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DESCRIPCIÓN DEL ALTAR
El
altar de Quinario preparado por la Priostía para este año 2005 se dispone
en forma de calvario, con las colgaduras como fondo. Sobre el sagrario
emerge una pirámide de rosas rojas, simulando el Gólgota, coronada por la
Sagrada Efigie del Cristo de San Agustín.
Viste
en esta ocasión, estrenándolo, el tonelete de terciopelo de algodón
morado, confeccionado en la técnica de enriquecimiento y rematado con
encaje de concha de oro. Es obra y donación de nuestro hermano Juan
Spitzley Vilchez, que ha representado en él una alegoría de la semilla que
cae en tierra buena y da fruto. Presenta la cruz argéntea del Santo Cristo,
como fondo, un paño de terciopelo negro de Lyon con estrellas bordadas en
oro, terminado en encaje también de oro. Representa al universo, siendo una
pieza que tradicionalmente se utilizaba en los Crucificados, de vestir, de
los siglos XVII y XVIII; de este modo recuperamos un símbolo prácticamente
en desuso, salvo contados casos, como los de Córdoba o Jerez. Este
firmamento hace alusión al atributo de Creador, achacable, por tanto, a
Dios Padre.
De esta forma, Cristo se presenta como piedra angular de la Nueva Alianza,
sustituyendo el antiguo maná por el pan vivo de la Eucaristía, asegurando
la vida eterna a quien de Él comiere. Se presenta también como bandera de
contradicción, superador de los antiguos ídolos, de la serpiente de bronce
y del becerro de oro, que ha venido a conmover el mismo espíritu del
hombre. Cristo se presenta, en fin, elevado, como el Unigénito de Dios, con
el atributo de su realeza -nimbo de plata-, reinando sobre la creación
entera, mientras en nuestros oídos resuena la palabra del Padre:
"Escuchadlo".
A la derecha del Crucificado Nuestra Madre y Señora de la Consolación nos
ofrece su dolor contenido, enmarcado su rostro por sencillo rostrillo de tul
bordado en hojilla de oro del siglo XVII. No desciende el rostrillo bajo su
cuello, sino que cierra éste directamente un clásico corpiño,
confeccionado como la saya, en rojo terciopelo con bordados de oro pasados y
enriquecidos en el malagueño taller de Sebastián Merchante; piezas
adquiridas recientemente por la Hermandad. También desaparece la cotilla o
cinturilla, descansando la terminación inferior del corpiño, en pico,
sobre la saya, lo que resalta, con elegancia, los motivos florales del
bordado.
Por tratarse del Quinario y Función Principal del año en que conmemoramos
los trescientos veinticinco transcurridos desde la fundación de la
Hermandad, se viste la Sagrada Imagen con el manto negro, bordado en oro con
piezas del siglo XVIII, que tradicionalmente se reserva para su fiesta
propia: triduo, besamanos y función del mes de octubre. Luce sobre su pecho
la daga de dolor realizada en el taller de Villarreal y donada por una
Hermana. Asimismo, pende de su mano derecha un pañuelo de tul bordado en
canutillo y chapa con motivos eucarísticos, que nos recuerda que celebramos
el Año de la Eucaristía, y de la izquierda un rosario de plata con cuentas
de azabache, donado por otra Hermana. Su atributo de reina, la corona, ha
sido dorada recientemente en los sevillanos talleres de Ríos.
A la izquierda se muestra el Discípulo Amado. La Imagen de San Juan ha
cambiado en esta ocasión su tradicional indumentaria -rojo mantolín y túnica
verde- por una vestimenta negra, que simboliza el dolor con el que acompaña
el duelo de la Madre. Es, la túnica, de terciopelo negro de algodón y se
ciñe con cíngulo de oro, rematada por capelina adamascada con bordados de
oro y plata del setecientos, perteneciente a la imagen de San Pedro que se
custodia en el convento. Luce sobre su cabeza el nimbo de plata de ley con
el centro sobredorado del siglo XVII. Fugazmente cruza la mirada con María
y, aunque Jesús ya está muerto, flotan en un ambiente intimista sus
palabras: "Ahí tienes a tu hijo", "Ahí tienes a tu
Madre".
Una nutrida candelería de cirios de color tiniebla brinda su ofrenda de luz
y cera a las Sagradas Imágenes, reforzando el sentido ascensional de la
escena. Lucen también, a ambos lados del Crucificado, los faroles de acompañamiento
que se estrenan este año, así como, a los pies de la Virgen María y de
San Juan, los faroles de mano; todos ellos realizados por Orfebrería
Villarreal. Cerca de sesenta luces alumbran el altar, adornado con sobrios
centros de roja flor, que acentúan el sentido eucarístico propio de
nuestras celebraciones y más en este año de la Eucaristía.
El nuevo estandarte de la corporación, bordado por Felicitación Gaviero,
se dispone junto a la mesa de la Hermandad, que preside un Crucifijo, con
las reglas a sus pies, flanqueado por sendos codales.
Un altar, en fin, de líneas clásicas y gusto decimonónico, adornado
primorosamente para la conmemoración del 325º Aniversario fundacional que
marca la vida de Hermandad durante este año.
Cesar
Gómez-Höhr Román
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