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LA CARPETA DE GRABADOS HISTÓRICOS DEL CRISTO DE SAN AGUSTÍN 

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MIGUEL LUIS LÓPEZ-GUADALUPE MUÑOZ

on ocasión del CCCXXV Aniversario Fundacional de la Hermandad Sacramental del Stmo. Cristo de San Agustín se ofrece a los hermanos, devotos e interesados en general una carpeta con una selección de grabados del Santo Crucifijo, que testimonian su culto y veneración a lo largo del tiempo.
Los grabados o estampas de devoción permitían difundir las imágenes más veneradas entre las gentes sencillas -que no podían recurrir a representaciones pictóricas o escultóricas, lógicamente de mayor calado y coste-, convirtiendo la estampa en objeto doméstico de fervor, ante el que se santiguaban y rezaban, meditaban o simplemente contemplaban el objeto de su devoción.
Fue un medio de difusión devocional por sus tiradas en serie, repetidas cada cierto tiempo. Era también un medio de captar nuevos devotos de determinadas imágenes o advocaciones y la forma de hacerles partícipes de las gracias espirituales propias de la corporación, que a menudo se consignaban al pie de la estampa, lo que exigía un retrato fidedigno de la imagen sagrada. El término de "verdadera efigie" suele aparecer en muchas de ellas, testimonio de esa fidelidad que aseguraba la obtención de las indulgencias como si se orase ante el mismo original. En muchos casos sirvieron como patente para inscribirse en la asociación e incluso mostrando las estampas se conseguían donativos para el sostenimiento de su culto. Junto a esto, no hay que despreciar la labor de "publicidad" -¿promoción social?- de quienes las costeaban, normalmente mayordomos de la cofradía en cuestión, que a veces hacían constar su nombre al pie del grabado.
Las planchas de los grabados religiosos, un tesoro para cada hermandad, se retocaban una y otra vez, para ofrecer ligeras variaciones, cambios de fechas o de nombres, etc. Eso hace repetitivos los grabados. Por fortuna, del Cristo de San Agustín conocemos distintos modelos, algunos de gran calidad. Se han localizado hasta el momento ocho grabados, aunque en esta carpeta se ofrecen los cinco más originales, comprendidos entre 1730 y 1906.
Se abre la serie con el grabado realizado en 1730 por Juan Luengo, tal vez el más destacado grabador granadino del setecientos. Enmarcado por elementos arquitectónicos propios de un retablo -con el corazón agustiniano en la clave del arco y columnas salomónicas a los lados-, seguramente tal y como se veneraba en el cenobio agustino, pues el marco era uno de esos signos de fidelidad a la imagen original, destaca por la dulzura de los rasgos, tanto del Cristo como de los ángeles arrodillados que lo acompañan portando sendas velas y la diversidad de detalles, como el encaje del sudario. Recoge a su pie una leyenda con las indulgencias (100 días) concedidas por el Cardenal de Borja a quien rezare un credo ante la bendita imagen.
Aunque no figura en la misma, en 1753 debe fecharse la segunda calcografía de anónimo autor. Se simplifica en ella el marco arquitectónico y se sustituyen los ángeles tenantes por dos sobrios candeleros, permaneciendo a sus pies, como en la lámina anterior, el busto del santo obispo de Hipona, de nuevo con libro y pluma en sus manos. Los trazos menos delicados acentúan la crudeza de formas del Crucificado, de cuyo costado emana abundante sangre.
Por aquellos años la devoción al Cristo de San Agustín atravesaba una etapa de esplendor y nada extraña que sólo diez años después, en 1763, esté fechado el tercero de los grabados presentados (que prácticamente reitera uno del año anterior), obra de Manuel de Rivera. Lo costearon los comisarios de ese año y lo dedicaron a la Hermandad. Es el primero en que se alude, aunque de forma escueta, a la mediación de la imagen en la peste de 1679. Su concepción más barroquizante se traduce en los acantos y rocallas de su marco, en la composición etérea que recrea el cielo y en la presencia de la paloma -símbolo del Espíritu Santo-, de diversos angelotes y, a ambos lados del Cristo, arrodillados sobre nubes, de las figuras de S. Agustín y de Sta. Rita de Casia. Es casi una apoteosis de la orden agustiniana -cuyo emblema aparece al pie de la cruz-. Se aprovechaba así el fervor inmediato hacia la imagen del Santo Crucifijo para potenciar de paso la devoción a los santos de la orden. Por eso, tiene como centro al Crucificado, muy correcto en sus formas, con escueta llaga en el costado y paño de pureza movido por el aire, aunque desaparecen en él los elementos labrados de la cruz, que recreaban la imagen original. Tanto éste como los dos anteriores proceden del rico fondo calcográfico del Museo Casa de los Tiros de Granada, al que agradecemos las facilidades ofrecidas para su reproducción.
El cuarto es un grabado de colección particular, conocido tiempo atrás en nuestra hermandad. La concepción neoclásica de su marco se corresponde bien con su fecha, 1796, obra de mayor tamaño que los anteriores debida a Bartolomé Vázquez. Realizado a expensas de la Hermandad, como seguramente todos los conocidos, ha simplificado al máximo el fondo, la cruz e incluso la representación del busto del teólogo y Padre de la Iglesia, pero es el más fidedigno en la representación del Santo Cristo, con brazos, manos, piernas y torso trabajados con auténtico primor. Perfección también se observa en el sutil paño de pureza y la noble cabeza de Jesús, con su patético rostro, su corona de espinas y su clásico nimbo. La leyenda alude de nuevo a la peste que originó el Voto de la Ciudad de Granada.
Más de un siglo separa esta estampa de la última conocida, fechada en 1906. No se trata de un grabado, sino de una litografía, que recrea la estampa anterior aunque con menor delicadeza. Eso sí, las luces y sombras que permite esta técnica acentúan más el relieve de la imagen, en general concebida con trazos limpios y simples, tanto en el Crucificado como en el busto del santo fundador, representado aquí con aspecto de mayor ancianidad. La leyenda hace referencia a la Hermandad y sobre todo a las epidemias, no sólo la de 1679, sino también las de 1834 y 1855, en una actualización de la labor taumatúrgica de la imagen.
Era este un asunto crucial, pues su potencial devocional se cifra precisamente en su actuación benefactora para la ciudad con ocasión de brotes epidémicos y otras desgracias colectivas. Esa era la memoria que se trataba de preservar, la que sus cofrades se esforzaron en difundir, a lo largo de las décadas y hasta la actualidad.
En estos grabados reconocemos, pues, buena parte de nuestra historia corporativa y, con el mismo afán con el que se crearon, nos vemos hoy en la necesidad de reproducirlos y difundirlos, "deseando que tan Santa Imagen sea más venerada y sus favores sin olvido", como constaba ya en las primitivas reglas de nuestra Hermandad.

Miguel Luis López-Guadalupe Muñoz

  

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Grabado de Juan Luengo. 1730
Museo Casa de los Tiros. Granada

Grabado anónimo. 1753
Museo Casa de los Tiros. Granada

Grabado de Manuel Rivera. 1763
Museo Casa de los Tiros. Granada

  

 

 

 

 

Grabado de Bartolomé Vázquez. 1796
Colección particular

 

Litografía impresa. 1906
Archivo de la Hermandad

                                                                  

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