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PROCESIÓN DEL CORPUS
Y ALTAR LEVANTADO POR LA HERMANDAD 
10 DE JUNIO DE 2004

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DESCRIPCIÓN DEL ALTAR

.CORPUS CHRISTI E INMACULADA CONCEPCIÓN

Nuestro Altar del Corpus de este año 2004 apareció presidido por la imagen de la Inmaculada Concepción de María. Quizás pueda parecer extraño, pero no lo es en absoluto. ¿Acaso no fue María el primer sagrario que albergó el cuerpo de Jesús? ¿Acaso no es costumbre en el Corpus granadino significar en los altares asuntos religiosos que en cada año se conmemoran de manera especial?
Conviene recordar que este año -concretamente el próximo 8 de diciembre- se cumplirán ciento cincuenta años de la solemne proclamación dogmática del misterio de la Inmaculada Concepción, una creencia que en España se defendía, y con vehemencia, al menos doscientos cincuenta años antes de la proclamación del dogma. Este sí que es un motivo de celebración. Las mismas Cofradías y Hermandades de Granada, siguiendo las orientaciones de la Real Federación, van a conmemorar de forma especial esta efemérides, presentando en Devoto Besamanos a sus Titulares Marianas al menos el citado día 8 de diciembre.
Por esas casualidades de la vida -me lo recordaba el otro día un Hermano Oficial- la Inmaculada Concepción que se venera en la iglesia de nuestro convento-sede no presidirá ese día la ya acostumbrada función, cediendo su lugar en los festejos a Nuestra Madre y Señora de la Consolación. Justo es, por tanto, que haya presidido el Altar del Corpus y que miles de granadinos le hayan rendido tributo público en nuestras calles. Los he visto. Muchos se detenían sorprendidos, algunos se santiguaban o se arrodillaban..., no faltaron oraciones para nuestra Madre concebida sin mancha de pecado.
El equipo de Priostía de nuestra Hermandad nos ha sorprendido este año, por tanto, con un altar muy singular. Esbelto, medido, muy equilibrado en su cera -32 luces sobre al altar y 8 más fuera de él: cuarenta como los días transcurridos entre la divina maternidad de María y su Purificación en el templo- y en su flor, ambas inmaculadamente blancas, todo ello recortándose sobre colgaduras color burdeos.
El altar, revestido con frontales del mismo color, con bellas randas de tul bordadas en oro sobrepuestas, mostraba tres niveles. El superior lo centraba la belleza contenida de la Inmaculada Concepción de escuela granadina, con gesto de recogimiento en sus manos cruzadas sobre el pecho y con rostros de melancólicos querubines a sus pies, en los que se mostraba también la media luna a la que hace referencia la célebre visión del Apocalipsis.
En el nivel intermedio se situaba el bello Niño Jesús Rey, bendito fruto del vientre de María, con su ajuar bordado, incluidos los zapatos, sentado en regio sillón de estilo rococó. A sus lados reliquias de santos franciscanos y las imágenes de pequeño formato de S. Francisco y Sta. Clara, cercanas al arte de Pedro de Mena, que, sobre peanas, flanqueaban, en un bello efecto, a la imagen de María. El fundador portaba crucifijo; la fundadora, la custodia, con cuya única fuerza detuvo el avance  musulmán sobre Asís. Conviene recordar que la orden franciscana fue abanderada de la creencia de la Inmaculada Concepción de María, conectando en España con la sensibilidad mariana popular. Se mostraba, por tanto, esta orden seráfica alabando a  María en tan insondable misterio.
Centraba el nivel inferior el manifestador, abierto, como corresponde cuando no se porta en el viril la Sagrada Forma. Es costumbre ancestral en el Corpus de Granada, porque la Forma Eucarística sólo se hace presente en la custodia procesional, mientras que los altares callejeros sirvieron en origen, sobre todo cuando la Hostia se portaba en las manos del prelado, como estaciones o paradas, donde colocarla y venerarla, mientras se hacía un alto en el peregrinar. Así, pues, se desciende desde María Inmaculada, hasta su Hijo encarnado y de éste hasta su presencia real y permanente entre nosotros en el misterio eucarístico.
Completaban el adorno candeleros dorados, cuyos cirios se adornaban con símbolos eucarísticos, uvas cuyos racimos se sostenían por lazos blancos y celestes -en honor a la Inmaculada-, plateadas bandejas y ocho parejas de angelillos de plata, encaramados a los distintos niveles del altar y al fondo del mismo. Sobre éste dos de ellos portaban sendas cintas celestes con el lema inmaculista del Sacromonte de Granada, uno de los lugares más significativos de la veneración de ese misterio mariano: “A María no tocó el pecado primero”. Bajo ellos otros dos mostraban atributos de su realeza, el cetro de reina y la aureola de doce estrellas. A ambos lados de la media luna otros dos ángeles portaban símbolos muy queridos para Nuestra Hermandad, el barco de plata, que se relaciona con la advocación de Consolación, y el Santo Rosario, en este caso de cuentas color turquesa, compendio de los misterios de la vida de Jesús desde la óptica de la Madre; nos evocaba asimismo la jornada vivida por la Hermandad el pasado mes de octubre en torno al Rosario Vespertino en honor de nuestra Madre y Señora por las calles del barrio. Ya en la mesa de altar la última pareja de ángeles mostraba signos -estrella y rosa- de esa colección de piropos a María que es la Letanía Lauretana: Rosa Mística, Estrella de la Mañana.
Todo el altar ha sido, en suma, una letanía en honor a la Madre de Dios. De hecho, no sólo se significaba en él su Concepción Inmaculada, sino también otros misterios de su vida, como la Encarnación, con la presencia del Hijo, la Purificación, con el velo blanco calado pendiente sobre sus hombros y espalda, o la Asunción al cielo, con los mencionados signos de realeza y la corona real colocada sobre sus sienes.
Los ciriales de la Hermandad flanqueaban el altar y a los pies del mismo, sustituyendo en esta ocasión a la alfombra de serrín decorada de los años anteriores, un tributo a la naturaleza en su esplendor primaveral: una alfombra de gayombas recién cortadas.
Así se alzaba el altar ante la cegada puerta de San Jerónimo de la Catedral granadina. Una veintena larga de hermanos y hermanas, en su mayoría jóvenes participaron en su montaje, traslado de las piezas, procedentes de nuestro convento-sede y de la propia Hermandad, y custodia del altar, que comenzó a levantarse a las siete de la tarde del miércoles 9 de junio y se mantuvo hasta el paso de la procesión eucarística. Horas intensas de trabajo, pero también de ilusiones compartidas. Otra forma genuina de hacer vida de Hermandad y, sobre todo, de manifestar públicamente nuestra inequívoca vocación sacramental, pues sin el amor a Jesús Sacramentado sería imposible pensar en tal esfuerzo.
Es el tercer año consecutivo que la Hermandad levanta el Altar del Corpus, habiendo merecido también en esta ocasión la concesión del I Premio en el certamen que convoca el Excmo. Ayuntamiento de Granada. Asimismo, ha merecido también el Premio que otorga la asociación Granada Tradicional y que premia el mejor detalle observado en los altares del Corpus, en este caso se trataba del Niño Jesús sedente, cuya ternura tanto llamó la atención

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FOTOGRAFÍAS

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Texto: Miguel Luis López-Guadalupe Muñoz
Fotografías: Rafael López Moya
                     Ricardo Díaz García

 

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