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SOLEMNE QUINARIO EN HONOR DEL
SANTÍSIMO CRISTO DE SAN AGUSTÍN
CELEBRADO LOS DÍAS 22 AL 26 DE FEBRERO DE 2005

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DESCRIPCIÓN DEL ALTAR

El altar de Quinario preparado por la Priostía para este año 2005 se dispone en forma de calvario, con las colgaduras como fondo. Sobre el sagrario emerge una pirámide de rosas rojas, simulando el Gólgota, coronada por la Sagrada Efigie del Cristo de San Agustín.
Viste en esta ocasión, estrenándolo, el tonelete de terciopelo de algodón morado, confeccionado en la técnica de enriquecimiento y rematado con encaje de concha de oro. Es obra y donación de nuestro hermano Juan Spitzley Vilchez, que ha representado en él una alegoría de la semilla que cae en tierra buena y da fruto. Presenta la cruz argéntea del Santo Cristo, como fondo, un paño de terciopelo negro de Lyon con estrellas bordadas en oro, terminado en encaje también de oro. Representa al universo, siendo una pieza que tradicionalmente se utilizaba en los Crucificados, de vestir, de los siglos XVII y XVIII; de este modo recuperamos un símbolo prácticamente en desuso, salvo contados casos, como los de Córdoba o Jerez. Este firmamento hace alusión al atributo de Creador, achacable, por tanto, a Dios Padre.  
De esta forma, Cristo se presenta como piedra angular de la Nueva Alianza, sustituyendo el antiguo maná por el pan vivo de la Eucaristía, asegurando la vida eterna a quien de Él comiere. Se presenta también como bandera de contradicción, superador de los antiguos ídolos, de la serpiente de bronce y del becerro de oro, que ha venido a conmover el mismo espíritu del hombre. Cristo se presenta, en fin, elevado, como el Unigénito de Dios, con el atributo de su realeza -nimbo de plata-, reinando sobre la creación entera, mientras en nuestros oídos resuena la palabra del Padre: "Escuchadlo".  
A la derecha del Crucificado Nuestra Madre y Señora de la Consolación nos ofrece su dolor contenido, enmarcado su rostro por sencillo rostrillo de tul bordado en hojilla de oro del siglo XVII. No desciende el rostrillo bajo su cuello, sino que cierra éste directamente un clásico corpiño, confeccionado como la saya, en rojo terciopelo con bordados de oro pasados y enriquecidos en el malagueño taller de Sebastián Merchante; piezas adquiridas recientemente por la Hermandad. También desaparece la cotilla o cinturilla, descansando la terminación inferior del corpiño, en pico, sobre la saya, lo que resalta, con elegancia, los motivos florales del bordado.  
Por tratarse del Quinario y Función Principal del año en que conmemoramos los trescientos veinticinco transcurridos desde la fundación de la Hermandad, se viste la Sagrada Imagen con el manto negro, bordado en oro con piezas del siglo XVIII, que tradicionalmente se reserva para su fiesta propia: triduo, besamanos y función del mes de octubre. Luce sobre su pecho la daga de dolor realizada en el taller de Villarreal y donada por una Hermana. Asimismo, pende de su mano derecha un pañuelo de tul bordado en canutillo y chapa con motivos eucarísticos, que nos recuerda que celebramos el Año de la Eucaristía, y de la izquierda un rosario de plata con cuentas de azabache, donado por otra Hermana. Su atributo de reina, la corona, ha sido dorada recientemente en los sevillanos talleres de Ríos.  
A la izquierda se muestra el Discípulo Amado. La Imagen de San Juan ha cambiado en esta ocasión su tradicional indumentaria -rojo mantolín y túnica verde- por una vestimenta negra, que simboliza el dolor con el que acompaña el duelo de la Madre. Es, la túnica, de terciopelo negro de algodón y se ciñe con cíngulo de oro, rematada por capelina adamascada con bordados de oro y plata del setecientos, perteneciente a la imagen de San Pedro que se custodia en el convento. Luce sobre su cabeza el nimbo de plata de ley con el centro sobredorado del siglo XVII. Fugazmente cruza la mirada con María y, aunque Jesús ya está muerto, flotan en un ambiente intimista sus palabras: "Ahí tienes a tu hijo", "Ahí tienes a tu Madre".  
Una nutrida candelería de cirios de color tiniebla brinda su ofrenda de luz y cera a las Sagradas Imágenes, reforzando el sentido ascensional de la escena. Lucen también, a ambos lados del Crucificado, los faroles de acompañamiento que se estrenan este año, así como, a los pies de la Virgen María y de San Juan, los faroles de mano; todos ellos realizados por Orfebrería Villarreal. Cerca de sesenta luces alumbran el altar, adornado con sobrios centros de roja flor, que acentúan el sentido eucarístico propio de nuestras celebraciones y más en este año de la Eucaristía.  
El nuevo estandarte de la corporación, bordado por Felicitación Gaviero, se dispone junto a la mesa de la Hermandad, que preside un Crucifijo, con las reglas a sus pies, flanqueado por sendos codales.  
Un altar, en fin, de líneas clásicas y gusto decimonónico, adornado primorosamente para la conmemoración del 325º Aniversario fundacional que marca la vida de Hermandad durante este año.

Cesar Gómez-Höhr Román

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REPORTAJE FOTOGRÁFICO

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