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CONSOLACIÓN, MADRE Y SEÑORA
Raíces históricas de una devoción granadina

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MIGUEL LUIS LÓPEZ-GUADALUPE MUÑOZ

n el curso 2000 - 2001 se cumplieron diez años de presencia de la Imagen de Nuestra Madre y Señora de la Consolación en la Muy Antigua, Real e Ilustre Hermandad del Santísimo Cristo de San Agustín, una circunstancia decisiva en la vida de nuestra Hermandad, ya más de tres veces centenaria.
Decisiva, porque la incorporación de la Imagen acentuaba el culto mariano del que antes carecía la Hermandad. Decisiva, porque al tratarse de una dolorosa -de bellísimo semblante, debida a la gubia del sevillano Dubé de Luque-, afirmaba todavía más el nuevo carácter, penitencial, que se imprimió a la cofradía en su revitalización.
Sí, la imagen de la Virgen de Consolación conformará el segundo paso, de palio, en nuestra estación de penitencia. Y, aunque aún no vea la calle, cada Lunes Santo los hermanos nazarenos la llevamos en la mente y en el corazón. Y como Titular de la Hermandad, le ofrecemos cada año, en el mes de octubre, un solemne triduo, en el que la imagen mariana, merced al excelente trabajo del vestidor y el equipo de priostía, brilla con luz propia en el altar del recoleto convento del Santo ángel Custodio.
La imagen de María de la Consolación está entre nosotros desde el 25 de noviembre de 1990, y fue bendecida solemnemente el 19 de enero de 1991 por el entonces Arzobispo Coadjutor de Granada, D. Fernando Sebastián Aguilar, quien también le colocó la corona de realeza de cielos y tierra sobre su cabeza. ¡Bien recordamos aquellos momentos! Y la exaltación mariana que corrió a cargo del insigne cofrade D. José Luis Pérez-Serrabona González y el besamanos del día siguiente..., y sobre todo, la emoción compartida y la ilusión cumplida en el rostro de tantos y tantos cofrades.
¿Por qué Consolación? ¿Qué evoca ese nombre? Nuestro inolvidable hermano Antonio Salguero ya apuntaba en su artículo de la revista Gólgota’91 el motivo. En el nombre de Consolación confluyen sendas tradiciones marianas de las órdenes de San Agustín y de San Francisco, las mismas que hoy configuran de forma inseparable la dilatada historia devocional del Cristo de San Agustín.
Ciertamente, en tiempos pasados veneraron imágenes con ese nombre, ya de dolor o ya de gloria, los agustinos calzados y los franciscanos observantes de Granada; un caudal devocional mantenido hasta hoy por nuestras queridas madres clarisas franciscanas. Comencemos por recordar que hace diez años nuestra Hermandad recuperó para el acervo devocional de Granada una de las advocaciones que, pese a ser poco conocida hoy, tuvo una relevancia especial en otras épocas. Baste decir que hasta cuatro cofradías tuvieron por imagen titular a una representación de María bajo el título de Consolación.

DEVOCIÓN AGUSTINA Y FRANCISCANA
Hay que remontarse, en primer lugar, a la devoción mariana de los hermanos de la cuerda o Correa de San Agustín, especie de terceros que abundaron pronto en el convento que se erigió hacia 1553 más o menos en el lugar que actualmente es Mercado Municipal de San Agustín. Los hermanos solían vestir en sus funciones principales el hábito y el cinturón agustinianos. Celebraban solemnes cultos mensuales, con procesión claustra.
Esta hermandad, de acentuado contenido espiritual, se encontraba puesta bajo la protección de Nuestra Señora de la Consolación, centro de devoción de sus hermanos. Era una advocación muy querida por la orden Agustina. De hecho, también se le veneraba en el convento de agustinos descalzos de Loreto, en el Albaicín.
En 1677 cristalizó la devoción a Nuestra Señora de la Consolación, en forma de una nueva hermandad, en el convento de San Francisco Casa Grande. Este importante caudal devocional, centrado en la imagen dolorosa de María, es, por tanto, coetáneo de la fundación de la Hermandad del Santo Cristo de San Agustín. Al frente de la cofradía mariana se encontraba, como era costumbre, un hermano mayor y un mayordomo y entre sus cargos incorporaba la figura, popular por entonces, del padre de ánimas. La renovación de cargos tenía lugar en el cabildo general celebrado cada año por Pascua de Resurrección.
Las reglas de esta hermandad mariana fueron aprobadas en agosto de 1678, siendo Arzobispo de Granada Fray Alonso Bernardo de los Ríos y Guzmán. Lo más curioso es la procedencia de sus cofrades: eran gallegos residentes en Granada. Ciertamente era habitual que los “naturales” de otras regiones o de otros países erigieran cofradías propias. En Granada las hubo también de asturianos, de portugueses y de franceses.
Poseyó capilla propia y una estrecha vinculación con una de las hermandades más destacadas del cenobio franciscano y germen de las cofradías penitencias de la ciudad: la Santa Vera Cruz. Esta vinculación se observa desde su origen y se reforzó en 1690. En virtud de una concordia, los hermanos de la Consolación participaban, acompañando a su imagen mariana, en la estación de penitencia que realizaba la Vera Cruz entre la noche del Jueves y la madrugada del Viernes Santo.
Además de esta faceta procesional, celebraba la función principal de la Virgen el primer domingo de julio, consistente en misa solemne con sermón y posterior procesión. El estandarte y la cera de la hermandad acompañaba también el entierro de sus hermanos.
La advocación de Nuestra Señora de la Consolación se hallaba también presente de forma íntima y callada, aunque vestida la imagen con muchas joyas y adornos, en la clausura del convento de religiosas del Santo Ángel Custodio.
No era una imagen cualquiera, pues estaba muy presente en la vida de la comunidad y especialmente, relata el P. Torres, cuando “todos los trienios al elegir o reelegir Abadesa, nombran por principal Prelada a una imagen de Nuestra Señora de la Consolación, muy devota, que está en la clausura, de quien por este título han recibido singulares favores”.

OTRAS COFRADÍAS DE LA CONSOLACIÓN
Fueron las mencionada, líneas devocionales, como puede verse, muy emparentadas con la trayectoria del fervor y el culto tributado al Cristo de San Agustín. Pero no son las únicas manifestaciones de devoción al título mariano de la Consolación en Granada.
Extramuros de la ciudad, la comunidad de mercedarios calzados, establecidos junto al Campo del Triunfo en 1514, veneraba así mismo con singular afecto a Nuestra Señora de la Consolación, presumiblemente una imagen de gloria. Su Hermandad poseía capilla propia en el convento y desde 1723 celebraban con solemnidad la misa mensual con responso (segundo domingo de mes) y las cinco festividades principales de María (Concepción, Natividad, Anunciación, Purificación y Asunción), incluso con procesión.
Compartía esta devoción mariana la cercada ermita de San Juan de Letrán, donde también se veneraba a Nuestra Señora de la Consolación, imagen que ocupaba un lugar principal en el Altar mayor de ese templo. El P. Amador Ros ha revelado recientemente interesantes detalles sobre esta devoción.
Tal vez el primer culto se ofreciera a una representación pictórica de la Virgen con el Niño, cuadro que aparece documentado en 1698. Pero alrededor de 1730 ya se constata la existencia de una imagen mariana que debía ser algo anterior, y de una Venerable Hermandad de Nuestra Señora de la Consolación, constituida para su culto.
El fervor popular engrosó su ajuar, que en 1788 constaba de cinco mantos y once vestidos del Niño Jesús. Además, la Virgen aparecía con la iconografía habitual: luna de plata a sus pies, rosario de vidrio en sus manos y corona sobre las sienes.
Ha sido esta hermandad, entre las cuatro citadas y por no haber afectado a su templo la Desamortización, la que más ha perdurado en el tiempo. Es probable que con dicha imagen se celebraran rosarios de la Aurora por el barrio a comienzos del siglo XIX. Asimismo, la Virgen de Consolación presidía por entonces las fiestas de la feligresía. Se procesionaba junto a San Juan Bautista y a San José. Esta Hermandad ha pervivido hasta la década de 1940 ó 1950.
En definitiva, la devoción de Granada a la advocación mariana de la Consolación tiene unas hondísimas raíces en casi todos los puntos cardinales de la ciudad. La Hermandad del Cristo de San Agustín saldó una deuda con Granada cuando recuperó esta devoción y le devolvió su fervor secular.
Pero, a la vez, sus cofrades contrajeron una deuda infinitamente mayor, la que se debe a una Madre que es mediadora y “consuelo de los afligidos”, fuente de gracia y de perdón. ¿Acaso no recogen las lágrimas que fluyen por sus mejillas todos los dolores y pesares de sus hijos?.

Autor: Miguel Luis López-Guadalupe Muñoz
Título: "Consolación, Madre y Señora, raíces de una devoción granadina.
Publicado en:
Boletín "El Muñidor". Marzo 2001
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