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TRASLADO DEL MISTERIO DE LA SANTA CENA PARA
PRESIDIR EL ALTAR LEVANTADO POR SU HERMANDAD
EN HONOR  DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO

 

15 DE JUNIO DE 2006

 

 LA SANTA CENA DE TODOS

 

Nunca hubo tanta gente invitada a la última Cena de Cristo como el pasado día 15 de Junio, festividad del Corpus Christi en Granada. Muchas son las divagaciones a lo largo de la historia al respecto de la cuantía de asistentes a la última celebración del Señor, pero por gracia de la sabiduría cofrade, los traslados del misterio de la Cena a su altar de Corpus convirtieron esa postrera reunión del Maestro en una verdadera fiesta colectiva, en una celebración por todo lo alto.

Así lo reflejaban las nerviosas caras de los hermanos congregados a las 7 de la mañana en la Plaza de Santo Domingo, con el cielo chispeando incertidumbre (¡ay esas tormentas de verano!) y las expresiones desbordadas de ilusión. Ilusión porque la idea de poder llevar el misterio a presidir un altar para el Señor estuvo injustamente metida en un cajón durante varios años; ilusión porque el trabajo previo de montajes del paso, de organización del cortejo, de entrega de tarjetas de sitio y de montaje del altar se hicieron con la mejor de las sonrisas; ilusión porque el trabajo de ese mismo día se ofrecía tanto al Señor, como a los hermanos de la Cofradía, como a todos esos granadinos que no pueden disfrutar del misterio cada Domingo de Ramos; ilusión también porque la tienen los niños, y como niños en un día de estreno nos sentimos ese día. 

Fue una jornada de nuevas percepciones, de sentimientos distintos a los habituales y de mucha emoción. Qué extraño vestirse de costalero en plena noche; qué hermoso recoger los relevos amaneciendo a los pies de Fray Luis de Granada; que emoción levantar la Cena por vez primera al cielo mientras las claras del día se colaban por el dintel de Santo Domingo; que sorprendente ver claridad bajo los faldones del paso; que arte ver las caritas de los ilustres costaleros del palio de la Victoria esperando con tensa ilusión coger a su Cristo por vez primera en la calle tras 15 años sacándolo sobre los pies; que bonito ver llegar poco a poco a los cofrades de siempre al encuentro con el misterio por la calle Pavaneras; que curioso contemplar tanto trípode y tanto brazo elevado buscando la fotografía; que orgullo poder parar el misterio ante el hermoso altar levantado en la Gran Vía; que inusual silencio bajo el paso escuchando trinar los vencejos en la calle de la Cárcel; que significativo ver a Cristo cercado de arpillera: sobre su cabeza en los toldos, y bajo sus plantas apoyada en la madera; y qué gran momento el vivido cuando asistimos al milagro de poder contemplar cómo un altar carente de vida la iba tomando poco a poco mientras la gran mole blanca se alojaba entre tanta tela roja, mucho más Cuerpo y Sangre del Redentor que nunca. 

Fue tan hermoso ver que nunca el altar estuvo solo, que fueron cientos los granadinos que se quisieron inmortalizar junto a el, que muchísimas personas de la Granada cofrade fueron a contemplarlo, y que el calor no hizo mella en los cristianos para ver el impresionante momento en el que la Custodia arriaba junto a la Institución de la Eucaristía. Francamente pienso que se convirtió en el momento más importante para mí como hermano de la Cena. Dios Vivo en el que creemos junto a nuestro Cristo del Domingo de Ramos, ese semblante al que tanto le rezamos en la capilla, en las estampas o en los recuerdos. Todo en uno, todo junto, todo en armonía. 

Después de eso, la historia es conocida ya para todos: sobre las 2.30 de la tarde se introducía el paso de misterio en la Santa Iglesia Catedral para evitarle las horas de sol y de calor ante la expectación popular. No era más que un adelanto de su gran regreso, de su vuelta a casa. Algo después de las 8 de la tarde se ponía en la calle de nuevo el cortejo de hermanos ante una abarrotada Plaza de las Pasiegas, donde la Banda de Cornetas y Tambores del Santísimo Cristo de las Tres Caídas recibía con la Marcha Real a la Eucaristía del Realejo, para acompañarlo posteriormente con “Cristo del Amor”. Qué mejor marcha se le podía dedicar a Cristo en el gran día del Amor de los Amores. El resto ya es historia viva. Todos y cada uno de los que allí estuvimos estoy seguro que lo recordaremos con tal riqueza de matices que cualquier palabra quedaría corta para poder narrarlo. 

Momentos como la salida de la Catedral, como el primer relevo de la cuadrilla baja con música, como poder contemplar la bulla de cofrades en la entoldada calle Mesones, como la emocionante levantá del misterio con la igualá alta en Ángel Ganivet (calle por la que la última vez que cruzó el paso lo hacía aligeradamente a ritmo de mudá en medio de un impresionante aguacero), como el instante en el que la iluminación festiva de la ciudad sorprendió a Cristo en la Plaza de Mariana Pineda, como la impresionante y apretada subida de la calle San Matías o como la entrega de ambas cuadrillas en la calle más costalera de Granada, Jesús y María, quedarán en las retinas de todos los asistentes. 

Aunque resulte reiterativo, no me queda más remedio que dar las gracias a todos por vuestro apoyo a la Hermandad en ésta iniciativa tan trabajosa, por vuestro acompañamiento continuo al paso de misterio en sus traslados y en su altar, por vuestros gestos cariñosos, por vuestras palabras de aliento y, sobre todo, por comprender que ese día, el misterio de la Cena no es de sus hermanos… es de todos, y que no salía a la calle por salir, sino que lo hacía con el buen y noble fundamento de presidir su altar para el Señor, aportando lo mejor que tenemos, nuestro propio misterio, para engrandecer más aún el día más grande del año. 

Ojalá Dios quiera que esta ilusión tan enorme se repita año tras año, renovando así esa ilusión creada en los hermanos, crecida en los niños y madurada en los adultos, y que se convierta en una costumbre acudir a las Pasiegas a ver pasar a Dios Vivo en el viril caminar glorioso delante de la Eucaristía de Granada. Sea todo por el Señor. 

¡Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar!. Sea por siempre Bendito y Alabado. 

 
 

Texto: Álvaro Luis Barea Piñar.

 Fotografías: Juan Spiztley Vílchez

  
 
 
TRASLADO MATINAL
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
EL REGRESO
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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