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JACOBO
FLORENTINO
UN ARTISTA ITALIANO EN ESPAÑA
ASPECTOS BIOGRÁFICOS |

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JUAN JESÚS LÓPEZ-GUADALUPE MUÑOZ |
a imagen
del Santísimo Cristo de San Agustín constituye un importante hito devocional e
iconográfico en el arte granadino. En el marco de la dotación iconográfica
que requiere el proceso de cristianización de la ciudad esta imagen supone, por
una parte, uno de los más importantes núcleos de devoción de la Granada
moderna, en estrecha conexión con la devoción al Crucificado de la orden
agustina1, y, por otra, un referente plástico a cargo de un artista
toscano que posee una sorprendente aceptación a la sensibilidad hispana.
Concretamente, en el caso del tema del Crucificado, esta imagen representa una
de sus primeras plasmaciones en Granada y apunta el equilibrio y contención
clásicos, hondamente sentidos, que caracterizarán a las imágenes de tema de
Pasión en este escuela. Consideraremos previamente algunas notas sobre la vida
y la obra del artista toscano.
Las escasas noticias que ofrece Vasari2 constituyen el grueso de lo
que conocemos acerca del discurrir vital de este artista en su Italia natal.
Jacobo Torni –éste es su verdadero apellido- nació en Florencia en 1476,
esto es, un año después que Miguel Ángel, y era hijo de un panadero llamado
Lázaro di Pietro. Su formación no es del todo conocida, aunque sí sabemos que
a finales del siglo XV ya se encontraba en Roma, trabajando con el Pinturicchio,
quizás en los grutescos del castillo de Sant´Angelo, como apunta Gómez-Moreno3,
pudiendo también acompañarle en la decoración de los apartamentos Borgia del
Vaticano4. En el taller de Domenico Ghirlandaio coincide con Miguel
Ángel, quien, más tarde, lo llamará a colaborar con él en los frescos de la
Capilla Sixtina, probablemente entre 1508 y 1512.
Vasari le atribuye buenas cualidades artísticas como dibujante excepcional,
dato a tener en cuenta a la hora de estudiar su producción hispana, e incluso
declara poseer dibujos suyos. En cuanto a sus cualidades humanas, el tratadista
no le hace ningún favor pues insiste en mostrarnos un hombre de carácter
alegre y abierto pero holgazán y perezoso, que caía en gracia a Buonarroti
por sus continuas ocurrencias5. Conocemos, además, una descripción
física que hace su hijo, Lázaro de Velasco, en 1563: "hombre alto,
enxuto, cenceño, rubio y blanco"6. Sin embargo, su amistad con
Buanorroti se vio bruscamente truncada, seguramente por el carácter
temperamental de éste, según nos describe Camón Aznar: "a veces se
presenta orgulloso y altivo, despreciador de los humildes. Lo más grave en este
aspecto lo encontramos en la brutal despedida –sin querer verlos- hecha al
equipo de pintores amigos y compañeros suyos que había llamado de Florencia
para que le ayudaran. Estos eran Granacci, al único que retuvo junto a sí
algún tiempo; Guiliano Buiggiardini, Jacobo el Indaco, Jacobo di Sancho, Agnolo
di Donino, Bastiano de San Gallo, al que llamaban Aristóteles; Antonio Michi y
Rafaelino del Garbo7. De cualquier forma, su calidad artística queda
probada en la colaboración en un encargo de tan alto empeño. Por otra parte,
el trabajo con el Pinturicchio y con Miguel ángel nos explicará algunos rasgos
de las obras hispanas de este artista toscano.
También habla Vasari de un hermano de Jacobo, más joven que él (de ahí que
éste reciba el apodo de "L´indaco vecchio"), llamado Francisco
(Florencia, 1492 – Roma, 1563) y al que el propio Lázaro de Velasco alucía
como tío suyo. Al parecer, compartía con su hermano las actitudes de su
carácter, aunque con menor talento artístico a juicio de Vasari. Como se ha
repetido desde antiguo, no resulta probable que este Francisco Florentino sea el
artista con el mismo nombre que trabajó como cantero en Andalucía –está
documentado en Granada desde 1517- y en Murcia, ciudad ésta en la que ocupó el
cargo de maestro mayor de las obras de su catedral entre 1519 y 1521, siendo
precisamente sucedido en este cargo por nuestro Indaco vecchio.
Sobre la producción artística de Jacopo Torni en su tierra natal, a las obras
ya referidas añade Vasari unos frescos en las iglesias romanas de San Agustín
y la Santa Trinidad de Roma, más una tabla de altar para la primera, todo ello
perdido. Las atribuciones las completan Venturi, quien apunta la posibilidad de
su intervención en la figura de la "Dialéctica" en los apartamentos
Borgia8, y Gómez Moreno que cree reconocer su mano en los adornos en
talla de las puertas del baptisterio de Pistoia, fechadas en 15139.
Según el testimonio de su hijo, Lázaro de Velasco, Jacobo Torni vino a España
en 1520, atraído, sin duda, por las iniciativas artísticas imperiales, que
concentraban a artífices de toda Europa. Jacobo llega ya como artista
plenamente formado, conocedor de los modelos clásicos y sus derivaciones en
Italia, iniciando en el solar hispano una incesante actividad, bruscamente
interrumpida por su temprana muerte en 1526, que contradice la despreocupación
y haraganería con que le caracteriza Vasari. Sus labores se aplican tanto al
campo de la arquitectura, como de la escultura y pintura, siendo mencionado en
los documentos con más frecuencia en la condición de esto último. Su
principal sabiduría se desarrolla en el diseño, que es la fuente de sus
conocimientos arquitectónicos, en una generación de arquitectos que eran ya
más artistas que canteros; demostrará sus habilidades en elegantes labores
ornamentales que hacen del decorativismo una de las constantes de sus proyectos.
A ello se añade su instintivo apego a la forma plástica, como se observa en
las esculturas que se le adjudican.
Pudo venir directamente a Granada o pasar antes por Jaén, en donde conoció a
su futuro suegro, el entallador Juan López de Velasco –que había trabajado
en Granada entre 1508 y 1513- y a Pedro Machuca, que pintaba por aquellas fechas
el retablo de la Virgen de la Consolación en la catedral10. Jacobo
aparece documentado en la Capilla Real desde el mes de octubre de 1520. Aquí
debió casar con Juana López y nacer su hijo11, al que puso el mismo
nombre de su progenitor, Lázaro.
Desde ese momento, como va dicho, su actividad es incesante y aún frenética.
En los últimos meses de 1520 proporciona muestras e instrucciones para la
decoración de las cajas de órganos (perdidas) y concurre en unión del cantero
Sebastián de Alcántara a la puja por la adjudicación de los antepechos y
balaustrada del altar mayor, realizados a la postre por Francisco Florentín. Ya
en 1521 diseñaba los cajones de la sacristía, con motivos de taracea,
ejecutados por Martín Bello, una reja igualmente para la sacristía –reflejo
de la del Mimo da Fiesole en la Sixtina- y contrata el retablo de la Santa Cruz
–que no nos ha llegado completo-, destinado a albergar el tríptico del
Descendimiento, en el que comparte la tarea pictórica con Machuca. También
fueron contratados para la pintura y dorado del retablo dos habituales
colaboradores de Jacobo: Antonio de Plasencia y Alonso de Salamanca. Fue objeto
este retablo de un suceso curioso. Jacobo, después de formalizado el encargo,
forzó el alza de su precio por parecerle entonces exiguo, lo que achaca Gómez
Moreno a su falta de experiencia en estos menesteres. Fue auxiliado, por cierto,
en este pleito por su suegro, López de Velasco12.
Las bellas labores de grutesco muestran su elegancia en el diseño y
composición ornamentales, a la vez que nos sirven de referencia estilística
para establecer relaciones con otras obras. La plasticidad, ya aludida, también
se revela aquí en el molduraje y resalte de los miembros del retablo, mientras
que las obras pictóricas que se le adjudican, la Última Cena y el encuentro
con los discípulos de Emaús, constituyen, en fin, una muestra de su formación
italiana, como define Gómez-Moreno en los siguientes términos: "Maestre
Jacobo se mantuvo, pues, dentro del ideal sobriamente majestuoso que vindicó
Masaccio, seguido con acierto feliz por el Ghirlandaio, y que hizo resurgir
Leonardo da Vinci en definitiva; ideal concentrado en el carácter de los
personajes, pulcritud de atavío, equilibrio en la composición y ropajes
gallardamente dispuestos"13.
Otras obras contemporáneas de la Capilla Real debieron realizarse bajo sus
trazas, aunque no exista constancia documental de ello: adornos para las
bóvedas, la sillería del coro que llevó a cabo Martín Bello o la decoración
de las puertas de la sacristía que ejecutó Diego de Guadalupe, muestras todas
ellas, en definitiva, de su gran habilidad para el diseño y del perfecto
conocimiento, e incluso erudición, en el manejo del vocabulario ornamental
italiano.
Se le atribuyen en Granada algunas obras más: según su hijo, retocó la imagen
pictórica de Nuestra Señora de la Antigua de Sevilla, pudiendo haber hecho una
copia con destino a la capilla de la iglesia de San José14. El mismo
testimonio indica su autoría sobre el grupo de la Anunciación, en piedra
policromada, sobre la puerta de acceso a la sacristía de la Capilla Real. El
gran jarrón de azucenas que separa ambas figuras impide comprobar la
correspondencia y armonía entre las mismas, de rigurosa corrección y belleza
con marcado acento italiano, pero algo faltas de emoción, sobre todo en la
imagen de la Virgen15. A esto se añade el grupo del Santo Entierro
que perteneció al monasterio de San Jerónimo (hoy en el Museo Provincial de
Bellas Artes), obra excepcional, no documentada pero indudable a juicio de
Gómez-Moreno. Los contactos que presenta esta obra con trabajos realizados para
la Capilla Real sirvieron para sostener dicha atribución y establecer un grupo
de obras relacionadas con ella, en el que se encuentra el Cristo de San
Agustín, otro Crucificado en el convento de la Concepción y el Cristo del
Corpus de la Iglesia de la Magdalena de Jaén, éste último atribuido
dubitativamente a Jerónimo Quijano.
Existe constancia documental de su presencia en Murcia en 1522. Resulta difícil
que realizara todos estos trabajos en sólo dos año, pese al grupo de artistas
que dirigía, por lo que es razonable pensar en sucesivas estancias en nuestra
ciudad, conociéndose el menos un regreso en 1525 con motivo de las obras de San
Jerónimo. Futuros hallazgos documentales pueden arrojar luz sobre el asunto.
Su marcha a Murcia supone el desarrollo de un discurso arquitectónico
profundamente marcado por la fina sensibilidad ornamental que le caracteriza,
pues en realidad no era arquitecto. Allí se hace cargo de las obras de la torre
de la catedral. La torre fue comenzada en 1519 por Francisco Florentino, maestro
mayor de las obras catedralicias desde mediados de dicho año hasta abril de
1521. Resulta plausible el juicio del profesor Gómez Piñol al considerar que
este artista, que no debe confundirse con el aludido hermano de Jacobo, debió
tan sólo proceder a la demolición de la anterior torre-capilla funeraria. Al
hacerse cargo de la dirección de las obras, pudo corresponder a Jacobo su traza
o, por lo menos, el diseño ornamental del primer cuerpo16. A su
muerte, en 1526, le sucedería en el cargo el montañés Jerónimo Quijano, pero
las obras se dilatarían tanto que la torre no sería rematada sino en gusto
neoclásico por Ventura Rodríguez.
Este primer cuerpo de la torre se muestra muy italiano, relacionado con los
proyectos de los Sangallo para San Pedro de Roma17, y en su interior
presenta una bellísima solución de bóveda de media naranja sobre pechinas
para la sacristía, con adornos de frutas y festones, modelo de gran influencia
con posterioridad. El interior de este recinto se vuelve fastuoso de la mano de
un espléndido conjunto mobiliar que nos lo relaciona con sus diseños para la
Capilla Real. Se trata de un conjunto de cajoneras y sus remates superiores, en
madera de nogal, adosados al perímetro de la sacristía, que revelan profundas
sugerencias italianas tanto en estructura como en ornamentación. De nuevo
plasticidad y decorativismo marcan este conjunto, no documentado y mucho tiempo
atribuido a Jerónimo Quijano, si bien la talla en su concepción y estilo se
debe adjudicar a Florentino a pesar de que las referencias documentales nos
hablen de Quijano, quien no debió hacer sino continuar lo empezado, según las
trazas de Jacobo18. Destaca el conjunto por su esplendidez, siendo
superior sin duda el empeño y el talento del artista a las pretensiones del
encargo, que incluso sugiere un ritmo en los paneles superiores semejante a los
de una sillería de coro, amén de las excelencias de su traza que constituye
"la atinada síntesis –afirma Gómez Piñol- de un excelente oficio de
tallista, y la asombrosa fuerza del diseño Florentino, tal como éste fue
entendido por los artistas de la segunda mitad del Quattrocento, en el sentido
de verdadero instrumentos de conocimiento y fijación de la realidad, y, al
propio tiempo, sugeridor de las más sutiles y fantásticas conexiones
visuales"19. En efecto, el talento dibujístico que Vasari le
adjudicara de modo eminente se va revelando en sus obras conocidas, de profundas
sugestiones ornamentales, que parecen desvelarnos en sus orígenes los tiempos
de estudio con el Pinturicchio y demuestran una fina sensibilidad en un campo,
el decorativo, que concede cada vez mayor libertad al artista en su creación.
Así pues, es este conjunto una de las mejores demostraciones de las cualidades
artísticas de Jacobo, continuado en esta labor por el mencionado Jerónimo
Quijano, con quien se relaciona Florentino a través de su suegro. Quijano (ca.
1495-1563) se formó, al parecer Felipe Bigarny en Burgos20, durante
la segunda década del siglo, y con éste llegó a Granada en 1521. No sabemos
si conoció a Torni aquí o previamente en Jaén pero sí que tuvo relación con
el suegro de Jacobo, el también escultor Juan López de Velasco, con el que
colaboró en aquella ciudad entre 1524 y 1526, realizando esculturas para el
retablo mayor de la catedral y para su sillería de coro. De ser de Quijano, y
no de florentino, correspondería a esta época el citado Cristo del Corpus en
Jaén. La relación entre ambos artistas se mantuvo, pues Quijano sucedió a
Jacobo en la maestría de la catedral murciana a la muerte de éste, en 1526,
continuando las obras de la torre y la ornamentación de la sacristía. Esto
genera ciertos problemas a la hora de adjudicar algunas piezas, como el tablero
de la Lamentación de Cristo muerto en el citado conjunto mobiliar y el diseño
arquitectónico y ornamental de la capilla de Gil Rodríguez de Junterón en la
misma catedral21. Esto no viene sino a demostrar que el continuador
de Jacobo modificó decisivamente su rumbo artístico en su relación el artista
florentino.
Sabemos, además, de un último encargo de Jacobo Torni en Granada: la capilla
mayor de la iglesia del monasterio de San Jerónimo, cedida en 1523 por Real
Cédula del Emperador como enterramiento del Gran Capitán. Formalizado el
patronazgo en 1525, el artista toscano recibe en el mes de abril el encargo de
continuar unas obras comenzadas en 1519 y que en la capilla mayor alcanzaban una
altura de cuatro metros. Poco debió hacer en menos de un año que le restaba de
vida, pues murió el 27 de enero de 1526 en Villena (Murcia), en plena
actividad, pero sí cabe achacarle el inteligente y novedoso manejo de pilastras
y traspilastras22. Esta obra sería continuada por Diego de Siloé.
Por lo tanto, es un artista decisivo en la ruptura con los antiguos lenguajes
arquitectónicos en España y una ventana abierta a los modelos italianos:
"se nos muestra (...) como el eslabón que vincula estas primerísimas
realizaciones renovadoras y sus desarrollos ulteriores, centrados en la capital
andaluza (Granada) en 1526 y ultimados entre Burgos y Toledo, entre 1527 y 1529,
y que definirían a la postre las nuevas maneras arquitectónicas españolas de
los años centrales del siglo (...)"23.
Pero, además, es un personaje de gran competencia en todos los terrenos
artísticos, como lo fueron los artistas de gran envergadura. En su quehacer
pictórico y fundamentalmente escultórico une a los continuos referentes de su
Italia natal, notabilísimo en el caso de su repertorio ornamental, una
asombrosa aceptación a la sensibilidad religiosa hispana entre ambas
tendencias, pero de una singular calidad y originalidad.
Extraido del libro "Granada y el Cristo de San
Agustín".
NOTAS
1EI
caso más notable es el del Cristo de Burgos, como veremos más
adelante.
2Vid.
Giorgio VASARI: Le vite di piu eccelenti pittori, scultori ed
architetti. Florencia, 1550 (ed. española en Barcelona, Iberia,
1957. T. 11, págs. 328 y 329).
3Vid.
Manuel GÓMEZ-MORENO MARTÍNEZ: Sobre el Renacimiento en Castilla. Granada,
Instituto Gómez-Moreno de la Fundación Rodríguez-Acosta, 1991, pág.
99.
4Vid.
Fernando MARÍAS FRANCO: El largo siglo XVI: los usos artísticos del
Renacimiento español. Madrid, Taurus, 1989, pág. 213.
5"Bastaría
decir que fue un charlatán tan agradable como enemigo de trabajar y de
pintar" (Cfr. Giorgio Y ASAR!: op. cit., pág. 329).
6Cfr.
Francisco Javier SÁNCHEZ CANTÓN: Fuentes literarias para la
historia del arte español. Madrid, 1941. T. 1, pág. 207. Sobre la
personalidad del hijo de Jacobo Torni consúltese José Manuel GÓMEZ-
MORENO CALERA: "El licenciado Lázaro de Yelasco, pintor de libros
y arquitecto. Aproximación a su biografía y obra", en Boletín
de Arte. Málaga, Universidad, núm. 10, págs. 75-92.
7Cfr.
José CAMÓN AZNAR: "Rasgos de la personalidad humana y artística
de Miguel Anger', en Goya. Revista de Arte, núms. 74-75 (1966),
pág. 75.
8Vid.
A. YENTURI: Storia dell'arte italiana. Milano, 1913. T. VII, pág.
617.
9Vid.
Manuel GÓMEZ-MORENO MARTÍNEZ: op. cit., pág. 99.
10Vid.
Manuel GÓMEZ-MORENO MARTÍNEZ: Las águilas del Renacimiento español.
Madrid, Xarait, 1983, pág. 100.
11Vid.
José Manuel GÓMEZ-MORENO CALERA: op. cit., págs. 76 y 77.
12Vid.
Manuel GÓMEZ-MORENO MARTÍNEZ: op. cit., pág. 100.
13Cfr.
ibidem, pág 101.
14Vid.
ibidem, pág. 101.
15CAMÓN
le atribuye un grupo de igual tema en la catedral de Toledo (vid. José
CAMÓN AZNAR: "La escultura y la rejería españolas del siglo
XVI", en Summa Artis. Historia general del arte. Madrid,
Espasa Calpe, 1967, vol. XVIII, pág. 29).
16La
participación de Francisco Florentino en la torre de la catedral de
Murcia debe reducirse, por tanto, a la demolición de lo antiguo y
cimentación de lo nuevo (Vid. Emilio GÓMEZ PIÑOL: "Jacobo
Florentino y la obra de talla de la Sacristía de la Catedral de
Murcia", en Anales de la Universidad de Murcia. Filosofía y
Letras, vol. XXIX, núms. 1-2, 1970-71, pág. 11), en contra de la
opinión de GONZÁLEZ SIMANCAS, quien consideraba debió estar acabado
este primer cuerpo a la llegada de J acobo (vid. Manuel GONZÁLEZ
SIMANCAS: "La catedral de Murcia: noticias referentes a su fábrica
y obras artísticas", en Revista de Archivos, Bibliotecas y
Museos, t. XXIY, 1911, págs. 519-520).
17Vid.
Fernando MARÍAS FRANCO: op.
cit., pág.
366.
18Vid.
Emilio
GÓMEZ PIÑOL: op. cit., págs. 47 y ss.
19Cfr.
ibidem, pág. 27.
20Vid.
Pedro GALERA ANDREU: "Jerónimo Quijano en Jaén y la proyección
de Felipe Bigarny en el Sur", en Homenaje al profesor Hemández
Perera, 1992, págs. 515-526.
21Sobre
Quijano y esta capilla vid. Cristina GUllÉRREZ-CORTINES CORRAL:
"Jerónimo Quijano. Un artista del Renacimiento español", en Goya.
Revista de arte, núm. 139 (1977), págs. 4 y 5. La confusión con
obras de Florentino se extiende a otros casos que sería prolijo
enumerar.
22Vid.
Fernando MARÍAS FRANCO: op.
cit., pág.
262.
23Cfr.
ibidem, pág. 367.
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