

La razón de la dependencia entre estos barrios, para la celebración de sus fiestas y procesiones, estaba precisamente en su cercanía, tanto física como de todo tipo, incluso familiar (era corriente que lazos de familia unieran a muchos de sus habitantes) y, no es de extrañar, que hubiera un acuerdo entre las hermandades de ambos - Consolación y Cristo de la Yedra – para señalar las fiestas de uno y otro, aunque siempre la del Cristo de la Yedra era el domingo anterior a la celebración de la de la Virgen de la Consolación, patrona de San Lázaro. A las procesiones respectivas asistían estas hermandades con sus estandartes.

Los cultos y fiestas a Nuestra Señora de la Consolación del Barrio de San Lázaro comenzaban el sábado con una víspera y verbena popular, engalanándose con farolillos a la “veneciana” la plazuela de San Juan de Letrán, hoy convertida en calle al prolongarse con la ampliación de la callejuela estrecha que desde allí subía al Hospital Clínico. En dicha plazuela y en sus inmediaciones se colocaban multitud de puestecillos de venta de golosinas dulces y otros objetos que, a veces, hacían dificultoso el caminar de los asistentes a las fiestas.

Esta verbena o velada, como en esa época se la llamaba, se celebraba el sábado a partir de las siete u ocho de la tarde y era amenizada con una banda de música, que tocaba piezas para ser bailadas por los vecinos. También se quemaban castillos de fuegos artificiales. Estas fiestas, pronto crearon fama en el resto de la ciudad, lo que hacía que acudieran gentes de toda ella.

El domingo por la mañana se celebraba, a las diez y media o a las once, precedida de gran alboroto de cohetes y repique de campanas, la Función de Instituto de la Hermandad con la asistencia de los oradores sagrados más famosos de Granada, como el padre Jiménez Campaña, y de renombradas capillas musicales, como la de la Catedral, que solía acudir muchos años. Por la tarde, a las cuatro, se celebraba la procesión con la imagen de Nuestra Señora de la Consolación.

Veamos el anuncio de estas fiestas en el periódico, “El Defensor de Granada” de 14 de Octubre de 1883: “Fiestas de la Virgen de la Consolación de la Ermita de San Juan de Letrán. El día 20 se celebrará la velada en la puerta de la ermita que estará adornada de luces y se quemaran fuegos artificiales. Habrá una banda de música. El día 21, a las once, función solemne en la que predica, D. Francisco Gómez. Asiste la capilla de música de la Catedral. Por la tarde a las 4 sale la procesión con la imagen, asiste una Comisión del Ayuntamiento y acompañan los zapadores y su banda y un piquete de soldados del Regimiento de las Antillas”.

Y el anuncio de 1887, cuando se iluminó con candelas de gas la fachada de la iglesia: “Esta noche - 15 de Octubre- velada en el barrio de San Lázaro en honor de Nuestra Señora de la Consolación, siendo iluminada con candelas de gas la fachada de la Ermita de San Juan de Letrán. Fuegos artificiales a las ocho y media por el pirotécnico Juan Fernández en la explanada de la Cruz Blanca. Se estrena una curiosa espiral de fuegos en el sistema de Wheel de 10 vistas. La velada y función de mañana la costea su Hermandad con asistencia de banda de música. La función será a las diez con la Capilla de música de la catedral y por la tarde a las cuatro de la tarde será la procesión. En el trayecto se quemaran multitud de bengalas”.

Las condiciones en que, en esa época, estaba lo que hoy es Avenida de la Constitución, desde siempre conocida por el pueblo como Camino Real de Santa Fe, serían intransitables por el polvo o el barro levantado por los carruajes y el gentío que acudía, lo que provoca que los mayordomos de la Hermandad soliciten del Ayuntamiento de la Ciudad, en 1882, su intervención para solucionar el problema: “Los mayordomos de Nuestra Señora de la Consolación suplicamos al Alcalde que el Domingo próximo se riegue la carretera de San Lázaro, pues el polvo molestará a la mucha concurrencia que acude a la procesión”.

El sábado anterior, al que comenzaba la velada, salía la denominada, “pública”, precedida por coheteros que encendían palmas reales y de una banda de música, rodeada de chiquillería, anunciando las fiestas y recorriendo el itinerario de la procesión del domingo por la tarde. Ya al oscurecer se encendía la iluminación de farolillos a la veneciana y, más tarde, con la venida de la electricidad, se sustituyeron por lo que a principios de siglo llamaban, “arcos voltaicos”, es decir, los realizados de bombillas que hoy conocemos.  

En andas, llevadas por los vecinos y hermanos, se procesionaban, el titular de la ermita, San Juan Bautista, San José – ambas imágenes se conservan hoy en el altar mayor y en el presbiterio de la iglesia - y cerrando la procesión, la Virgen de la Consolación, también en andas adornadas con flores.

Los vecinos, al paso de las imágenes, encendían gran profusión de vistosas bengalas y, al regreso, se quemaban “preciosos arboles de colores”, es decir, ruedas multicolores de fuegos artificiales. Estos castillos de fuegos artificiales proliferaron, en los primeros años de este siglo, en el recorrido de la procesión y se encendían, no solo en la placeta de la ermita, sino también, a la entrada de la Calle de San Juan de Dios y en otros lugares del recorrido.

Respecto al itinerario, parece ser, que la procesión, primitivamente, se dirigía hacia el desaparecido, Hospital de San Lázaro, situado, hasta hace relativamente pocos años, en el lugar que hoy ocupa el llamado, “Edificio Inteligente”, en la plaza de la Caleta. Allí, según la tradición, entraba la imagen en el patio del hospital donde era recibida por los enfermos a quienes consolaba en sus padecimientos. De ahí que dicha tradición asegurara que la advocación de la imagen se debiera a esta misión consoladora de los enfermos del hospital.

Entre finales del siglo XIX y principios del XX, la Hermandad sufre una progresiva decadencia, aunque no las fiestas dedicadas en honor de la Virgen, que siguen, con un esplendor creciente, costeadas por los vecinos y devotos del Barrio que llegan a contratar varias bandas de música, una para que tocara en la “velada” y otras para asistir a la procesión, como la de la Beneficencia Municipal, la del Hospicio o otras y de acompañamiento militar con del Regimiento de Córdoba o Zapadores de Bomberos y sus bandas. En 1895, se celebra, antes de salir la procesión, hasta una corrida de toros con la intervención de los famosos diestros, Lagartijillo y El Algabeño.

A principios de este siglo se constata que, para mantener los festejos y la procesión se solicita del Ayuntamiento, que tradicionalmente asistía a los cultos y a la procesión con una representación de varios concejales, ayuda para sufragar los gastos que se ocasionaban. La Corporación Municipal, normalmente, atendía a esta petición con la asignación de la cantidad que solicitaban los mayordomos de la Hermandad. 

Durante la última década del siglo XIX y primeros años del siglo XX, se sabe que la Hermandad asistía el Viernes Santo con su estandarte, junto a las Hermandades del Cristo de la Yedra, del Rosario y de Nuestra Señora de las Angustias, a la procesión del Santo Entierro; lo que puede ser indicio de su relevancia en esos años. También asistía, junto a la Hermandad del Cristo de la Yedra, a las procesiones del Viático de la parroquia de San Ildefonso, a la que pertenecían las ermitas sedes de estas hermandades. Ambas hermandades montaban, delante de las ermitas respectivas, sendos altares para recibir la procesión del Santísimo. Asistían, asimismo, a la procesión del Viático de la Hermandad Sacramental matriz del Sagrario de la Catedral, lo que acredita un interesante matiz sacramental en estas dos hermandades de dichas ermitas.

La decadencia de las celebraciones del Barrio de San Lázaro se agudiza en el año de 1919 que es el último en que se celebran, abriéndose un pequeño paréntesis de tres años para que vuelvan a recuperarse en 1922.La prensa nos vuelve a dar testimonio de ello: “Este año – 1922 - los vecinos han resucitado los festejos anuales a Nª. Sª. de la Consolación en la ermita de San Juan de Letrán, hoy de las Trinitarías. La Hermandad de la Consolación tuvo la suerte que aceptara el cargo de mayordomía el sabio medico, Don Fermín Garrido, verdadera institución de Granada.”

El abandono de la ermita, en esos años, parece patente, de forma que tiene que ser cedida a las monjas trinitarias para que mantengan el culto. Estas construyen, al costado de la misma, su convento -desaparecido para construir, en los años ochenta, el inmueble con el que hoy linda la ermita-  y se sirven de esta como capilla.

La Hermandad, falta de vida y de apoyos, languidece hasta que sus dirigentes tienen la idea de proponer su colaboración y ayuda al celebre médico, D. Fermín Garrido Quintana. Este prócer granadino, fue, Alcalde de Granada, Rector de la Universidad y Comisario-Presidente de la Hermandad del Santo Sepulcro. Era vecino de la iglesia de San Juan de Letrán por tener su palacete en la acera frontera a la de la iglesia. Meritorio edificio de estilo decimonónico, con amplios jardines, que cayó bajo la piqueta demoledora en la década de los años setenta para construir los anodinos edificios que hoy empobrecen el lugar.

Veamos por el periódico, “El Defensor de Granada” del 17 de Octubre de 1922, la descripción de la procesión que, básicamente, no había cambiado de las celebradas tradicionalmente. Tan solo, en pequeños detalles, como los retrasos de los horarios de la función, que en esas fechas se celebraba a las doce, y de la procesión, que se retrasaba a las seis de la tarde. 

Procesión en el Barrio de San Lázaro.- Hay castillo de fuegos artificiales y feria el Sábado. El Domingo, a las 6, será la procesión por las principales calles de la barriada. Abre la procesión dos guardias municipales montados a caballo, la cruz y ciriales de la parroquia de San Ildefonso seguida del estandarte de las Hermandades del Cristo de la Yedra y de la Virgen de la Consolación y asiste una comisión de la Hermandad de San Isidro Labrador formada por Don Juan Ibarra, D. Juan González y Don Jacinto Padilla; la imagen de San Juan de Letrán seguida de la banda de música del Hospicio; dos filas de fieles con velas; la imagen de San José; la banda de música de Churriana de la Vega y la Virgen de la Consolación en andas …. La presidencia era ostentada por el Sr. García Valdecasas y por el Presidente y Mayordomo, Don Fermín Garrido y por el vicepresidente Don José Alonso y cerraba la procesión la banda de música del Regimiento de Córdoba.

En San Juan de Dios se quemaron fuegos artificiales pero descargó una copiosa lluvia que deslució la procesión, teniendo que regresar precipitadamente a su iglesia donde las trinitarias cantaron motetes a la Virgen”.

Espléndida procesión, superior en magnificencia a las celebradas hoy por las actuales hermandades de gloria y que era, esos años, costeada por el nuevo mayordomo, D. Fermín Garrido Quintana.

Por una curiosa fotografía publicada en la erudita revista, “Granada Gráfica” del mes de Septiembre de 1924, tenemos el inapreciable testimonio gráfico para conocer como era el paso de Nuestra Señora de la Consolación, que esperamos en alguna ocasión poderlo ofrecer a nuestros lectores. En la fotografía se aprecian delante de las andas de la Virgen los directivos y camareras y sobre dichas andas la Virgen bajo un templete de cuatro varales adornados de guirnaldas de flores. Templetes estos muy comunes para sacar las imágenes por parte de muchas hermandades del antiguo Reino de Granada.      

D. Fermín Garrido, ayudado por las monjas trinitarias, logra, por unos años, recuperar el esplendor de estas celebraciones; constituyendo una nueva Junta Directiva presidida por él y en la que formaban parte, D. Enrique Martínez, don Rafael Jiménez Romero, don Enrique Martínez Blancas, Don José Martín y Don José Alonso, que acuerdan, en 1924, trasladar la función y procesión a los días seis y siete de Septiembre, fechas en que se conmemora la Natividad de la Virgen.

El sábado anterior al de la velada, vuelve a salir la pública por el itinerario que hoy conocemos que era el siguiente: Calle de San Juan de Letrán, recorriendo las desaparecidas calles del Barrio de San Lázaro, del Ciego, Garrido, Minas, Panaderos, Parra y salía al Camino Real por la Cruz Blanca para dirigirse a San Juan de Dios, Almona, Acera de Canasteros y por la Real de San Lázaro entrar en su iglesia.

Siguieron celebrándose: la velada, los fuegos artificiales y se introdujeron algunas novedades como, una arbolada de cohetes a la temprana hora de las cuatro de la madrugada, con el seguro sobresalto de los vecinos del Barrio. Se montaban, el “tío vivo”, juegos de cucañas y carreras de cintas bordadas por las señoras para lo que se levantaban, al efecto, unas tribunas en la explanada de la Cruz Blanca; y el domingo, antes de la procesión, D. Fermín celebraba una recepción en su casa – palacio seguida de la suelta de globos y fantoches. Incluso, en 1927, la Hermandad le regala a la Virgen un “hermoso manto”, seguramente el que actualmente luce en su pequeño camarín.

Es probable que las celebraciones siguieran efectuándose hasta el advenimiento de la República en 1931, en que se suprimirían por llevar aquellas consigo el importante matiz religioso. No existen noticias fidedignas de que se recuperaran después de la Guerra Civil. Sin embargo la Hermandad, aunque reducida a pocos hermanos, continuó con vida y, así, en 1940, se restauró la corona de la Virgen, según inscripción en la misma, y en 1950, uno de sus últimos miembros, el carpintero y vecino del Barrio, D. Antonio Martínez Hernández, colaboró en organizar los tradicionales festejos de ese año. 

Después la Hermandad desaparece, por quedar sin hermanos y sin actividad y el Barrio de San Lázaro quedó cada vez más despoblado por la emigración y por el traslado de sus vecinos a otros barrios nuevos que, por aquel entonces, comienzan a construirse.

Por esos años cincuenta una nueva hermandad, esta vez de penitencia, se erige en la ermita: la del Cristo de la Buena Muerte y Nuestra Señora del Amor y Trabajo. !Lastima que la Hermandad de Nuestra Señora de la Consolación, con más de dos siglos y medio de existencia, se perdiera irremisiblemente y se desperdiciara la ocasión, al fundarse la nueva hermandad de penitencia, de recuperar su advocación y su hermandad a través de una fusión entre ambas, o una transformación en penitencial, como ha ocurrido en otros lugares de Andalucía¡.

Por último, una referencia, aunque sea esquemática a otra corporación religiosa para el culto de esta advocación que surge en Granada de principios de siglo:

 

Archicofradía de Nuestra Señora de la Consolación de los Hospitalicos.

Aunque la veneración a la Virgen de la Consolación es antigua en los conventos Agustinos esta Real Archicofradía, unida a la de la Santa Correa de San Agustín, se reorganiza cuando los P.P. Recoletos reciben, a principios de siglo, la administración de la iglesia de los Hospitalicos en la calle de Elvira. Ya, a finales de Agosto de 1906, aparece el anuncio de los cultos de la misma.

La antigüedad de la Archicofradía sería mucho mayor y, probablemente, tendría sus antecedentes y raíces en el convento agustino antes de ubicarse en la iglesia de los Hospitalicos.

Los principales cultos se realizaban a finales de agosto para festejar el día que la Iglesia dedica a San Agustín, el 29 de Agosto. Estos cultos comenzaban, a principios del siglo, con una novena que se iniciaba el 24 de ese mes y finalizaba con una función dedicada ante el altar de su “patrona”, la Virgen de la Consolación el primer domingo de Septiembre, en la que se ganaban indulgencias.

Al finalizar la función se celebraba una procesión, que unas veces discurría por los claustros del convento y otras, por los alrededores de la iglesia y que terminaba con una vela a la Virgen.

A parte de estos cultos anuales, los cofrades de La Virgen de la Consolación y de la Santa Correa de San Agustín celebraban unos cultos, todos los meses, los últimos días de los mismos.

Las imágenes de la Virgen de la Consolación y de San Agustín que veneraba la Archicofradía, actualmente se encuentran en sus primitivos altares situados a la derecha y a la izquierda del crucero de la iglesia de los Hospitalicos. La imagen de la Virgen se encargó al joven, entonces, escultor, José Navas Parejo, vecino de la iglesia y terciario agustino y la de San Agustín, también fue realizada por él, en 1907, bendecida a principios de mayo y expuesta en el Circulo Católico: En el Circulo Católico queda por una semana expuesta la escultura de San Agustín realizada por el joven y notable escultor, José Navas Parejo para los P.P. Agustinos, será de 8 a 6 de la tarde” ( “El Defensor de Granada” de 4-5 1907).

La imagen de la Virgen de la Consolación, también es de esos años. Después, en 1924, que realizó otra semejante para el pueblo de Pinos Puente cuya parroquia esta dedicada a la Virgen de la Consolación.

En 1923, por las fiestas dedicadas a los titulares de la Archicofradia, se inauguró la nueva residencia de los agustinos, estrenado la Virgen un trono realizado por Navas Parejo, probablemente costeado por la devota y terciaria agustina, Dª. Encarnación López Atienza, viuda de Rubio, apareciendo, en estos años, la Archicofradía, vinculada con la Venerable Orden Tercera de San Agustín.   

Con motivo de la epidemia de gripe que asoló la nación en 1918-19 se hacen funciones de rogativas y una procesión de desagravios, junto con otras corporaciones religiosas, por los desmanes religiosos cometidos en la República. Y, en Enero de 1937, realiza la Archicofradía una función extraordinaria implorando la victoria en la Guerra Civil.

Entre las obras de caridad que efectuaba la Archicofradía estuvo la creación de un ropero, llevado por señoras de la alta sociedad granadina, entre ellas, la Marquesa de Casablanca que ayudaba algunos años a sufragar los gastos de las funciones.

Esta advocación de la Virgen, que como hemos visto, estuvo muy extendida en Granada, no solo en ámbitos conventuales, sino también, en el popular de un barrio, como el de San Lázaro, de especial raíz castiza e histórica en nuestra ciudad. Desgraciadamente, como tantas otras cosas granadinas, esta devoción se fue apagando en todos esos ámbitos hasta desaparecer a mediados de este siglo.

Es nuestro propósito, a través de estos trabajos, recuperar para nuestra memoria colectiva estas devociones entrañables de nuestros mayores que han formado parte, tan significativa, de la historia y costumbres de nuestra ciudad.

Por fortuna, recientemente, otra hermandad ancestral, señera y devota de siglos, la del Stmo. Cristo de San Agustín, ha conseguido recuperar esta devoción e incorporar a nuestra Semana Santa una advocación de tanta tradición en Granada.