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ESTACIÓN DE PENITENCIA 2003 

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14 DE ABRIL DE 2003

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Nuestra Hermandad Sacramental del Stmo. Cristo de San Agustín ha cumplido su undécima estación de penitencia, en este caso estación interior, en la Semana Santa de Granada.
Lo ha hecho, como siempre, con un hervidero de hermanas y hermanos alrededor de ese Cristo de San Agustín, que sobrecoge a tantos fieles y que nos ha atraído a tantos hasta esta casa común que es la Hermandad. Aunque el paso no saliera a la calle, recibió, desde luego, el calor de los granadinos.
Como cristianos, la Estación de Penitencia es sólo la preparación para el misterio sublime de la redención del hombre, que culminará el próximo Domingo de Resurrección. Como cofrades, sin embargo, la cita del Lunes Santo es un acto central en la vida de Hermandad y en el curso cofrade.
Nuestra vocación de procesionar no se justifica porque sí. Lo hacemos, en primer lugar, porque la faceta procesional es la netamente distintiva de las Cofradías en el amplio abanico de los grupos cristianos de nuestra diócesis. Lo hacemos, en segundo lugar, para dar público testimonio de nuestra fe y manifestar nuestra comunión con la Iglesia, que es todo el pueblo de Dios; por eso, una vez más hacemos profesión de fe, aunque no haya podido ser en la Santa Iglesia Catedral, y pedimos, de manera especial en esta ocasión, por la paz del mundo y la concordia entre todas las naciones. Lo hacemos, por último, como acto de devoción y de fraternidad: devoción a nuestras Sagradas Imágenes Titulares (esta vez pudimos orar ante el Sto. Crucifijo y ante Nuestra Madre de la Consolación) y fraternidad, porque esa devoción nos la exige con todos los miembros de nuestra Hermandad.
Clima de fraternidad es el que se vivió en el interior del templo, fruto de una decisión dolorosa, pero necesaria, tomada de forma unánime por la Junta de Gobierno. Todos los hermanos y hermanas la aceptaron con ese respeto que siempre muestran hacia la Hermandad y ello nos conforta. Por eso, lo agradezco aquí públicamente, lamentando a su vez el haber privado a miles de granadinos, sobre todo los más alejados, de la contemplación de nuestra Imagen Titular, de ese Evangelio de altísimas cualidades plásticas que es nuestro Cristo de San Agustín. Hoy, Martes Santo, no es hora de tristeza, sí de esperanza y de ilusión de cara al resto del curso y del año próximo. Los cofrades, pueden estar seguros de ello, sí que hicieron estación de penitencia, una peculiar estación en el interior del templo y en compañía de nuestras monjas.
Ayer, ciertamente la Hermandad se hizo Cofradía y el cofrade se convirtió durante unas horas en nazareno, en penitente, en acólito, en costalero... Cada uno en su puesto aunque no pudiéramos pisar la calle; que esa fue la voluntad de Dios. Diversidad de funciones y un mismo sentir: proclamar la buena nueva de nuestra salvación, anunciar el "paso del Señor".
Este testimonio cofrade en nuestra estación interior es una semilla, cuyo frutos sólo Dios conoce y algún día recogerá la Iglesia. Esta es la esperanza de los cofrades. Cofrades que hemos puesto todo el afán y actividad de la vida de Hermandad en ese calvario de iris de nuestro Santo Cristo, que salpicaba una rosa blanca como signo de nuestra voluntad de paz.
En ese calvario estábamos todos, los presentes y los ausentes —a los que animo una vez más para que no dejen pasar un nuevo Lunes Santo sin acompañar al cuerpo de Hermanos, porque sin ellos dicho cuerpo estará incompleto—, los grandes y pequeños, los hombres y mujeres de la Hermandad, también los que ya se fueron a la Casa del Padre. Recuerdo en este momento a nuestro querido Pepe Szmolka, por quien se ofreció la oración de la Hermandad en el acto de traslado de nuestra Imagen Titular al paso procesional.
Que nuestro Padre Dios haga germinar la semilla que ha sembrado en nuestros corazones en la Estación de Penitencia de este año. Que fortalezca nuestro espíritu cristiano y nuestra vocación cofrade. Que fortifique nuestra sensibilidad hacia los demás, empezando por los miembros de nuestra propia Hermandad. Y que nos estimule en un compromiso cada día más amplio y más profundo con la Hermandad y con la Iglesia.

Miguel Luis López-Guadalupe Muñoz
Hermano Mayor

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