|
Centra
el altar el grupo de Santa Clara portando la custodia, mientras recibe la
alabanza de un santo franciscano, todo ello recortándose sobre dosel en
color burdeos. De esta forma, se une la devoción sacramental con el talante
franciscano, debido a nuestro templo-sede, que caracteriza a la Hermandad.
La imagen de Sta. Clara, atribuida José de Mora, se presenta portando la
Custodia y el pañuelo en su mano derecha, mientras que porta el báculo,
como fundadora de la rama franciscana femenina, en la otra. En su hábito
franciscano, resalta el Santo Rosario, como homenaje al año que dedica
actualmente la Iglesia a esta arraigada devoción mariana.
A sus pies, arrodillado y revestido con capa pluvial, se presenta genéricamente
un santo de la Orden de San Francisco en actitud de adorar la Sagrada
Eucaristía. Más abajo y centrando el altar encontramos entronizada la
imagen de vestir de un Niño Jesús, cercana al arte de La Roldana. En
actitud de bendecir, ostenta el minúsculo emblema de las cruces de Jerusalén
que distingue a nuestra Hermandad. A sus lados, las Sagradas Escrituras,
como Palabra viva de Dios, y el copón, con los símbolos de las espigas y
los racimos de uvas bajo doselete, como expresión del Pan vivo bajado del
cielo.
Se completa el altar con abundante candelería de blanca cera, que ostenta
asimismo los signos de las espigas y los racimos. También espigas se
intercalan en los centros de blancas margaritas que adornan el conjunto. El
uso de flores y plantas silvestres, en distintas ánforas, simboliza a la
Naturaleza puesta al pie de su Creador. Elementos de nuestro paso
procesional, como los hachones y dos arcángeles, completan el altar. De
fondo, un par de pinturas de temática eucarística y diversas cornucopias,
recortadas todas ellas sobre colgaduras de terciopelo granate que penden
desde considerable altura.
En la misma calle, aunque arrimada a la acera, por no contar con el deseado
corte de la circulación rodada, se elaboró una espléndida alfombra de aserrín de hasta once colores, pensada para que el Santísimo Sacramento
pasase sobre ella, como así fue, en homenaje a Cristo Rey Sacramentado.
Representaba el símbolo eucarístico, tan grato a nuestra Hermandad, del
pelícano alimentando a sus crías con su propia sangre, rodeado de los
signos de los racimos y las espigas y, al pie, dos granadas y las cruces de
Jerusalén.
Muy visitado por los granadinos, el altar es una expresión más de la
devoción sacramental de la Hermandad, pues con esa devoción y un enorme
cariño ha sido levantado por los hermanos, que no han escatimado nada de su
saber hacer, de su trabajo y de su sueño. A todos ellos enhorabuena. En
esta ocasión, el altar de nuestra Hermandad ha merecido de nuevo el primer
premio que otorga el Ayuntamiento de Granada en el Concurso de Altares.
|