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VÍA CRUCIS DE LAS HERMANDADES Y COFRADÍAS
DE SEMANA SANTA DE GRANADA
18 DE FEBRERO DE 2005

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TERCERA GALERÍA
EL REGRESO

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Finalizado el acto, se dispuso la procesión de regreso, que comenzó a salir del templo metropolitano alrededor de las nueve y media de la noche. Hubo de nuevo que alterar el itinerario y prescindir del emotivo recorrido por el centro histórico de Granada y calles donde antaño residieron los oficios artesanales (Colegio Catalino, plaza de Bib-Rambla, Arco de las Cucharas, Boteros, Cerrajeros, Montereros y plaza de Cauchiles), para recorrer de nuevo el Pie de la Torre, la calle Capuchinas –hasta donde permaneció en el cortejo el guión de la Real Federación-, la plaza de la Trinidad y la calle de Mesones hasta alcanzar la Puerta Real de España.

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En este itinerario de regreso se sumaron también aquellos hermanos y hermanas que, por razones de trabajo, no pudieron acompañar al Santo Crucifijo en su itinerario de ida. Asimismo, se nutrió la antepresidencia con numerosos miembros de la Real Federación que se añadieron a los mencionados anteriormente (Dª. María José García Escobar, Dª. Estrella Martínez Salas, D. Rafael Marti Jiménez, D. José Ubago Corpas, D. Eugenio Almohalla Noguerol y D. José Montero Gómez). Cabe destacar que el también federativo D. Antonio Padial Bailón se mantuvo en todo momento portando las andas del Cristo de San Agustín, como hermano de su corporación. Habiéndose ausentado el representante del Excmo. Ayuntamiento, formaban parte de la presidencia el Hermano Mayor, el Teniente de Hermano Mayor y el Presidente de la Federación.

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Especialmente emotivo fue el recorrido hasta la basílica de Ntra. Sra. de las Angustias, transitando las calles Ángel Ganivet, Cuadro de San Antonio, plazas del Campillo y de Mariana Pineda, Campillo Bajo, San Jacinto y Ancha de la Virgen. Estas dos última, ya en el barrio de las Angustias, ofrecían un excelente sabor de barrio y un ambiente de recogimiento al paso de un cortejo que difícilmente podrá repetirse. No pudieron evitar muchos hermanos una oración callada a nuestro paso por la calle San Jacinto, donde viviera nuestro hermano D. Antonio Salguero.

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De forma excepcional las puertas de la iglesia parroquial de Ntra. Sra. de las Angustias se abrieron a la llegada de nuestro cortejo. Fue una deferencia especial que debemos a la generosidad de nuestro párroco, D. Francisco Molina Carretero, en atención a las extraordinarias circunstancias concurrentes: nuestra pertenencia a dicha feligresía, el 325 Aniversario fundacional y las estrechas vinculaciones históricas y devocionales (que todavía se mantienen en el título de nuestro turno de Adoración Nocturna) entre la Stma. Virgen de las Angustias y el Stmo. Cristo de San Agustín.

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Mientras el cortejo de hermanos bordeaba la basílica hasta alcanzar el Puente de la Virgen, el Santo Crucifijo, precedido por la presidencia y el cuerpo de acólitos, hizo su entrada en el templo al filo de las diez y media de la noche. Las andas del Crucificado se mantuvieron en el cancel de la iglesia y allí mismo fue incensada la bendita Imagen por D. Francisco Molina. La basílica se encontraba completamente iluminada. En el altar mayor esperaba el vicario parroquial, D. Blas G. Gordo Jiménez, que proclamó la lectura del Evangelio de San Juan que hace referencia a la presencia de María al pie de la cruz. Seguidamente, un destacado cofrade granadino, D. Álvaro Barea Píñar, proclamó desde el altar una sentida oración en nombre de la Hermandad. El texto, escrito por su padre, D. José Luis Barea Ferrer, a petición de nuestra corporación, resonó en la nave basilical, cerrándose con un elocuente “¡Santísimo Cristo de San Agustín, Bendita Madre de las Angustias, rogad por nosotros!”. Concluida la oración, la capilla vocal interpretó el Ave María de Tomás Luis de Victoria en honor de nuestra Madre y Patrona de Granada. Incensada de nuevo la imagen del Crucificado, la procesión siguió su curso.

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Y lo hizo para internarse, de forma emotiva y en perfecto orden, por las calles de nuestro barrio: San Juan Baja, Rejas de la Virgen, Verónica de la Virgen y San Antón. Las luces de los cirios oscilaban en la penumbra y tras las ventanas se adivinaban los rostros de vecinos que musitaban una oración. El Stmo. Cristo recorrió su barrio, mientras una multitud, como ya ocurriera a las puertas de la basílica de las Angustias, esperaba su llegada en la puerta de nuestro templo. Por cierto, el tañir de la campana y el brillo de la llama reflejado en los azulejos de la fachada de la iglesia conventual acentuaban el intimismo de la escena.

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Alrededor de las once de la noche, y de forma ordenada, hacía su entrada todo el cortejo. Las voces de la capilla vocal dejaron lugar entonces a un desgarrado aire de saeta, con el que D. Fernando González interpretó el poema “No me mueve, mi Dios, para quererte”. Colocadas las andas en su lugar, al pie del altar, dirigió el rezo final –oraciones de acción de gracias y de alabanza- nuestro hermano sacerdote D. Juan Luis García Rodríguez.

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Seguidamente y con las puertas del templo excepcionalmente abiertas, se procedió al devoto Besapiés de la Sagrada Imagen, realizado por hermanos y devotos, como gesto de despedida de la Imagen de nuestra devoción en una noche memorable como aquella del 18 de febrero de 2005.

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 FOTOGRAFÍAS : MANUEL LIROLA GARCÍA
TEXTO: MIGUEL LUIS LÓPEZ-GUADALUPE MUÑOZ